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Corrupción en América Latina


En la Universidad de Princeton, en abril de 1993, líderes de la denominada izquierda latinoamericana participaron en un simposio referente a buscar alternativas para esta parte del continente que se localiza desde México hasta la Patagonia.
Las conclusiones a las que llegaron se resumen en las siguientes: la corrupción es un cáncer que afecta al mundo, pero parece estar enraizado especialmente en América Latina; amenaza romper el hilo constitucional, ganarle la batalla puede significar una gran victoria para la democracia. Se trata de verdades que deben servir para corregir conductas individuales y enmendar torcidos rumbos de la colectividad.
En ese mismo año, en una entrevista efectuada por la prensa internacional, Michel Camdessus aseveró que la mejor forma de combatir la corrupción es mediante el cambio estructural. El director gerente del Banco Monetario Internacional consideró que este mal procede de la demasiada burocracia del Estado, de su desmesurado tamaño que, según él, abarca sectores donde no debería estar y de la excesiva intervención estatal en la vida pública de los ciudadanos. Al reconocer que la corrupción no desaparecerá por completo en sociedades modernas y competitivas tendría menos espacio, puesto que los funcionarios del Estado serían menos y mejores. El Estado no debe crecer de tal manera que substituya a la empresa privada, la independencia del poder judicial es imprescindible para devolver la confianza del pueblo en sus tribunales de justicia así como la del Banco Central como institución rectora de la política monetaria e instrumento esencial de la estabilidad económica, añadió.
En el ámbito de América Latina y el Caribe, desde mandatarios hasta funcionarios de menor jerarquía han sido perseguidos por la justicia debido a sus actividades corruptas, lo cual constituye lamentables precedentes para una sociedad que pretenda salir de la pobreza y afianzarse en valores morales que son la base para una vida en ascenso y decoro.
A la corrupción, convertida en corrosivo personaje, se debe combatir sin tregua y sin pausa, si se anhela días venturosos para los países, comenzando con la captura y sanción de los peces más gordos, de manera especial de aquellos involucrados en negociados públicos, lavado de dinero y tráfico de drogas.
Una de las más generalizadas formas de corrupción es aquella que brota del narcotráfico. Es cuantioso el dinero sucio que deja esta malhadada actividad, que se lo emplea en considerable proporción para sobornar a autoridades y más personas influyentes, a cambio de impunidad para los mafiosos o para la elaboración y el libre flujo de las prohibidas substancias. Inconmensurable poder que brota y se desarrolla en atmósfera de ilegalidad. Las claudicaciones al respecto son numerosas, por eso al hablar de corrupción necesariamente se tiene que referir al narcotráfico o viceversa. Los territorios del narcotráfico van desde el lavado de dinero que efectúan en bancos transcontinentales hasta el perverso pago a humildes campesinos que son inducidos por los mafiosos a cultivar coca o adormidera.
Solamente cuando la ley sea aplicada sin excepciones ni claudicaciones brillarán tiempos más prósperos.
En Alemania, también en 1993, se creó Transparencia Internacional, conocida organización llamada a cumplir necesario y dinámico trabajo en pro de un mundo más positivo.
En el último informe de Transparencia Internacional, aparece en este orden el ranking de los países más corruptos de América Latina: Ecuador, Venezuela, Bolivia, Colombia, México, Argentina, Brasil y El Salvador. Paraguay, que anualmente figuraba en esta nada honrosa lista, en esta vez no consta, tampoco Panamá.
Se trata de vergonzosos indicadores que deben merecer la mayor atención para que tal situación no continúe en las mencionadas naciones, se intensifique realmente la lucha anticorrupción y se purifique la atmósfera con efectivas y recomendables medidas que posibiliten el resplandor de la transparencia, lo que significa dignidad y prosperidad.
El contaminante cáncer de la corrupción requiere una gigantesca cruzada moral con el fin de retomar los símbolos que elevan al hombre hacia el progreso y que deben constituir la simiente para el surco de las actuales y, sobre todo, de las nuevas generaciones.
Transparencia Internacional señala a los países más corruptos. Sin tregua y sin pausa debe perseguirse a la corrupción para que resplandezca la transparencia, lo que significa dignidad y prosperidad.

101 años de Panamá América

 
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