Control de los medios a la peruana
Hace rato que Hugo Chávez se convirtió en un Fujimori cualquiera, en un autócrata de baja estofa. Sus técnicas para controlar los medios pretenden ser un remedo de los utilizados por el siniestro Vladimiro Montesinos. “Ninguna libertad es ilimitada”, ha dicho el gobernante de la boina roja, como tratando de darle algún tipo de sustento conceptual al zarpazo que se viene contra los medios venezolanos. “Hay una tiranía de los medios”, esgrime el sátrapa. Su principal blanco, como en la estrategia empleada por Fujimori y Montesinos, es la televisión. “Que nadie se extrañe en el mundo si en Venezuela comenzamos a cerrar canales de televisión”, sostuvo hace pocas semanas, como preparando el terreno para el tiro de gracia a las televisoras.
Entre los mecanismos desarrollados por el régimen de Fujimori para controlar la televisión se usaron, entre otros, presiones sobre las empresas televisivas y sobre otros negocios de los propietarios; se utilizó al organismo tributario, el cual se volvía particularmente estricto con los adversarios del gobierno y sumamente cordial con los amigos del poder; se chantajeó y amenazó a los propietarios y periodistas cuando éstos se escapaban de la línea oficial; y, claro, se llegó hasta el despojo de la propiedad, como ocurrió en el caso de los canales 2 y 13.
Como resultado, los medios de comunicación, envilecidos por el soborno y el temor, convirtieron las verdades en mentiras, y las mentiras se transformaron en verdades. Los medios de información dejaron de informar y se convirtieron en aparatos de propaganda. Lo mismo quiere hacer Chávez, esa suerte de homínido con charreteras de la región, émulo de Fidel, al iniciar procesos legales contra cuatro canales de televisión (Venevisión, Televén, RCTV y Globovisión) para suspenderles la licencia, al promover leyes que le permitan sancionar a los medios democráticos y al anunciar un rígido sistema de control de cambio para favorecer a los amigos y castigar a los enemigos. A ello, es muy seguro, se sumarán favores judiciales para los áulicos y los rebeldes serán objeto de persecución. El acceso a la información se restringirá para los medios independientes y a los sumisos se les entregará información privilegiada. Y la publicidad estatal será generosa con los oficialistas. La coyuntura ideal para arremeter con todo, presumo, será cuando se inicie la guerra contra Irak. Ese será el momento de la institucionalización del Estado Matón en la golpeada Venezuela.
*Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com
Desde el punto de vista social, Panamá sufre cambios rápidos y profundos en su tasa de natalidad, migración, sobrepoblación urbana, etc. Es un país en plena transición demográfica, lo cual plantea la necesidad urgente de cambios en los sistemas de salud y educación, así como en el mercado de trabajo.
Nuestra esperanza de vida al nacer es de 71 años. Se supone que tenemos 980 habitantes por médico. Nuestra tasa de mortalidad neonatal es de 22 neonatos muertos por cada mil nacimientos. La tasa de mortalidad en menores de 5 años es de 25 de cada mil, mientras que la tasa de mortalidad derivada de la maternidad es de 55 por mil. Las cifras oficiales reportan que el porcentaje de la población con acceso a servicios de salud es del orden del 87%, cifra muy dudosa. La malnutrición infantil es superior al 7% y el Gasto público en salud sólo llega al 5.4% del PIB. En conversaciones con médicos de diferentes especialidades, todos dicen lo mismo: nuestros índices de salud, a pesar de la cortina de humo de los datos oficiales, van deteriorándose muy rápidamente.
Por otro lado, si consideramos que, según cifras oficiales, la pobreza panameña alcanza un 40.5% (14% de pobreza general y 26.5% de pobreza extrema) se puede inferir que la preparación académica de la población es mala y que no les capacita para mejorar su situación. Dado el deterioro en la efectividad de la inversión estatal en Educación, este cuadro podría mantenerse así por varias décadas o inclusive empeorar irremisiblemente, si no se hacen los correctivos necesarios pronto.
Vivimos un gravísimo deterioro social, matizado, adicionalmente, por elevados niveles de inseguridad ciudadana. La violencia y la criminalidad se han ido apoderando lentamente de la sociedad panameña. Los panameños viven una cultura de la violencia cotidiana. Los informes que manejan los mismos estamentos policiales, indican que cada diecisiete minutos se comete un delito grave en Panamá y esto se refleja en todas las estadísticas serias. Y para colmo de males, no podemos siquiera garantizarle la vida a los ciudadanos dentro de nuestro propio territorio, tal como hemos visto suceder en al frontera con Colombia. ¿Sobre qué clase de soberanía real y efectiva se sustenta nuestra condición como Nación?
Todo lo dicho hasta ahora nos pinta un cuadro que muchas veces preferimos no mirar. En un año preelectoral: ¿qué podemos esperar los panameños por parte de nuestros actuales gobernantes y por parte de aquellos que nos quieren gobernar? ¿Una tardía admisión de culpas? ¿Un juego de mentiras y negaciones? Esconder la cabeza como un avestruz o repicar letanías diversionistas, invocando superficialidades y sentimentalería, no va a hacer que nuestra realidad mejore. Tampoco el insistir en propalar mentiras o arroparse en cifras tergiversadas, que nadie cree.
