Convidados de piedra
El nuevo año nos ha traído otro proceso electoral que culminará el próximo 2 de mayo. Carteles con fotos, lemas y banderas de los candidatos visten el país. Pero, en medio de la profusión publicitaria, un sentimiento de vacío congestiona el alma del pueblo panameño: ¿Servirán para algo estas elecciones? ¿Amanecerá el 1 de septiembre un país curado de la corrupción y la pobreza? Muchos sabemos que la respuesta a estas preguntas es negativa, porque 13 años de experiencia "democrática" han enseñado que, con las actuales reglas del juego, es imposible cambiar en lo esencial a la sociedad. Después de todo, en nuestro sistema, democracia no es sinónimo de "gobierno del pueblo", sino simple ejercicio del sufragio una vez cada cinco años, en el que el menú de los elegibles es cerrado, luego de lo cual el pueblo se convierte en mero convidado de piedra, cuyas sus opiniones no cuentan para nada.
¿Qué de diferente nos pueden prometer los cuatro candidatos a la Presidencia si todos han sido parte de los desastrosos gobiernos de la última década? Por aquello de la "mala memoria" de los panameños conviene recordar que: Guillermo Endara subió al poder (1989-94) gracias a la invasión norteamericana, con su secuela de muertos; fue obediente servidor del embajador yanqui, Deane Hinton, quien cada jueves en la mañana le dictaba la pauta, iniciando las reformas neoliberales impuestas por el Convenio de Donación (julio de 1990), y engalanó su gestión con incontables ridiculeces que avergonzaban al país en el plano internacional. Martín Torrijos fue viceministro de Gobierno y Justicia de Pérez Balladares (1994-99), y por ende partícipe de las privatizaciones del IRHE y el INTEL, de la reforma laboral del "95 (con sus cuatro muertos), los ataques a las conquistas de los docentes y un largo rosario de medidas antipopulares. Ricardo Martinelli, tuvo el "privilegio" de ser parte de los gobiernos de Pérez Balladares y de Mireya Moscoso y por ello corresponsable de sus decisiones, además de su propia y cuestionable gestión empresarial; y José Miguel Alemán no sólo es heredero político de la actual presidenta y su gestión, con su secuela de escándalos, lo que ya dice bastante, sino que bajo su gestión se impuso el Acuerdo Salas -Becker que nos trae las tropas yanquis de regreso.
¿Alguno de los cuatro escapa al imperio del capital financiero? ¿Qué diferencia esencial puede existir entre un candidato como Alemán, cuyo padre preside la junta directiva de Banistmo; Endara apoyado por Samuel Lewis Galindo, que también es parte del mismo grupo financiero; y Martín, cuyo vicepresidente será Lewis Navarro, sobrino del anterior? Para no mencionar los Arias, vinculados al Banco General. Lo único seguro, con este menú, es que el Seguro Social será presa fácil de "Progreso" y "Profuturo".
Fuera de las demagógicas promesas de siempre, ¿alguno de los candidatos ha propuesto una manera diferente de resolver los problemas que nos aquejan, como el desempleo, la pobreza y la corrupción? Todos dicen que lo resolverán, pero ¿cómo? Atacar el desempleo implica romper con las imposiciones del Banco Mundial y el FMI, pero ninguno de ellos dice que los enfrentará. Atacar la corrupción, cuya fuente es el gran capital privado como lo demuestra el caso del PECC, implica rechazar los "donantes" interesados, renacionalizar las empresas privatizadas, bajar los salarios de los altos funcionarios. ¿Alguien escuchó al cuarteto comprometerse a esto? Resolver el problema del agro y la industria nacionales requiere rechazar los acuerdos de libre comercio, empezando con el ALCA. Por supuesto, todos callan al respecto.
Defender al campesinado pobre implica enfrentar al latifundio y los intereses capitalistas como los de CUSA, que se esconden detrás de la Autoridad del Canal de Panamá. ¿Alguno se compromete a a no empeñar los ingresos del Canal y el país para una ampliación innecesaria? Cualquiera que razone detenidamente y complete con otras preguntas los problemas que aquejan al país, llegará a la única conclusión seria: no hay alternativas reales en esta elección. ¿Qué hacer? ¿Votar a "ganador", como creen los oportunistas "juega vivo", que al final siempre salen perdiendo? ¿Votar por el menos malo?
