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Cooperación para el desarrollo o competir para subsistir


El mundo en desarrollo atraviesa un período difícil y de incertidumbre. Hoy más que nunca, la supervivencia decorosa del panameño y de las poblaciones de países hermanos se perfila con posibilidad acentuada en la competitividad no solamente entre sí, sino también frente a países desarrollados que llevan años de adelantos y ventajas en materia de educación, ciencia y tecnología. Ante esta situación coyuntural, los países del hemisferio intensifican esfuerzos iniciados desde el Siglo pasado con la creación en 1890 de la Unión Interamericana de Repúblicas Americanas, la Unión Panamericana su órgano central y permanente y más tarde en 1948 la Organización de los Estados Americanos (OEA), con objetivos centrados en la paz, la libertad, la seguridad y bienestar de todos los ciudadanos de sus Estados miembros y fomentar mediante la acción cooperativa su desarrollo económico, social y cultural. Las instituciones del Sistema Interamericano tienen entre sus objetivos la integración regional mediante la acción cooperativa. Consistentes con esos objetivos, han sido los de las Siete Cumbres de Presidentes del Hemisferio; la celebrada en 1994 en Cartagena de Indias, Colombia, centró su atención en comercio internacional y equidad e integración regional como elementos del desarrollo.
Aquellos han sido pasos en una dirección positiva, pero no obstante el haber transcurrido 107 años, la globalización promovida por los países desarrollados con todos sus efectos competitivos nos encuentra aún en gestión para alcanzar la anhelada integración regional, como unidad monolítica, sueño de Bolívar, para propulsar el desarrollo hemisférico mediante la acción cooperativa, al igual que nuestro poderoso hermano mayor del Norte. Más bien nos abocamos ahora a circunstancias muy particulares que nos obligan a intensificar la competencia entre países hermanos con los que se supone debemos cooperar, para mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos. ¿Podrán estas dos acciones cooperar y competir en materia comercial ser compatibles de manera simultánea?
La competitividad como medio indispensable de subsistencia no siempre refleja sentimientos ni comportamientos característicos de hermandad. Cada país hermanos buscará las mejores formas y aprovechará las oportunidades que pudieran concebir como iniciativas para satisfacer las necesidades de los suyos antes de preocuparse por las de los nuestros. El proceso podría convertirse en una guerra comercial competitiva en que subsistirán mejor los de mayores capacidades competitivas y los otros sufrirán los rigores de los atrasos socioeconómicos por ser menos capaces. No visualizo espacio para las consideraciones morales. Estos parecen ser los efectos de la globalización, a la cual se han suscrito todos los países hermanos del hemisferio al haberse vinculado forzosamente, sin alternativas, a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Actividades que en nuestro medio se vienen ejecutando por años, con contribuciones significativas, a la economía nacional, quedan ahora expuestas a la competencia estimulada y promovida entre países hermanos y otros a nivel mundial para mantener su vigencia. Me refiero al Canal, la Zona Libre de Colón, el Centro Bancario, las actividades agropecuarias e industriales y los servicios profesionales. La competitividad es uno de los argumentos que se utiliza para justificar las privatizaciones de empresas estatales. En casos mejorarán las eficiencias por la introducción de tecnologías modernas, pero aumentarán los niveles de desempleo, encarecerán los servicios públicos y los productos de la canasta básica y por consiguiente se producirá un ajuste en los salarios por incrementos en el costo de vida, a pesar del insignificante nivel de inflación de 1.2%. Amén de los factores exógenos que nos afectan fuera de nuestro control, y del elevado servicio a la deuda externa que absorbe aproximadamente el 20% del presupuesto nacional.
Los recursos que se reciben por efecto de las privatizaciones, y los nuevos empréstitos millonarios de las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs) como premio por ser expeditos en la ejecución de sus políticas neoliberales, se informa, están siendo invertidos en infraestructura vial y en proyectos de envergadura social. Obras sectoriales se conceden, de a dedo, sin licitaciones públicas, y se ejecutan con independencia de marcos interrelacionados fuera de la acción planificada. En esta forma se pavimenta el camino fértil para la corrupción, mal ético endémico reconocido por altas autoridades del Gobierno. El reentrenamiento de la mano de obra desplazada desocupada, tendrá éxito limitado en el Sector Privado, principal fuente generador del desarrollo, puesto que la capacidad de crear nuevos empleos dependerá de la superación de condiciones sociales y morales como son el pesimismo, las decisiones arbitrarias, la desconfianza, la falta de consulta oportuna y de participación y la corrupción.
La productividad para subsistir con decoro tampoco admite improvisaciones ni recorridos aislados. Como los enfoques para confrontarla tienen que visualizarse en el contexto de políticas a largo plazo, el concurso de los partidos políticos y de la participación ciudadana son indispensables en el trazado de la organización y consolidación de un programa nacional estratégico. Sin embargo, el temperamento político actual tampoco contribuye a la concreción de ese concurso y parecería utópico insistir sobre ello. Me refiero a la firmeza del gobierno con respecto a: 1) Los compromisos neoliberales impuestos por las IFIs, denunciados por reformadores sociales desde el Siglo pasado y por sectores preocupados por la persistencia de las condiciones deplorables de la población marginada. 2.) Las negaciones para establecer el CMA y 3.) Las pretensiones reeleccionarias. La oposición mantiene posturas opuestas.
Ante el panorama oblicuo descrito, el recurso que aún nos queda es el de continuar, con insistencia, aportando ideas sobre tópicos de interés nacional haciendo críticas constructivas a través de los medios de comunicación social.
Muchos de los artículos de la Sección Opinión de este diario constituyen verdaderos aportes a la elaboración de políticas nacionales frente a los agudos problemas que vive el país; entre éstos, competitividad y desempleo. Independientemente de los nexos de los columnistas autores, la calidad técnicointelectual y político de las contribuciones constituyen una especie de cátedra abierta dinámica que hace docencia. Ayudan a ampliar los conocimientos de la ciudadanía en general, con vistas a hacerla mejor participante en los debates sobre los acontecimientos nacionales. Las opiniones son expresiones libres, sin interferencias o censuras, como se hace en democracia; muchas son diametralmente opuestas a las líneas editoriales del diario.
El Panamá América al abrir sus páginas a la libre expresión de ideas sobre los más variados tópicos de interés nacional, le hace un gran servicio a la Patria. Cuando se trata de problemas vitales de la nación, independientemente de los intereses personales y partidistas, corresponde a los gobernantes de turno tomar las iniciativas para sumar fuerzas.

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