Control sobre casas de remesas
Días atrás apareció una noticia sobre la visita del Ministro de Comercio e Industrias, Joaquín Jácome a la Asamblea Legislativa para hablar sobre un proyecto de ley que regularizaría las remesas de dineros al exterior, en especial las que envían los inmigrantes con dineros habidos producto de trabajar en Panamá.
Me pregunto si en algún momento pensaron que esos dineros ganados en territorio nacional son declarados generalmente y no producen ningún tipo de beneficio al país; estamos importando mano de obra en perjuicio de nuestros trabajadores que, lamentablemente, a veces no quieren realizar las mismas labores y por eso son suplantados.
Pero dejando la parte romántica del desplazamiento de nuestra mano de obra, a un lado, vamos a la parte práctica. Primero, al no decir estos salarios u honorarios, no se beneficia ni el Seguro Social ni el sector educativo, mediante los impuestos correspondientes. Segundo, esos dineros salen de inmediato de Panamá causando mayor falta de circulante en las calles del país, que si fuera recompensado con ingresos provenientes de nuestros emigrantes estaríamos en tablas, pero no tenemos muchos ingresos por trabajadores panameños en el exterior enviando remesas a Panamá. Si acaso contamos con los jubilados de las Fuerzas Armadas de EE.UU. y éstos no son recurrentes; en algún momento se acabarán.
No estoy en contra de la inmigración, pero no nos olvidemos que tenemos un dólar que es muy atractivo para los nacionales de países que están sufriendo los embates de las devaluaciones de sus monedas y si no regulamos esto desde ya, lo lamentaremos en el futuro.
Pongámonos las pilas y tanto los trabajadores, que deben adaptarse a las circunstancias y no tratar de tumbar la cabeza en un solo camarón a la semana, como los contratantes, que pensemos que cada dólar que pagamos a un extranjero se va del país. Las autoridades, que regulen este sistema reteniendo de los envíos un porcentaje para cotejarlo a final del año con las declaraciones de renta de las personas que mandan estas remesas.
Coco Solo es la sede de dos poderosas empresas extranjeras dedicadas al manejo y trasbordo de contenedores, las cuales han realizado millonarias inversiones y generado cientos empleos directos e indirectos; considerables ingresos fiscales y a la economía colonense. Los tanques de almacenamiento de combustible que revirtieron están dados en concesión y mantienen un negocio mucho más activo que cuando servían necesidades del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Chivo-Chivo es el campo de tiro de la Policía y el SPI. La clínica de Coco Solo sirve a la comunidad colonense y las instalaciones del Hospital Gorgas sirven necesidades del Ministerio de Salud; y los edificios al lado, albergan la Corte Suprema de Justicia.
La Universidad de Panamá ocupa los edificios de la Escuela Secundaria de Curundú; el Panama Canal College aloja ahora a la Universidad de Florida, que ya está solicitando más espacio para ampliar sus actividades educativas; en Quarry Hieights funciona el Ministerio de Relaciones Exteriores; en Corozal labora el Ministerio de Educación; la Escuela de Superior de Balboa es ahora el Centro de Entrenamiento Ascanio Arosemena de la ACP; Isla Galeta se utiliza para trabajos de investigación en el campo marino; Fort Sherman se ha convertido en sitio preferido para los turistas que tienen un interés especial en la biodiversidad; el Cerro Ancón es el símbolo de nuestra independencia, perfeccionada cuando salió el último soldado estadounidense y pudimos los panameños escalarlo sin el riesgo de ser arrestados por uno de ellos; en la playa de Farfán nos podemos bañar sin las restricciones impuestas por el ejército de EU. Y todavía no las hemos aprovechado del todo.
Me atrevo a asegurar que esas tierras y esos activos brindan hoy más plazas de trabajo y generan más riqueza que las bases militares. ¿Quién está dispuesto a renunciar a todo esto, a cambio de que regresen las tropas de Estados Unidos?
Me pregunto si en algún momento pensaron que esos dineros ganados en territorio nacional son declarados generalmente y no producen ningún tipo de beneficio al país; estamos importando mano de obra en perjuicio de nuestros trabajadores que, lamentablemente, a veces no quieren realizar las mismas labores y por eso son suplantados.
Pero dejando la parte romántica del desplazamiento de nuestra mano de obra, a un lado, vamos a la parte práctica. Primero, al no decir estos salarios u honorarios, no se beneficia ni el Seguro Social ni el sector educativo, mediante los impuestos correspondientes. Segundo, esos dineros salen de inmediato de Panamá causando mayor falta de circulante en las calles del país, que si fuera recompensado con ingresos provenientes de nuestros emigrantes estaríamos en tablas, pero no tenemos muchos ingresos por trabajadores panameños en el exterior enviando remesas a Panamá. Si acaso contamos con los jubilados de las Fuerzas Armadas de EE.UU. y éstos no son recurrentes; en algún momento se acabarán.
No estoy en contra de la inmigración, pero no nos olvidemos que tenemos un dólar que es muy atractivo para los nacionales de países que están sufriendo los embates de las devaluaciones de sus monedas y si no regulamos esto desde ya, lo lamentaremos en el futuro.
Pongámonos las pilas y tanto los trabajadores, que deben adaptarse a las circunstancias y no tratar de tumbar la cabeza en un solo camarón a la semana, como los contratantes, que pensemos que cada dólar que pagamos a un extranjero se va del país. Las autoridades, que regulen este sistema reteniendo de los envíos un porcentaje para cotejarlo a final del año con las declaraciones de renta de las personas que mandan estas remesas.
Coco Solo es la sede de dos poderosas empresas extranjeras dedicadas al manejo y trasbordo de contenedores, las cuales han realizado millonarias inversiones y generado cientos empleos directos e indirectos; considerables ingresos fiscales y a la economía colonense. Los tanques de almacenamiento de combustible que revirtieron están dados en concesión y mantienen un negocio mucho más activo que cuando servían necesidades del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Chivo-Chivo es el campo de tiro de la Policía y el SPI. La clínica de Coco Solo sirve a la comunidad colonense y las instalaciones del Hospital Gorgas sirven necesidades del Ministerio de Salud; y los edificios al lado, albergan la Corte Suprema de Justicia.
La Universidad de Panamá ocupa los edificios de la Escuela Secundaria de Curundú; el Panama Canal College aloja ahora a la Universidad de Florida, que ya está solicitando más espacio para ampliar sus actividades educativas; en Quarry Hieights funciona el Ministerio de Relaciones Exteriores; en Corozal labora el Ministerio de Educación; la Escuela de Superior de Balboa es ahora el Centro de Entrenamiento Ascanio Arosemena de la ACP; Isla Galeta se utiliza para trabajos de investigación en el campo marino; Fort Sherman se ha convertido en sitio preferido para los turistas que tienen un interés especial en la biodiversidad; el Cerro Ancón es el símbolo de nuestra independencia, perfeccionada cuando salió el último soldado estadounidense y pudimos los panameños escalarlo sin el riesgo de ser arrestados por uno de ellos; en la playa de Farfán nos podemos bañar sin las restricciones impuestas por el ejército de EU. Y todavía no las hemos aprovechado del todo.
Me atrevo a asegurar que esas tierras y esos activos brindan hoy más plazas de trabajo y generan más riqueza que las bases militares. ¿Quién está dispuesto a renunciar a todo esto, a cambio de que regresen las tropas de Estados Unidos?