La culpa de esta situación no es exclusiva de los partidos empresariales, ya que en últimas ellos defienden sus intereses. La dirigencia del movimiento sindical y popular tiene una responsabilidad principalísima porque al no presentar alternativas termina haciendo el juego al sistema. Unos porque directamente participan de dichos partidos y gobiernos que les dejan caer algunas migas de la mesa, ya sea apoyando candidatos patronales o dizque postulándose para arrastrar votos, aunque luego los cocientes y residuos sean para otros. Otros porque se presentan como "archirrevolucionarios" para quienes supuestamente toda participación electoral les hiede a traición, aunque luego pasan agachaditos sin orientar a las "bases" hacia el abstencionismo activo o el voto de protesta, sea nulo o blanco, con lo cual terminan haciendo el juego a los partidos patronales con su silencio cómplice, o lo que es peor, haciendo un guiño para que algunos de sus activistas intermedios hagan proselitismo en alguno de dichos partidos.
En cuanto a participación política de los sectores populares, antineoliberales y de izquierda, Panamá se encuentra, como siempre, por detrás de otros países del continente, como Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Uruguay y hasta Colombia, naciones en las que no sólo se disputa en el plano político la lucha por construir el "otro mundo posible", sino que se han logrado ganar espacios parlamentarios, alcaldías, etc.
En Panamá, hasta ahora, el movimiento popular no ha logrado capitalizar sus fortalezas, haciendo discreto mutis durante los procesos electorales. En 1989, quedamos aplastados entre las alternativas norieguista y "civilista"; en 1994, se perdió el espacio construido por el Movimiento Pro Rescate de la Soberanía, aprovechándolo el neoliberal Pérez Balladares; en 1999, MONADESO cedió lo construido en favor de doña Mireya; y hoy se desperdicia el inmenso apoyo logrado por Juan Jované en su gestión en la Caja de Seguro Social ante la falta de una alternativa antineoliberal.
El Movimiento Popular Unificado (MPU) exhorta al conjunto de los sectores populares panameños a aprovechar el momento para sentar las bases de una corriente política que sí represente las aspiraciones de cambio de nuestro pueblo. Bases programáticas que deben incluir la exigencia de una Asamblea Constituyente con plenos poderes, y no la retaceada Constituyente "paralela" que propone la "quinta papeleta", para barrer los órganos del Estado de la corrupción que se ha entronizado en ellos y refundar una nueva República.
Recuperemos la tradición de participación política del Partido Socialista de Demetrio Porras, del Partido Comunista de Cristóbal Segundo y Domingo H. Turner, del Frente Patriótico de la Juventud con el joven Illueca, y más recientemente del PST de Ricardo Barría, del PRT del Dr. Esquivel y del Partido del Pueblo de Del Cid que, aunque divididos, se presentaron como opciones en 1984.
¿Qué de diferente nos pueden prometer los cuatro candidatos a la Presidencia si todos han sido parte de los desastrosos gobiernos de la última década? Por aquello de la "mala memoria" de los panameños conviene recordar que: Guillermo Endara subió al poder (1989-94) gracias a la invasión norteamericana, con su secuela de muertos; fue obediente servidor del embajador yanqui, Deane Hinton, quien cada jueves en la mañana le dictaba la pauta, iniciando las reformas neoliberales impuestas por el Convenio de Donación (julio de 1990), y engalanó su gestión con incontables ridiculeces que avergonzaban al país en el plano internacional. Martín Torrijos fue viceministro de Gobierno y Justicia de Pérez Balladares (1994-99), y por ende partícipe de las privatizaciones del IRHE y el INTEL, de la reforma laboral del "95 (con sus cuatro muertos), los ataques a las conquistas de los docentes y un largo rosario de medidas antipopulares. Ricardo Martinelli, tuvo el "privilegio" de ser parte de los gobiernos de Pérez Balladares y de Mireya Moscoso y por ello corresponsable de sus decisiones, además de su propia y cuestionable gestión empresarial; y José Miguel Alemán no sólo es heredero político de la actual presidenta y su gestión, con su secuela de escándalos, lo que ya dice bastante, sino que bajo su gestión se impuso el Acuerdo Salas -Becker que nos trae las tropas yanquis de regreso.
¿Alguno de los cuatro escapa al imperio del capital financiero? ¿Qué diferencia esencial puede existir entre un candidato como Alemán, cuyo padre preside la junta directiva de Banistmo; Endara apoyado por Samuel Lewis Galindo, que también es parte del mismo grupo financiero; y Martín, cuyo vicepresidente será Lewis Navarro, sobrino del anterior? Para no mencionar los Arias, vinculados al Banco General. Lo único seguro, con este menú, es que el Seguro Social será presa fácil de "Progreso" y "Profuturo".
