Corrupción y extremismo
El BID asevera que en América Latina, un promedio que equivale al 20% de los fondos destinados a proyectos gubernamentales se pierde por efectos de la corrupción, lo que significa el 10% del PIB de los hispanoamericanos. Esta lamentable realidad constituye uno de los principales factores para que millones de seres humanos permanezcan en la miseria, al no emplear correctamente dichos recursos en beneficio colectivo, por cuanto se esfuman en las manos de sujetos sin escrúpulos que gravitan en el acontecer político, incluso en primeras posiciones. Recuérdese a los ex mandatarios que mantienen cuentas pendientes con la justicia y a la que tratan de burlar, en no pocos casos, valiéndose de cínicas artimañas.
Lo más inquietante de esa atmósfera es que se va creando tolerancia a la corrupción, en vista de que el ciudadano común y corriente no ve con extrañeza los reiterados casos que se descubren al respecto.
Respetables medios de comunicación expresan sus voces de advertencia en torno a la infiltración del terrorismo islámico en las tierras latinoamericanas, debido precisamente a las prácticas corruptas que favorecen a la delincuencia internacional organizada, la debilidad de nuestros códigos, la ausencia de adecuada supervisión de los encargados de que se cumplan las leyes y a que en el suroeste asiático y en Oriente Medio han sufrido serios reveses dichos indeseables. Las rutas y procedimientos de contrabandistas y narcotraficantes, sobre todo en lo referente al soborno, estarían siendo conocidos y utilizados por aquellos fundamentalistas para llevar a cabo sus protervos propósitos, en especial desde Colombia hasta México, encontrándose Venezuela y las naciones centroamericanas en situación de serio riesgo por esta malhadada circunstancia, particularmente en la fraudulenta obtención de documentos de identidad y en la extensión de esas criminales redes.
La corrupción está estrechamente liga al terrorismo y a otros fenómenos, contemporáneos y transnacionales, de nefasta presencia. Por ello, los gobiernos no deben bajar la guardia y hacer causa común para enfrentarlos, oportuna y eficazmente.
Lo más inquietante de esa atmósfera es que se va creando tolerancia a la corrupción, en vista de que el ciudadano común y corriente no ve con extrañeza los reiterados casos que se descubren al respecto.
Respetables medios de comunicación expresan sus voces de advertencia en torno a la infiltración del terrorismo islámico en las tierras latinoamericanas, debido precisamente a las prácticas corruptas que favorecen a la delincuencia internacional organizada, la debilidad de nuestros códigos, la ausencia de adecuada supervisión de los encargados de que se cumplan las leyes y a que en el suroeste asiático y en Oriente Medio han sufrido serios reveses dichos indeseables. Las rutas y procedimientos de contrabandistas y narcotraficantes, sobre todo en lo referente al soborno, estarían siendo conocidos y utilizados por aquellos fundamentalistas para llevar a cabo sus protervos propósitos, en especial desde Colombia hasta México, encontrándose Venezuela y las naciones centroamericanas en situación de serio riesgo por esta malhadada circunstancia, particularmente en la fraudulenta obtención de documentos de identidad y en la extensión de esas criminales redes.
La corrupción está estrechamente liga al terrorismo y a otros fenómenos, contemporáneos y transnacionales, de nefasta presencia. Por ello, los gobiernos no deben bajar la guardia y hacer causa común para enfrentarlos, oportuna y eficazmente.