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Corrupción, el ejemplo de Costa Rica


Antier, por las calles de San José, Costa Rica, tuvo lugar una gran manifestación popular de repulsa a la corrupción política, particularizada en el caso del recién dimitido secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Miguel Angel Rodríguez, ex presidente de ese país, acusado de haber recibido sobornos por la concesión de unas obras de tendido eléctrico subterráneo.
En un momento, se hizo presente el actual mandatario de la nación, Abel Pacheco, quien acompañado de algunos de sus altos funcionarios, trató de encabezar la manifestación que fuera convocada por grupos universitarios. Las fotografías de las agencias noticiosas nos muestran a un ciudadano cualquiera, en mangas de camisa, dirigiéndose en duros términos a Pacheco, obligándolo a salir de la marcha, como a la postre hizo tras el incremento de la presión de los demás participantes.
Todos los medios noticiosos y la sociedad tica en general han deplorado la vergüenza colectiva a la que ha sido sometido el país por culpa de la actuación del ex presidente Rodríguez. Costa Rica está considerada como un ejemplo de democracia continental que, además, está desmilitarizada desde 1947, al punto que, en el extranjero, se vende exitosamente la imagen de "Suiza de América", de la cual ha sacado mucho provecho y prestigio bien ganado.
Pero mientras más alto se eleva, más dura es la caída. Y el pueblo costarricense se siente profundamente herido en su orgullo por lo acontecido. Este detalle en sí habla muy bien de su madurez cívica. Pues, el mero hecho de sentir vergüenza colectiva y de manifestarla a rabiar es señal de que en el interior y en la superficie de sus ciudadanos se han arraigado sólidos valores cívicos y morales que están dispuestos ha defender en la calle.
Por otra parte, contrario a lo que aquí se piensa, las denuncias que forzaron la renuncia de Rodríguez no partieron del actual presidente Pacheco, sino de la justicia ordinaria de esa nación, que a través de una de sus fiscalías inició de oficio las investigaciones, una vez que aparecieron las primeras noticias del hecho en los diarios locales. En contraste con esa actitud, en Panamá tenemos una justicia ciega y una ciudadanía indiferente, curtida por tanta corrupción.
Finalmente, hemos de destacar el liderazgo ejercido por los universitarios costarricenses que tomaron en sus manos la bandera del rescate de los valores cívicos y políticos, lo cual es también un buen ejemplo para los nuestros en Panamá, más preocupados por causas inútiles, obsoletas y sin sentido.
A los países no competitivos, como Francia, se les debe permitir continuar con sus horribles sistemas de impuestos, pero no podemos permitirles que nos arrastren a todos los demás.
Impuestos globales y un Organismo Internacional de Impuestos son intentos de minar nuestras ventajas creando un cartel impositivo -una OPEP de los políticos- que el presidente Bush tiene toda la razón en rechazar.
(*) Académico de economía política de Heritage Foundation.
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