Cooperativismo
En días pasados la Universidad de Panamá, a través de la Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad, presentó el libro Cooperativismo, escrito por mi amigo el Licdo. José Mójica. En este sentido, deseo transcribir el prólogo de esta obra escrito por mí. Los países en desarrollo, y también los más avanzados, urgidos por modernizarse y poder insertarse competitivamente en el irreversible y creciente proceso de globalización, buscan, afanosamente, el camino y los medios más adecuados o mejor adaptados, para resolver los urgentes desajustes económicos, sociales, políticos, tecnológicos y hasta culturales, que los objetivos de bienestar comunal imponen.
Panamá no dista de los agobios y retos del continente, y del mundo: la dolorosa pobreza, el persistente y deprimente desempleo, sobre todo de los jóvenes; la imbatible corrupción de siete cabezas, la inequidad, la marginalidad, reverberos de frustración y de violencias.
Las consecuencias más crudas de estos males se sienten donde más duelen, en el sector rural, desorientado, abandonado; en el informal en aumento, con ingresos humillantes; en las mujeres, en los estudiantes y profesionales recién egresados.
No son muchas las opciones, ni medianamente suficientes los recursos disponibles y, peor aún, no son muy convincentes los programas, la orientación y la voluntad políticas para transformar, con devoción, transparencia y eficiencia, estructuras retrógradas que han debido superarse con mucha anticipación y al ritmo acorde con las realidades de cada situación.
Mientras que los gobiernos no se ponen de acuerdo en el reparto de intereses particulares, ni hacen frente decidido a sus compromisos, las grandes masas irredentas tampoco se percatan de su gran poder unitario, ni de su irrenunciable fuerza espiritual de solidaridad para procurar su propia superación, sin lamentos estériles o acomodaticios de orfandad oficial. Es aquí donde debe surgir con impulso propio el cooperativismo, con su sana y democrática filosofía como una seria y factible solución a largo plazo. La honestidad, la hermandad inclaudicables, la administración responsable, el renunciamiento al egoísmo, son elementos esenciales en una empresa de cooperación, y cuya ausencia ha producido fracasos, así como éxitos sin precedentes su consolidación.
Nadie enciende su motivación sin conocimientos adecuados de la materia o misión en cuestión; ni nadie puede desempeñarse con efectividad sin familiarizarse con métodos y sistemas específicos y cónsonos con las necesidades que se plantean. Por eso, Cooperativismo, con ese lacónico y sencillo título, abarcador en conceptos y prácticas, va mucho más allá de un estudio, penetra más profundamente que una guía, para convertirse, al llamado de Neale en 1852, en un verdadero "Manual para los Cooperadores".
En el Cooperativismo no falta la disciplina de la investigación rigurosa, utilizada, no para resaltar la historia contemplativamente, sino para descubrir causas y efectos que deben superarse o afianzarse a fin de volver a las raíces; ni está ausente, en esta obra, el cariño, casi la emoción, que constituyen el ropaje decoroso y el sentimiento sincero con que deben revertirse las actividades que apelan al aspecto íntimo del hombre. "El hombre aprendió a cooperar, tal vez antes de que aprendiera a hablar" cita José Mójica. Con sobrio reclamo al papel que debe desempeñar el cooperativismo bien diseñado y mejor ejecutado en una hora de tantas atribulaciones sociales como la que se vive.
A través de un recuento detallado del movimiento cooperativista mundial y nacional desde sus abnegados precursores, hace más de doscientos años, el autor nos presenta con austeridad y sencillez, lo bueno y lo malo, lo prometedor y lo exigente de este esfuerzo humano, que se inspira más en el beneficio del grupo que en el del individuo, sin desconocer ni subestimar el papel del liderazgo. Por eso, juntos a la concepción ideológica, sin dogmatismos ni pretensiones, el autor define y sustenta con pragmatismo los diversos aspectos que estructuran una cooperativa, legal, funcional y éticamente. Supervisión, control, orientación y motivación son requisitos indispensables, que recuerda Mójica en sus planteamientos, porque no siempre han sido prácticas obligadas en cooperativas panameñas, a veces con resultados desalentadores y lamentables.
Nuestra realidad social duele en algunos aspectos fundamentales que es urgente superar. Tenemos tradiciones angulares que aseguran la espontánea cooperación en muchas formas. Pero con más de un millón de panameños abatidos por la pobreza, y a veces por la desolación, no es comprensible ni aceptable que sólo un poco más del 10% de esa sociedad marginada, constituya el número total de socios en 406 cooperativas distribuidas en el país (apenas con 7 de producción), la gran mayoría en la capital, y no todas en buen estado financiero ni de organización.
Ni el Gobierno, ni el sector privado, ni los propios afectados, han dado demostración de vocación por este instrumento de superación socioeconómicas. Tal vez Mójica pudiera, en ediciones futuras de Cooperativismo, que le auguro, analizar más a fondo estos aspectos, comenzando por el papal complejo poco fructífero que por más de 70 años vienen desempeñando las instituciones oficiales, con más cambios de organización y de nomenclatura que logros o realizaciones, a pesar de que en los consejos directivos han participado, casi siempre a través de débiles delegaciones, ministros de Estados. Por allí debe comenzar la educación y el compromiso cooperativo.
