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Cosas absurdas


Cuando las actuaciones absurdas de los ciudadanos se circunscriben al ámbito familiar, el daño ocasionado por las mismas es limitado. Sin embargo, cuando trascienden al campo político, el daño es grave y sus consecuencias nefastas. Me refiero al "neo-absurdismo" como método de gobernar que desgraciadamente se practica en muchos de los conglomerados modernos y que resulta ser la causa por la cual estamos sufriendo dentro de nuestra especie humana, las crueles y tristemente célebres consecuencias que con increíble eficiencia nos reportan los medios. Para muestra, comencemos con tres botones:
Absurdo 1: Los partidos políticos en su afán de obtener el máximo beneficio para sus seguidores, utilizan el sectarismo con pasión y desenfreno, a tal punto que al minuto de haber sido derrotados en una campaña democrática se auto-adjudican el título de "oposición". ¿Por qué es esto absurdo? Porque en la forma en que se practica universalmente, esto quiere decir que se van a oponer, abierta o disimuladamente a cualquier iniciativa que por ser buena para el país signifique un aumento en popularidad para el partido gobernante. ¿No se han preguntado ustedes por qué 2,000 años después de que Jesucristo vino al planeta a promover el amor al prójimo y la buena voluntad hacia nuestros semejantes, hemos progresado muy poco en nuestras relaciones interhumanas? ¿No sería más lógico que una vez terminada la campaña electoral, el partido ganador invitara a los perdedores para que en forma proporcional formen parte del equipo de gobierno y los dos grupos con sus mejores representantes se constituyan en un gobierno de coalición? Un gobierno que sin revanchismos ni rencores se dedicara a promover en forma pacífica y entusiasta las mejores iniciativas para que la ciudadanía reciba todos los beneficios a que tiene derecho. Aquellos individuos que ocupando posiciones relevantes y cuyo único objetivo sea la excelencia en su desempeño, adquirirán todo el beneplácito y popularidad proporcional a sus buenas acciones.
Absurdo 2: Y en esto somos desgraciadamente uno de los pocos países civilizados que nos hemos dado el lujo de practicar una fórmula aberrante que distorsiona totalmente el concepto democrático y que lleva como título "la revocatoria de mandato". Es increíble y va más allá de todos los límites del irrespeto a la clase votante y además constituye un insulto a la inteligencia de los mismos legisladores que aceptan que sus partidos los denigren en tal forma que no se les permita usar su propio criterio ni su independencia intelectual para emitir su voto. La alternativa sería que a los legisladores que estén dispuestos a someterse a esta humillación se les asigne un subsidio mensual cónsono con su papel de títeres; se les mande para su casa y se legisle por un sistema de cupones. Un cupón por cada legislador. Las iniciativas parlamentarias que se traigan al tapete, se presentarán al CEN de cada partido y únicamente, "ESTE", toma la decisión y presenta la totalidad de sus cupones para sustentarla o rechazarla. Ahorro en dinero; ahorro en personal subalterno; ahorro significativo en tiempo. Los resultados serían exactamente los mismos a los que tenemos ahora con la amenaza de la "revocatoria de mandato". ¿Ridículo verdad? Tanto así que sobrepasa los límites de lo absurdo que a nadie se le pueda ocurrir que los cuatro gatos que conforman el CEN de cualquier partido se sientan con autoridad suficiente para destituir a un legislador electo por miles de votantes sólo porque se atrevió a votar con su conciencia.
Absurdo 3: Las privatizaciones como metodología de gobierno. Cuando una actividad por su propia naturaleza de ser un servicio público constituye un monopolio natural y cuando un gobierno de corte nacionalista se dedica a la ardua tarea de nacionalizarla, se puede pensar que el país ha superado un escollo importantísimo para tratar de brindar estos servicios en forma humanista y generosa buscando el bienestar de la mayoría de sus asociados. Es inconcebible que un gobierno que gana sus elecciones pregonando las bondades del nacionalismo Torrijista, opte por echar abajo casualmente todos los conceptos en que estaba basada su campaña electoral y proceda a privatizar (extranjerizar) los servicios públicos. ¿Cuáles eran las excusas? 1. Que somos colectivamente incompetentes y no tenemos ni los ingenieros, ni los financistas, ni personal capacitado para manejar las posiciones ejecutivas que estos servicios requieren. 2. Que no había la más remota posibilidad de que pudiéramos financiar las mejoras que supuestamente iban a lograr los servicios privatizados (extranjerizados). Rechazo por absurdo que se nos catalogue a los panameños como incompetentes para manejar servicios que ya teníamos muchos años de estar administrando. Mucho más absurdo todavía, es que se insinúe que no había forma de financiar las mejoras de los mismos.
¿Será que estamos supuestos a ser retrasados mentales para no darnos cuenta que las mejoras, las pocas que hay, las estamos pagando todos con tarifas, (como en el caso de los teléfonos) aumentadas en un 200%, o sea, lo que antes nos costaba $10.50 mensual ahora anda por los alrededores de $30.00?. En pocas palabras, las mejoras se están financiando en la misma forma que se hubieran financiado si nos hubiéramos quedado con los servicios nacionalizados. Los mismos que extranjerizaron estos servicios ahora se quejan que la economía está en crisis. ¿Cómo no vamos a estar en crisis, si todavía nadie ha explicado con qué ingresos vamos a sustituir todos estos miles de dólares que se van de Panamá para nunca más volver? Que quede muy claro que no se le puede achacar culpabilidad a las empresas extranjeras que aprovecharon la oportunidad que se les brindó en bandeja de plata de asirse de sendos monopolios en forma cien por ciento legal. Tienen todo el derecho de defender su posición con el mote de "seguridad jurídica". Debemos recordar el viejo adagio que traducido al español reza: "la competencia es la vida del comercio, pero es un infierno".
La única solución valedera y para resolver este dilema económico y social, sería sentarse a negociar en forma amigable y respetuosa con las diferentes empresas y comprar de vuelta lo que nunca debió ser vendido. Qué mejor uso se le puede dar al Fondo Fiduciario, que anda en una especie de limbo financiero, que usarlo como base para esta transacción y cualquier otro sacrificio fiscal que fuera necesario debe hacerse lo más pronto posible, antes de que nos quedemos descapitalizados como nación. Si Omar Torrijos estuviera vivo jamás hubiera permitido que se extranjerizaran los servicios públicos que a él le costaron un gran esfuerzo nacionalizar. Como está muerto, sólo se puede pensar que se debe estar revolcando en su tumba.

101 años de Panamá América

 
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