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Corrupción y justicia popular


Nadie debe hacer justicia por su propia mano. Hacerlo es ignorar siglos de evolución histórica y retornar a la ley de la selva. No obstante, ante las fallas de la moderna administración de justicia frente a casos que importan al interés colectivo de manera especial, algunos pueblos del continente, de zonas apartadas, están llenando el vacío con su propia justicia primitiva.
"¿Quién mató al comendador?", preguntaba el enviado del Rey, en la obra de Lope de Vega, y los aldeanos respondían al unísono: "¡Fuenteovejuna, Señor!". Esa fue una de las clásicas versiones que nos brinda la literatura española como muestra del tiranicidio, entendido como el derecho a combatir y eliminar físicamente - si es necesario- a un tirano. Y el pueblo entero termina siendo absuelto por el soberano que toma en cuenta la oscura trayectoria del gobernante local.
En abril pasado, en el pequeño pueblo de Ilave, Perú, fronterizo a Bolivia, los lugareños se alzaron y mataron a su alcalde, Cirilo Robles, a quien acusaron de corrupción. El gobierno de Perú, de Alejandro Toledo, mostró repulsa por el acto, que consideró bárbaro, mientras en el seno de la sociedad peruana estallaba una polémica. Ciertamente, esa no es la forma de hacer justicia pero, a falta de ella, los pueblos suelen llenar el vacío con otros castigos, en este caso extremo, inadmisible.
El problema real no es el pueblo, sino la corrupción galopante frente a una administración de justicia inoperante. De allí el peligro de "Fuenteovejuna".
La semana pasada, esta vez en Bolivia, en el poblado aymara de Ayo-Ayo, en los Andes, otro alcalde, Benjamín Altamirano, fue linchado por una turba enardecida, que lo acusaba de corrupción pública -¿casualidad?- pese a que poco antes había sido liberado de cargos por la Corte Superior de La Paz. Enardecida por el fallo, la multitud lo atacó en su propia casa con palos y piedras, hasta matarlo. Luego, lo ataron a un poste y le prendieron fuego.
En otro caso, esta vez en Guatemala, hace tres días, otra turba enardecida decapitó a un hechicero y arrojó su cuerpo a un río, acusándolo de abusos contra la sociedad. El hecho ocurrió en el departamento de Alta Verapaz. El denominador es el mismo, acción colectiva, ausencia de justicia o impunidad, una conducta en extremo reprochable para la comunidad -llámese abuso o corrupción- y un castigo extremo.
Lo ocurrido, aunque en casos aislados y pueblos remotos, ilustra los extremos a los que pueden ser empujados los pueblos cuando no hay justicia, cuando impera la impunidad, cuando fallan las leyes, y cuando se pierde la confianza en el sistema y en sus instituciones.
Participemos de la cruzada por la vida, contra el hambre, el desempleo, el aumento de la gasolina, los precios y la corrupción.
Algunas emisoras ya se han hecho eco de esta Cruzada y mantienen una cuña que manifiesta el objetivo de esta protesta pacífica. Unete.
Si no confías en ser parte de la solución, puedes ser parte del problema. "Existe un solo país y una sola bandera".
Dios te salve Panamá.

www.oasisdeopinion.20fr.com...una cruzada por la vida, es una cruzada por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Una forma de protestar diferente. Consiste en utilizar diariamente una pequeña cinta celeste en la parte superior izquierda de tu camisa o vestido.)

101 años de Panamá América

 
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