Corrupción y teleférico en el cerro Ancón
La Tremenda Corte, ya no la pongo entre comillas porque no es una manera de llamarla, ahora es su verdadero nombre; pues son tantos sus desafueros y desmanes que ya los panameños no le otorgamos ninguna credibilidad, no le tenemos ninguna confianza y sabemos a ciencia cierta que todo lo que emana de este lugar de perdición no es sino eso: corrupción y burla, total desprecio hacia los valores de los panameños que han muerto luchando por sus libertades y su dignidad.
La Tremenda Corte otra vez hace de las suyas y con un fallo falacioso, engañoso y cuyos efectos podrán ser nefastos para este sufrido pueblo, nos endilga encubriéndose en tecnicismos adúlteros, que la construcción del despreciado teleférico puede hacerse, pues en la época en que se dio el permiso para hacerlo (con anuencia de la ANAM), efectivamente, no se había publicado en Gaceta oficial que el cerro Ancón era un parque protegido y, por consiguiente, el fallo provisional que la corte dio en contra de esa construcción se anula, y se puede seguir adelante con ese mamotreto.
El cerro Ancón no sólo es el pulmón del centro de la ciudad, sino que posee una flora y una fauna que no se encuentra en ninguna ciudad del mundo. Es, además, un símbolo patrio pues allí murieron jóvenes panameños que lucharon para que ondeara nuestra bandera como lo hace hoy. Desde comienzos del siglo pasado, con la poesía tan conocida de Amelia Denis de Icaza, el Ancón ha sido un símbolo de la panameñidad.
Hace unos años se implicó al narcotraficante Rayo Montaño entre las personas interesadas en la construcción del teleférico, ¿cuáles son los intereses ocultos, los dineros que han cambiado de manos, para que en los últimos momentos del gobierno que se caracterizó por su corrupción y porque los malhechores que han estafado al erario público queden impunes, se interesara "súbitamente" en tan desastrosa construcción? Que no se nos venga con el cuento ridículo de que ciudades en Colombia o en Suiza, por ejemplo, tienen su teleférico y que porqué no Panamá.
Los mismos depredadores que realizaron el "urbanicidio" de la ciudad capital (los de la “Cinta Coimera”, los destructores de Bella Vista, San Francisco, las zonas revertidas, las costas, las islas, los ríos, etc.); esos mismos voraces y ambiciosos personajes quieren despojarnos de uno de los lugares más queridos y apreciados del pueblo panameño, el cual todos podemos visitarlo, a pie, en bicicleta, en auto; pero el afán de lucro los ha empujado a destruirlo todo, a venderlo todo al mejor postor. Qué importan los valores sentimentales, patrios, simbólicos si se puede obtener un poco de dinero.
Insto a todos a que nos rebelemos, a que salgamos a defender uno de nuestros más importantes bastiones patrios y ecológicos, y demostrar con ello que no todos los panameños somos corruptos, que no para todos los billetes verdes valen más que el verde de las hojas de los árboles; que, en suma, queremos que se vayan a destruir o a vender lo que les pertenece y que nos dejen amar y contemplar un cerro incólume a nosotros, a nuestros hijos, a nuestros nietos. La palabra la tenemos todos pero, sobre todo, el nuevo gobierno, al que le pedimos que cumpla su palabra y que investigue a los que "entraron limpios y salen millonarios"; que la Joya y la Joyita se llenen de ellos. Sólo así creeremos en un verdadero "cambio".