Con su estilo fácil, directo y didáctico, y con el ofrecimiento al lector de una rica bibliografía, Cooperativismo será una obligada obra de consulta, de guía y de inspiración para este movimiento escaso y sediento de información, orientación y aliento.
Panamá no dista de los agobios y retos del continente, y del mundo: la dolorosa pobreza, el persistente y deprimente desempleo, sobre todo de los jóvenes; la imbatible corrupción de siete cabezas, la inequidad, la marginalidad, reverberos de frustración y de violencias.
Las consecuencias más crudas de estos males se sienten donde más duelen, en el sector rural, desorientado, abandonado; en el informal en aumento, con ingresos humillantes; en las mujeres, en los estudiantes y profesionales recién egresados.
No son muchas las opciones, ni medianamente suficientes los recursos disponibles y, peor aún, no son muy convincentes los programas, la orientación y la voluntad políticas para transformar, con devoción, transparencia y eficiencia, estructuras retrógradas que han debido superarse con mucha anticipación y al ritmo acorde con las realidades de cada situación.
Mientras que los gobiernos no se ponen de acuerdo en el reparto de intereses particulares, ni hacen frente decidido a sus compromisos, las grandes masas irredentas tampoco se percatan de su gran poder unitario, ni de su irrenunciable fuerza espiritual de solidaridad para procurar su propia superación, sin lamentos estériles o acomodaticios de orfandad oficial. Es aquí donde debe surgir con impulso propio el cooperativismo, con su sana y democrática filosofía como una seria y factible solución a largo plazo. La honestidad, la hermandad inclaudicables, la administración responsable, el renunciamiento al egoísmo, son elementos esenciales en una empresa de cooperación, y cuya ausencia ha producido fracasos, así como éxitos sin precedentes su consolidación.
Nadie enciende su motivación sin conocimientos adecuados de la materia o misión en cuestión; ni nadie puede desempeñarse con efectividad sin familiarizarse con métodos y sistemas específicos y cónsonos con las necesidades que se plantean. Por eso, Cooperativismo, con ese lacónico y sencillo título, abarcador en conceptos y prácticas, va mucho más allá de un estudio, penetra más profundamente que una guía, para convertirse, al llamado de Neale en 1852, en un verdadero "Manual para los Cooperadores".
En el Cooperativismo no falta la disciplina de la investigación rigurosa, utilizada, no para resaltar la historia contemplativamente, sino para descubrir causas y efectos que deben superarse o afianzarse a fin de volver a las raíces; ni está ausente, en esta obra, el cariño, casi la emoción, que constituyen el ropaje decoroso y el sentimiento sincero con que deben revertirse las actividades que apelan al aspecto íntimo del hombre. "El hombre aprendió a cooperar, tal vez antes de que aprendiera a hablar" cita José Mójica. Con sobrio reclamo al papel que debe desempeñar el cooperativismo bien diseñado y mejor ejecutado en una hora de tantas atribulaciones sociales como la que se vive.
A través de un recuento detallado del movimiento cooperativista mundial y nacional desde sus abnegados precursores, hace más de doscientos años, el autor nos presenta con austeridad y sencillez, lo bueno y lo malo, lo prometedor y lo exigente de este esfuerzo humano, que se inspira más en el beneficio del grupo que en el del individuo, sin desconocer ni subestimar el papel del liderazgo. Por eso, juntos a la concepción ideológica, sin dogmatismos ni pretensiones, el autor define y sustenta con pragmatismo los diversos aspectos que estructuran una cooperativa, legal, funcional y éticamente. Supervisión, control, orientación y motivación son requisitos indispensables, que recuerda Mójica en sus planteamientos, porque no siempre han sido prácticas obligadas en cooperativas panameñas, a veces con resultados desalentadores y lamentables.
Nuestra realidad social duele en algunos aspectos fundamentales que es urgente superar. Tenemos tradiciones angulares que aseguran la espontánea cooperación en muchas formas. Pero con más de un millón de panameños abatidos por la pobreza, y a veces por la desolación, no es comprensible ni aceptable que sólo un poco más del 10% de esa sociedad marginada, constituya el número total de socios en 406 cooperativas distribuidas en el país (apenas con 7 de producción), la gran mayoría en la capital, y no todas en buen estado financiero ni de organización.
Ni el Gobierno, ni el sector privado, ni los propios afectados, han dado demostración de vocación por este instrumento de superación socioeconómicas. Tal vez Mójica pudiera, en ediciones futuras de Cooperativismo, que le auguro, analizar más a fondo estos aspectos, comenzando por el papal complejo poco fructífero que por más de 70 años vienen desempeñando las instituciones oficiales, con más cambios de organización y de nomenclatura que logros o realizaciones, a pesar de que en los consejos directivos han participado, casi siempre a través de débiles delegaciones, ministros de Estados. Por allí debe comenzar la educación y el compromiso cooperativo.
Con su estilo fácil, directo y didáctico, y con el ofrecimiento al lector de una rica bibliografía, Cooperativismo será una obligada obra de consulta, de guía y de inspiración para este movimiento escaso y sediento de información, orientación y aliento.