La sociedad panameña tiene que hacer un alto, reexaminar sinceramente el peligroso rumbo por el que transita y tomar, sin más dilación, severas rectificaciones en todos los órdenes (político, social, económico y cultural), antes de que se provoque un grave estallido social, que resquebraje aún más a nuestra endeble estructura democrática. Sobre todo, debemos entender que sin una mejor Educación y una capacidad real de generar y manejar el Conocimiento y la Información, no llevamos chance alguno para superar el atraso y salir adelante frente a los difíciles retos del mundo globalizado. El futuro del país que legaremos a nuestros hijos está en serio riesgo. Ya es hora de que hagamos algo.
(luis.wong@eudoramail.com)
Entre los mecanismos desarrollados por el régimen de Fujimori para controlar la televisión se usaron, entre otros, presiones sobre las empresas televisivas y sobre otros negocios de los propietarios; se utilizó al organismo tributario, el cual se volvía particularmente estricto con los adversarios del gobierno y sumamente cordial con los amigos del poder; se chantajeó y amenazó a los propietarios y periodistas cuando éstos se escapaban de la línea oficial; y, claro, se llegó hasta el despojo de la propiedad, como ocurrió en el caso de los canales 2 y 13.
Como resultado, los medios de comunicación, envilecidos por el soborno y el temor, convirtieron las verdades en mentiras, y las mentiras se transformaron en verdades. Los medios de información dejaron de informar y se convirtieron en aparatos de propaganda. Lo mismo quiere hacer Chávez, esa suerte de homínido con charreteras de la región, émulo de Fidel, al iniciar procesos legales contra cuatro canales de televisión (Venevisión, Televén, RCTV y Globovisión) para suspenderles la licencia, al promover leyes que le permitan sancionar a los medios democráticos y al anunciar un rígido sistema de control de cambio para favorecer a los amigos y castigar a los enemigos. A ello, es muy seguro, se sumarán favores judiciales para los áulicos y los rebeldes serán objeto de persecución. El acceso a la información se restringirá para los medios independientes y a los sumisos se les entregará información privilegiada. Y la publicidad estatal será generosa con los oficialistas. La coyuntura ideal para arremeter con todo, presumo, será cuando se inicie la guerra contra Irak. Ese será el momento de la institucionalización del Estado Matón en la golpeada Venezuela.
*Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com
Desde el punto de vista social, Panamá sufre cambios rápidos y profundos en su tasa de natalidad, migración, sobrepoblación urbana, etc. Es un país en plena transición demográfica, lo cual plantea la necesidad urgente de cambios en los sistemas de salud y educación, así como en el mercado de trabajo.
Nuestra esperanza de vida al nacer es de 71 años. Se supone que tenemos 980 habitantes por médico. Nuestra tasa de mortalidad neonatal es de 22 neonatos muertos por cada mil nacimientos. La tasa de mortalidad en menores de 5 años es de 25 de cada mil, mientras que la tasa de mortalidad derivada de la maternidad es de 55 por mil. Las cifras oficiales reportan que el porcentaje de la población con acceso a servicios de salud es del orden del 87%, cifra muy dudosa. La malnutrición infantil es superior al 7% y el Gasto público en salud sólo llega al 5.4% del PIB. En conversaciones con médicos de diferentes especialidades, todos dicen lo mismo: nuestros índices de salud, a pesar de la cortina de humo de los datos oficiales, van deteriorándose muy rápidamente.
Por otro lado, si consideramos que, según cifras oficiales, la pobreza panameña alcanza un 40.5% (14% de pobreza general y 26.5% de pobreza extrema) se puede inferir que la preparación académica de la población es mala y que no les capacita para mejorar su situación. Dado el deterioro en la efectividad de la inversión estatal en Educación, este cuadro podría mantenerse así por varias décadas o inclusive empeorar irremisiblemente, si no se hacen los correctivos necesarios pronto.
Vivimos un gravísimo deterioro social, matizado, adicionalmente, por elevados niveles de inseguridad ciudadana. La violencia y la criminalidad se han ido apoderando lentamente de la sociedad panameña. Los panameños viven una cultura de la violencia cotidiana. Los informes que manejan los mismos estamentos policiales, indican que cada diecisiete minutos se comete un delito grave en Panamá y esto se refleja en todas las estadísticas serias. Y para colmo de males, no podemos siquiera garantizarle la vida a los ciudadanos dentro de nuestro propio territorio, tal como hemos visto suceder en al frontera con Colombia. ¿Sobre qué clase de soberanía real y efectiva se sustenta nuestra condición como Nación?
Todo lo dicho hasta ahora nos pinta un cuadro que muchas veces preferimos no mirar. En un año preelectoral: ¿qué podemos esperar los panameños por parte de nuestros actuales gobernantes y por parte de aquellos que nos quieren gobernar? ¿Una tardía admisión de culpas? ¿Un juego de mentiras y negaciones? Esconder la cabeza como un avestruz o repicar letanías diversionistas, invocando superficialidades y sentimentalería, no va a hacer que nuestra realidad mejore. Tampoco el insistir en propalar mentiras o arroparse en cifras tergiversadas, que nadie cree.
La sociedad panameña tiene que hacer un alto, reexaminar sinceramente el peligroso rumbo por el que transita y tomar, sin más dilación, severas rectificaciones en todos los órdenes (político, social, económico y cultural), antes de que se provoque un grave estallido social, que resquebraje aún más a nuestra endeble estructura democrática. Sobre todo, debemos entender que sin una mejor Educación y una capacidad real de generar y manejar el Conocimiento y la Información, no llevamos chance alguno para superar el atraso y salir adelante frente a los difíciles retos del mundo globalizado. El futuro del país que legaremos a nuestros hijos está en serio riesgo. Ya es hora de que hagamos algo.
(luis.wong@eudoramail.com)