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Copenhague: El mundo agonizó


El diagnóstico está dado: Las recientes temperaturas globales indican un progresivo calentamiento debido a las actividades humanas. En los últimos años, las temperaturas han aumentado a ritmo de 0,19ºC por década y queda demostrado que incluso en los últimos 10 años, a pesar de una disminución en el forzamiento solar, la tendencia al calentamiento continúa.

En 1992, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, todos los países del mundo reconocieron estar preocupados por el calentamiento de la Tierra, dado que las actividades humanas han producido sustancialmente las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y los gobernantes del mundo se han dado cuenta de que esas actividades podían provocar un cambio climático, advertencia dada por científicos y grupos ambientalistas años atrás.

La demora por tomar una decisión nos expone a un daño cada día más irreversible, en el que muchos elementos vulnerables del sistema climático, como por ejemplo el aumento del nivel del mar, el derretimiento de las capas de hielo continentales, la selva amazónica, los monzones del África, entre muchos otros, podían ser forzados a cambios aún más abruptos e irreparables.

Recientemente, los líderes del mundo se reunieron en Copenhague, para forjar un acuerdo que sucediera al Protocolo de Kioto, aprobado por los países desarrollados en 1997, donde se obligaba a los firmantes a reducir sus emisiones a un 5%, en relación con los niveles de 1990. Pero pareciera que la Reunión de Copenhague fue un claro repaso de la ya demostrada evidencia científica sobre la necesidad de controlar las emisiones de los gases invernaderos con declaraciones de buenas intenciones y foto oficial.

La desilusión para la mayoría de los movimientos ecologistas se centró en dos puntos importantes: Condenaron que no haya objetivos para los recortes de carbono y no acuerdo sobre un tratado legalmente vinculante. Según los organizadores (la Unión Europea), el objetivo inicial de la Cumbre era conseguir un acuerdo legalmente exigible. Pero al final solo se consiguió que Estados Unidos y las economías emergentes ofrecieran un proyecto de reducir las emisiones para que el aumento de la temperatura no sobrepase los 2 °C, pero sin un plan claro sobre cómo llegar a cabo esta meta.

El problema es evidente, y la suerte está echada sobre el planeta, si no se toman acciones urgentes para detener el efecto irreversible del calentamiento global, la lucha contra cambio climático debía seguir, además de ser optimistas para establecer las bases que permitan la elaboración de un futuro acuerdo definitivo, y reanudar nuestras esperanzas de un mundo más sano y menos contaminado en la próxima reunión sobre cambio climático, México 2010, donde además de buenas intenciones, llevemos también acciones contundentes.

101 años de Panamá América

 
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