Convenciones internacionales
El Centro de Convenciones ATLAPA no se escapa de las limitaciones presupuestarias del país y reclama un mejor mantenimiento, ya que la actividad propia de convenciones, que aglutina a miles de personas dispuestas a compartir experiencias sobre diferentes disciplinas, sea de índole científicas, cívicas, educativas, banca, seguro, comerciales e industriales, requiere grandes espacios. La empresa privada está consciente del valor de esta faceta del turismo y lo ha demostrado con la construcción de atractivos centros de convenciones de capacidad mediana y pequeña.
Estados Unidos, desde hace varias semanas, está tratando de firmar un tratado de intercambio de información tributaria con Panamá; y según la propuesta del país de norte, ello nos permitiría ser incluidos en la lista de países beneficiarios de la exoneración de pagos de impuestos de los ciudadanos de ese país que asistan a convenciones en Panamá. Al permitir deducir de sus declaraciones de rentas todo gasto incurrido al participar en cualquier tipo de convenciones, motivaría la asistencia de grupos importantes de ese país. Si realmente fuera factible lograr convertir ese ofrecimiento en algo tangible que permitiera disminuir, en forma interesante, el alto porcentaje de desempleo al ocupar personas en las distintas estructuras que demanda la actividad turística (hoteles, agencias de viajes, restaurantes, taxis, buses de lujo, almacenes, etc.), se podría sopesar los costos-beneficios de firmar un tratado tributario con Estados Unidos.
Nuestros negociadores tendrían que aleccionarse muy bien de los pro y contras, poseer una alta dosis de patriotismo que les permita presentar y defender los mejores intereses del país. Como es lógico en toda actividad negociadora, no se puede conseguir todo lo que se pretende, pero, si se actúa con rectitud y desprendimiento de egoístas intereses particulares, se puede lograr un resultado satisfactorio, con positivos rendimientos sociales.
De ser así habría que mejorar las instalaciones físicas de todas nuestras ofertas de atención al turista, incluyendo en lugar primordial nuestro palacio de convenciones ATLAPA, actualmente ocupado casi exclusivamente en exhibiciones comerciales. Hay que tomar también en consideración que sigue en aumento el número de cruceros que arriba a nuestros puertos, tanto en los del Atlántico como en los del Pacífico, con turistas de diferentes países del globo terráqueo.
El tren transoceánico entre las ciudades de Panamá y Colón, facilita el traslado en ambas vías en cómodos vagones, aunque es muy limitada la oferta de asientos.
Son variados e interesantes los lugares ofrecidos en giras a los pasajeros de los cruceros, en ambos lados del Canal, especialmente las ruinas del Fuerte San Lorenzo, y las de la ciudad de Portobelo, ambas en la parte atlántica del país.
El Altar de Oro de la Iglesia San José, el Arco Chato, Las Bóvedas, y sus calles empedradas dentro del Casco Viejo de la ciudad de Panamá, son interesantes recuerdos de la época de la dominación española. También Panamá la Vieja, con el Puente del Rey, son valiosas remembranzas del reinado español aunque de la floreciente ciudad edificada a orillas del Mar del Sur, sólo quedan sus ruinas, testigos mundos del brutal saqueo perpetrado por el pirata inglés, Henry Morgan y sus secuaces.
Las bellas playas que bañan nuestro suelo, unas en el litoral Pacífico y otras en el Atlántico, no tienen nada que envidiar a las de otras latitudes. Sin embargo, si pretendemos sacar provecho a nuestra envidiable posición geográfica, debemos mejorar nuestros puertos de entrada al país. El Aeropuerto Internacional de Tocumen adolece de un grave deterioro en su mantenimiento físico; los servicios sanitarios, las sillas, las escaleras eléctricas, requieren de urgentes reparaciones y remozamiento, y hay que tener siempre presente que la primera impresión es la que realmente cuenta, sobre todo, en personas acostumbradas a visitar otros lugares y a comparar facilidades ofrecidas al viajero en diversos países, por lo que una cordial bienvenida en inmigración y aduana siempre es esencial.
Estados Unidos, desde hace varias semanas, está tratando de firmar un tratado de intercambio de información tributaria con Panamá; y según la propuesta del país de norte, ello nos permitiría ser incluidos en la lista de países beneficiarios de la exoneración de pagos de impuestos de los ciudadanos de ese país que asistan a convenciones en Panamá. Al permitir deducir de sus declaraciones de rentas todo gasto incurrido al participar en cualquier tipo de convenciones, motivaría la asistencia de grupos importantes de ese país. Si realmente fuera factible lograr convertir ese ofrecimiento en algo tangible que permitiera disminuir, en forma interesante, el alto porcentaje de desempleo al ocupar personas en las distintas estructuras que demanda la actividad turística (hoteles, agencias de viajes, restaurantes, taxis, buses de lujo, almacenes, etc.), se podría sopesar los costos-beneficios de firmar un tratado tributario con Estados Unidos.
Nuestros negociadores tendrían que aleccionarse muy bien de los pro y contras, poseer una alta dosis de patriotismo que les permita presentar y defender los mejores intereses del país. Como es lógico en toda actividad negociadora, no se puede conseguir todo lo que se pretende, pero, si se actúa con rectitud y desprendimiento de egoístas intereses particulares, se puede lograr un resultado satisfactorio, con positivos rendimientos sociales.
De ser así habría que mejorar las instalaciones físicas de todas nuestras ofertas de atención al turista, incluyendo en lugar primordial nuestro palacio de convenciones ATLAPA, actualmente ocupado casi exclusivamente en exhibiciones comerciales. Hay que tomar también en consideración que sigue en aumento el número de cruceros que arriba a nuestros puertos, tanto en los del Atlántico como en los del Pacífico, con turistas de diferentes países del globo terráqueo.
El tren transoceánico entre las ciudades de Panamá y Colón, facilita el traslado en ambas vías en cómodos vagones, aunque es muy limitada la oferta de asientos.
Son variados e interesantes los lugares ofrecidos en giras a los pasajeros de los cruceros, en ambos lados del Canal, especialmente las ruinas del Fuerte San Lorenzo, y las de la ciudad de Portobelo, ambas en la parte atlántica del país.
El Altar de Oro de la Iglesia San José, el Arco Chato, Las Bóvedas, y sus calles empedradas dentro del Casco Viejo de la ciudad de Panamá, son interesantes recuerdos de la época de la dominación española. También Panamá la Vieja, con el Puente del Rey, son valiosas remembranzas del reinado español aunque de la floreciente ciudad edificada a orillas del Mar del Sur, sólo quedan sus ruinas, testigos mundos del brutal saqueo perpetrado por el pirata inglés, Henry Morgan y sus secuaces.
Las bellas playas que bañan nuestro suelo, unas en el litoral Pacífico y otras en el Atlántico, no tienen nada que envidiar a las de otras latitudes. Sin embargo, si pretendemos sacar provecho a nuestra envidiable posición geográfica, debemos mejorar nuestros puertos de entrada al país. El Aeropuerto Internacional de Tocumen adolece de un grave deterioro en su mantenimiento físico; los servicios sanitarios, las sillas, las escaleras eléctricas, requieren de urgentes reparaciones y remozamiento, y hay que tener siempre presente que la primera impresión es la que realmente cuenta, sobre todo, en personas acostumbradas a visitar otros lugares y a comparar facilidades ofrecidas al viajero en diversos países, por lo que una cordial bienvenida en inmigración y aduana siempre es esencial.