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Corsarios vs. Piratas del transporte


Valga distinguir entre piratas y corsarios. Los piratas se dedicaban al saqueo de los buques en beneficio propio, mientras que los corsarios hacían lo mismo bajo el amparo de permiso o "patente de corso" de gobierno de algún país. Los corsarios del transporte colectivo y selectivo, asidos de una patente de corso, llámese cupo o concesiones, que mayormente obtuvieron inmoral y delictivamente a base de influencia o coima, califican de piratas a los ciudadanos, mayormente desempleados, que utilizan sus vehículos para transportar a los pasajeros y con ello llevar el sustento a sus familias en un país sumido en una grave crisis socioeconómica. Ambos compiten en el negocio, con la ventaja a favor de los piratas que prestan un servicio menos traumático, más eficiente, cómodo y rápido.
Me he preguntado el por qué las autoridades protegen descomedidamente a los corsarios con patentes de corso para el servicio de transporte de las poblaciones dormitorios de la red metropolitana al oeste del Puente de las Américas, a tal punto que, para asegurarle clientela y castigar a los piratas, montan retenes que entorpecen el flujo vehicular, violan el derecho al libre tránsito y hostigan a los conductores y pasajeros.
No es un secreto que los corsarios se encuentran ajenos a control alguno de parte de las autoridades: Fijan el horario del servicio e itinerario dentro de sus rutas a como les plazca con la sola mira de llenarse de dinero durante las horas de alta demanda; implantan asientos estrechados para acomodar más pasajeros, sobrepasando la capacidad del vehículo, lo que obliga a un chaparro a doblar sus piernas arriesgando un tormentoso calambre; saturan los buses de pasajeros creando un caluroso y enervante ambiente; pese a estar sobrecargados recogen pasajeros donde le da su santa gana; etc.
Por lo anterior, el transporte colectivo de los corsarios se ha convertido en un verdadero calvario; de ahí que los usuarios de Panamá Oeste y de otros suburbios prefieren a los piratas, que lo brindan a todas horas y que les permite llegar descansados, sin sus vestimentas ajadas e impregnadas de malos olores y, desde luego que no sólo oportunamente a sus destinos sino próximos o en lugares más convenientes a sus desplazamientos. Pero es que al gobernante, manipulador de las patentes de corso, no le conviene que los usuarios tengan un mejor servicio, sino la continuidad de una "permisología" proclive a la corruptela que, por lo demás, incluso se sirven hasta para ganar clientela política.
Se dan frecuentemente los retenes que no son montados exactamente para castigar a los que no disponen de la patente de corso, sino aquellos que ubican por doquier a cualquier hora y lugar de acuerdo al capricho de un oficial de policía, quien a su arbitrio pretexta misión y fines que, al final de la jornada, resultan mayormente inefectivos. Sencillamente brindan a los agentes ociosos un represivo entretenimiento para el disfrute de prepotencias que le siembran esos complejos de autoridad disminuida, producto de un malentendido sobre sus funciones como agentes del orden público.
El futuro, por lo tanto, sigue para nosotros tan oscuro y lleno de presagios de violencia como cuando este aprendiz de déspota llegara -por una insólita combinación de circunstancias- a convertirse en presidente de la nación.
*Corresponsal de la agencia AIPE.
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