Corte Suprema de Justicia
Se ha discutido mucho sobre el sistema de elección de magistrados de nuestra Corte Suprema de Justicia. Se hace hincapié en que debe efectuarse en tal forma que no sea por designación de parte del Órgano ejecutivo para que resulte así prueba palmaria sobre la no ingerencia de organismo alguno en el ámbito de otro.
Se alega que ello conviene porque la experiencia ha demostrado que en no pocas ocasiones dicho nombramientos han sido de carácter meramente político o han estado salpicados de amistad personal o compadrazgo. Es evidente que se precisa hallar una nueva fórmula para poder así escoger a las figuras más merecedoras dada su demostrada rectitud e idoneidad profesional
En consecuencia, conviene considerar la posibilidad de que con la misma prioridad con la cual se ventilará ahora el dejar establecida una ley para regular el transporte público se haga lo mismo en cuanto a la elección de magistrados de nuestra Corte Suprema de Justicia. Dicho sea de paso, que también convendría hallarle solución al problema que constituye el sistema de que corresponde a los miembros de la Asamblea Nacional juzgar a los señores magistrados y a éstos juzgar a los señores diputados.
El sistema aludido ha demostrado no ser funcional, y peor aún, se ha prestado para que frente a acusaciones graves y dignas de investigación, lo que se ha hecho ha sido cerrarle el paso a las respectivas denuncias. Se las ha desestimado y ordenado su archivo mediante pronunciamientos que no han sido otra cosa más que una flagrante denegación de justicia.
Se alega que ello conviene porque la experiencia ha demostrado que en no pocas ocasiones dicho nombramientos han sido de carácter meramente político o han estado salpicados de amistad personal o compadrazgo. Es evidente que se precisa hallar una nueva fórmula para poder así escoger a las figuras más merecedoras dada su demostrada rectitud e idoneidad profesional
En consecuencia, conviene considerar la posibilidad de que con la misma prioridad con la cual se ventilará ahora el dejar establecida una ley para regular el transporte público se haga lo mismo en cuanto a la elección de magistrados de nuestra Corte Suprema de Justicia. Dicho sea de paso, que también convendría hallarle solución al problema que constituye el sistema de que corresponde a los miembros de la Asamblea Nacional juzgar a los señores magistrados y a éstos juzgar a los señores diputados.
El sistema aludido ha demostrado no ser funcional, y peor aún, se ha prestado para que frente a acusaciones graves y dignas de investigación, lo que se ha hecho ha sido cerrarle el paso a las respectivas denuncias. Se las ha desestimado y ordenado su archivo mediante pronunciamientos que no han sido otra cosa más que una flagrante denegación de justicia.