Corte Suprema no entiende de 'e9tica
Aun suponiendo que el magistrado Winston Spadafora fuera un hombre de honestidad absoluta, cuya gestión profesional como miembro de la Corte Suprema de Justicia fuese irreprochable, y que nunca hubiese sido víctima de una acusación cierta o falsa, lo conveniente para este órgano del Estado sería actuar basado en los valores éticos y morales de una nación. En resumen: la Corte Suprema debería estar excluida de los "entredichos" que regularmente afectan a algunos de sus miembros y menoscaban, aún más, su maltrecha credibilidad.
Y a fin de aclarar las más recientes acusaciones sobre las supuestas vinculaciones que antes o durante su gestión ha tenido el magistrado Spadafora con el caso Figali, es de suponer que la entidad encargada de la justicia en Panamá debería ser la más interesada en promover acciones institucionales para corregir estos problemas que la afectan, y que han colocado a nuestro país en la lista de naciones con tan baja calificación judicial en el ámbito nacional e internacional. Para los especialistas, esto último ha sido el germen de la corrupción imperante en nuestro país y no se podrá resolver hasta tanto la propia Corte no esté dispuesta a enmendarse con ética y moral pública a toda prueba.
Cuando la justicia en un país no va bien, nada camina a buen paso, y tarde o temprano el sistema entero termina por descalabrarse. No está lejano el tiempo de los tiranos Torrijos y Noriega, quienes nos enseñaron cuál puede ser el final de un régimen que se empeña en ignorar o, peor aún, menoscabar el papel de los tribunales de justicia en la construcción de la democracia. No permitamos que el país viva otra vez esta amarga experiencia.