Fuera de las demagógicas promesas de siempre, ¿alguno de los candidatos ha propuesto una manera diferente de resolver los problemas que nos aquejan, como el desempleo, la pobreza y la corrupción? Todos dicen que lo resolverán, pero ¿cómo? Atacar el desempleo implica romper con las imposiciones del Banco Mundial y el FMI, pero ninguno de ellos dice que los enfrentará. Atacar la corrupción, cuya fuente es el gran capital privado como lo demuestra el caso del PECC, implica rechazar los "donantes" interesados, renacionalizar las empresas privatizadas, bajar los salarios de los altos funcionarios. ¿Alguien escuchó al cuarteto comprometerse a esto? Resolver el problema del agro y la industria nacionales requiere rechazar los acuerdos de libre comercio, empezando con el ALCA. Por supuesto, todos callan al respecto.
Defender al campesinado pobre implica enfrentar al latifundio y los intereses capitalistas como los de CUSA, que se esconden detrás de la Autoridad del Canal de Panamá. ¿Alguno se compromete a a no empeñar los ingresos del Canal y el país para una ampliación innecesaria? Cualquiera que razone detenidamente y complete con otras preguntas los problemas que aquejan al país, llegará a la única conclusión seria: no hay alternativas reales en esta elección. ¿Qué hacer? ¿Votar a "ganador", como creen los oportunistas "juega vivo", que al final siempre salen perdiendo? ¿Votar por el menos malo?
La culpa de esta situación no es exclusiva de los partidos empresariales, ya que en últimas ellos defienden sus intereses. La dirigencia del movimiento sindical y popular tiene una responsabilidad principalísima porque al no presentar alternativas termina haciendo el juego al sistema. Unos porque directamente participan de dichos partidos y gobiernos que les dejan caer algunas migas de la mesa, ya sea apoyando candidatos patronales o dizque postulándose para arrastrar votos, aunque luego los cocientes y residuos sean para otros. Otros porque se presentan como "archirrevolucionarios" para quienes supuestamente toda participación electoral les hiede a traición, aunque luego pasan agachaditos sin orientar a las "bases" hacia el abstencionismo activo o el voto de protesta, sea nulo o blanco, con lo cual terminan haciendo el juego a los partidos patronales con su silencio cómplice, o lo que es peor, haciendo un guiño para que algunos de sus activistas intermedios hagan proselitismo en alguno de dichos partidos.
En cuanto a participación política de los sectores populares, antineoliberales y de izquierda, Panamá se encuentra, como siempre, por detrás de otros países del continente, como Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Uruguay y hasta Colombia, naciones en las que no sólo se disputa en el plano político la lucha por construir el "otro mundo posible", sino que se han logrado ganar espacios parlamentarios, alcaldías, etc.
En Panamá, hasta ahora, el movimiento popular no ha logrado capitalizar sus fortalezas, haciendo discreto mutis durante los procesos electorales. En 1989, quedamos aplastados entre las alternativas norieguista y "civilista"; en 1994, se perdió el espacio construido por el Movimiento Pro Rescate de la Soberanía, aprovechándolo el neoliberal Pérez Balladares; en 1999, MONADESO cedió lo construido en favor de doña Mireya; y hoy se desperdicia el inmenso apoyo logrado por Juan Jované en su gestión en la Caja de Seguro Social ante la falta de una alternativa antineoliberal.
El Movimiento Popular Unificado (MPU) exhorta al conjunto de los sectores populares panameños a aprovechar el momento para sentar las bases de una corriente política que sí represente las aspiraciones de cambio de nuestro pueblo. Bases programáticas que deben incluir la exigencia de una Asamblea Constituyente con plenos poderes, y no la retaceada Constituyente "paralela" que propone la "quinta papeleta", para barrer los órganos del Estado de la corrupción que se ha entronizado en ellos y refundar una nueva República.
Recuperemos la tradición de participación política del Partido Socialista de Demetrio Porras, del Partido Comunista de Cristóbal Segundo y Domingo H. Turner, del Frente Patriótico de la Juventud con el joven Illueca, y más recientemente del PST de Ricardo Barría, del PRT del Dr. Esquivel y del Partido del Pueblo de Del Cid que, aunque divididos, se presentaron como opciones en 1984.