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Corte o cortesana


Sorprende la enorme presión que vienen aplicando allegados al Ejecutivo y amigos de los dos designados a ocupar las nuevas vacantes en la Corte Suprema de Justicia. Sorprende, porque uno pensaría que llegar al máximo tribunal de justicia es la recompensa por una vida profesional llena de éxitos académicos e intelectuales y no un premio por militancia política.
Pensar que alguien como Alberto Cigarruista ocupe un escaño en el tribunal supremo, ofende el sentido común del pueblo panameño. En materia legal, el señor Cigarruista no exhibe logros ni contribuciones al foro nacional. Debemos admitir que ha sido un buen político y que ha podido cultivar muchas amistades en la Asamblea, que estarían dispuestos a votar por él en base a una solidaridad mal entendida.
Winston Spadafora, por el contrario, se distinguió durante la lucha civilista, pero en su papel de ministro de Gobierno ha sido una desilusión. Se enemistó con la prensa y no tuvo reparos en utilizar las leyes mordaza para demandar a periodistas. Llegó al extremo de demandar penalmente a un semanario satírico y no ha podido contestar interrogantes en torno a lo que sucedió con el HP-1430. La opinión pública se pregunta el por qué de tantos indultos; indultos que han favorecido a gran cantidad de narcotraficantes. Uno de ellos fue tan escandaloso, que el Ejecutivo tuvo que recapacitar ordenando el arresto de un individuo vinculado al trasiego de drogas.
En política, como en el mundo de los negocios, existe el fenómeno conocido como el "Principio de Pedro". Los dos designados caen en la categoría de individuos que ascienden hasta el nivel de incompetencia; incompetencia que puede tener un efecto muy negativo a la hora de administrar justicia. No por su honradez u honestidad que no ponemos en duda, sino por sus estrechos vínculos con los partidos de gobierno. Pensar que se opondrán a las pretensiones o solicitudes del Ejecutivo en materia jurídica es engañarse.
Si son aprobados, la Presidencia controlará la Corte y eso se traducirá en fallos políticos, cuando lo que se necesita es equilibrio y claridad. Es tal la presión por ocupar los dos escaños vacantes que los críticos hablan de cortesanos en una Corte que el pueblo espera sea de lujo. Las enormes presiones emanadas del proceso amenazan la dirigencia de Martín Torrijos. Si Fito Duque y Titi Alvarado desafían la disciplina del PRD, asestarán un golpe mortal a las pretensiones presidenciales del señor Torrijos, demostrando que más pueden las conexiones políticas y las promesas económicas que la lealtad partidaria.

101 años de Panamá América

 
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