Corrupción multilateral
Washington (AIPE)- Como ha informado el New York Times, el tipo de investigaciones que el Congreso y el Departamento de Justicia de Estados Unidos a menudo llevan a cabo en las dependencias gubernamentales sería imposible hacer en las Naciones Unidas. En la ONU hay múltiples oportunidades de corrupción y tales oportunidades son aprovechadas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) también sufre de profunda falta de transparencia. La opinión pública no suele enterarse de los consejos e instrucciones que el FMI da a los países clientes. Tampoco se conocen las evaluaciones posteriores que el FMI hace sobre el uso de los créditos otorgados, ni las razones que determinaron el monto de la ayuda concedida, ni tampoco por qué se favorece a un país y no a otro.
El propio Michel Camdessus, hasta hace unas semanas director gerente del FMI, declaró poco después de la crisis asiática que el problema principal que enfrenta esa institución es la falta de transparencia de los países con los que trata. Es, implícitamente, una confesión de que el Fondo no sabe lo que pasa con su dinero, una vez entregado a los países clientes. Ese problema se ha visto una y otra vez, en país tras país, hasta que estalló en Rusia, donde el FMI acusó al Kremlin de mentirle, y donde ahora se están llevando a cabo investigaciones para saber a dónde fueron a parar los miles de millones de dólares concedidos a Moscú.
La corrupción institucionalizada de la ayuda exterior ha alcanzado niveles de escándalo y los mismos organismos internacionales han generado mecanismos muy creativos para evadir sus propias normas. Entre estos está el truco aplicado una y otra vez por el FMI: prestar dinero a países que todavía no han pagado el crédito anterior, de tal manera que con el nuevo préstamo puedan ponerse al día con el mismo FMI. El artificio financiero llega al punto que los países desarrollados concedan durante unas horas créditos puente a los países que necesitan un nuevo crédito del FMI. El FMI y otros organismos financieros jamás reconocen sus equivocaciones en los créditos extendidos y tapan sus errores con nuevos créditos. Una entidad privada que actuara así quebraría más temprano que tarde.
La realidad es que Rusia, por ejemplo, ha sido incapaz de cumplir una sola de las normas pactadas a cambio de los créditos recibidos. Rusia no es un caso especial. Setenta países llevan 20 años o más recibiendo créditos del FMI. Esto prueba la extrema ineficacia de ese sistema "temporal" de ayudas y de la llamada "condicionalidad" de los préstamos. Y comprueba algo más: que en los países en desarrollo es la realidad económica y no el aporte de los organismos de crédito lo que obliga a los políticos a instrumentar las reformas económicas necesarias. Así se ha comprobado que la suspensión de la ayuda externa es más eficaz que su continuación para promover reformas de libre mercado. Pero, a menudo, cuando un país por fin empieza a reformar su economía, el FMI pronto le vuelve a ofrecer créditos, lo cual inmediatamente desacelera o pospone el proceso de modernización.
Las agencias multilaterales nos han demostrado que la corrupción es un problema que existe tanto en los países pobres como en los ricos. También es un problema interno de esos organismos y no se resolverá sin una profunda redefinición de sus métodos y objetivos. Si los países industrializados de verdad quieren combatir la corrupción en todo el mundo, lo mejor que pueden hacer es cerrar los organismos multilaterales de ayuda, como el FMI, el BID y el Banco Mundial._ Director del Proyecto sobre Libertad Económica Global del Cato Institute.
El propio Michel Camdessus, hasta hace unas semanas director gerente del FMI, declaró poco después de la crisis asiática que el problema principal que enfrenta esa institución es la falta de transparencia de los países con los que trata. Es, implícitamente, una confesión de que el Fondo no sabe lo que pasa con su dinero, una vez entregado a los países clientes. Ese problema se ha visto una y otra vez, en país tras país, hasta que estalló en Rusia, donde el FMI acusó al Kremlin de mentirle, y donde ahora se están llevando a cabo investigaciones para saber a dónde fueron a parar los miles de millones de dólares concedidos a Moscú.
La corrupción institucionalizada de la ayuda exterior ha alcanzado niveles de escándalo y los mismos organismos internacionales han generado mecanismos muy creativos para evadir sus propias normas. Entre estos está el truco aplicado una y otra vez por el FMI: prestar dinero a países que todavía no han pagado el crédito anterior, de tal manera que con el nuevo préstamo puedan ponerse al día con el mismo FMI. El artificio financiero llega al punto que los países desarrollados concedan durante unas horas créditos puente a los países que necesitan un nuevo crédito del FMI. El FMI y otros organismos financieros jamás reconocen sus equivocaciones en los créditos extendidos y tapan sus errores con nuevos créditos. Una entidad privada que actuara así quebraría más temprano que tarde.
La realidad es que Rusia, por ejemplo, ha sido incapaz de cumplir una sola de las normas pactadas a cambio de los créditos recibidos. Rusia no es un caso especial. Setenta países llevan 20 años o más recibiendo créditos del FMI. Esto prueba la extrema ineficacia de ese sistema "temporal" de ayudas y de la llamada "condicionalidad" de los préstamos. Y comprueba algo más: que en los países en desarrollo es la realidad económica y no el aporte de los organismos de crédito lo que obliga a los políticos a instrumentar las reformas económicas necesarias. Así se ha comprobado que la suspensión de la ayuda externa es más eficaz que su continuación para promover reformas de libre mercado. Pero, a menudo, cuando un país por fin empieza a reformar su economía, el FMI pronto le vuelve a ofrecer créditos, lo cual inmediatamente desacelera o pospone el proceso de modernización.
Las agencias multilaterales nos han demostrado que la corrupción es un problema que existe tanto en los países pobres como en los ricos. También es un problema interno de esos organismos y no se resolverá sin una profunda redefinición de sus métodos y objetivos. Si los países industrializados de verdad quieren combatir la corrupción en todo el mundo, lo mejor que pueden hacer es cerrar los organismos multilaterales de ayuda, como el FMI, el BID y el Banco Mundial._ Director del Proyecto sobre Libertad Económica Global del Cato Institute.