Cosas de nuestra democracia
Hace algún tiempo escribí, en un periódico ya desaparecido, un largo artículo que titulé La miseria de la política, en el cual intentaba reflexionar sobre la manera en que los panameños forman sus opiniones y actúan en política. Concluía, entre otras cosas, en la pobreza del lenguaje político y del rumor como fuente de información fundamental para construir opiniones que se estiman profundas. Señalaba, finalmente, que existía un culto a la retórica vacía de los políticos y una carencia de debate ideológico, que nos aleja de las mieses de la democracia.
Hoy quisiera avanzar una posible explicación de tal estado de cosas, que nos distingue de otros países de nuestro continente. Sólo para que se vea con claridad, abramos los ojos a la realidad de Brasil, Chile, Uruguay o aún, de algún país centroamericano, y nos daremos cuenta de la degradación de nuestra política.
Creo que la primera causa es el sometimiento del país a una democracia prebendaria. Los largos años de dominación oligárquica han creado una mentalidad y un pensamiento banal.
Entre la prebenda (expresadas en todos los sentidos de la vida), la incapacidad para esfuerzos de largo aliento (expresada en el inmediatismo de las propuestas) y la cursilería y la frivolidad de muchos razonamientos "populares", se debate la política criolla.
Recordemos el largo período de dominio oligárquico y el uso del Estado y de los cargos públicos como botín de guerra, ofrecido a una población desamparada (por la propia política oligárquica), práctica que siguió vigente durante los gobiernos cívico militares y todavía perdura en la neodemocracia que vivimos.
¿Qué cambió, en este aspecto, en 100 años de república? Lo mismo podríamos decir del uso del Estado como instrumento de acumulación económica. Una política clientelista basada en la pequeña prebenda, es directamente proporcional a la gran prebenda y la gran corrupción en los altos cargos.
Una burguesía parasitaria, improductiva y proclive a la banalidad, se corresponde a la pequeña dádiva y prebenda otorgada a la mayoría de los nombrados en el Estado. Son, realmente, salarios de miseria para sobrevivir durante un período que se termina con el momento gubernamental.
Se comprende que un tipo de política tan degradada como ésa, no requiere un discurso teórico muy elaborado, de mucha profundidad, de largo aliento. Le basta con un discurso banal, pleno de trivialidades, aún poco articulado y que no supera lo meramente cotidiano. Como en todas las cosas sociales, el pensamiento es determinado por las condiciones objetivas de existencia social; es decir, el ser determina la conciencia.
La manera como se hace la política determina las formas y el contenido del pensamiento político. Y el pensamiento se expresa en el lenguaje que también refleja en nuestro país los bajos niveles del pensamiento. Es de esperar que toda esa cultura política primitiva pueda cambiar, para bien de nuestra democracia.
Hoy quisiera avanzar una posible explicación de tal estado de cosas, que nos distingue de otros países de nuestro continente. Sólo para que se vea con claridad, abramos los ojos a la realidad de Brasil, Chile, Uruguay o aún, de algún país centroamericano, y nos daremos cuenta de la degradación de nuestra política.
Creo que la primera causa es el sometimiento del país a una democracia prebendaria. Los largos años de dominación oligárquica han creado una mentalidad y un pensamiento banal.
Entre la prebenda (expresadas en todos los sentidos de la vida), la incapacidad para esfuerzos de largo aliento (expresada en el inmediatismo de las propuestas) y la cursilería y la frivolidad de muchos razonamientos "populares", se debate la política criolla.
Recordemos el largo período de dominio oligárquico y el uso del Estado y de los cargos públicos como botín de guerra, ofrecido a una población desamparada (por la propia política oligárquica), práctica que siguió vigente durante los gobiernos cívico militares y todavía perdura en la neodemocracia que vivimos.
¿Qué cambió, en este aspecto, en 100 años de república? Lo mismo podríamos decir del uso del Estado como instrumento de acumulación económica. Una política clientelista basada en la pequeña prebenda, es directamente proporcional a la gran prebenda y la gran corrupción en los altos cargos.
Una burguesía parasitaria, improductiva y proclive a la banalidad, se corresponde a la pequeña dádiva y prebenda otorgada a la mayoría de los nombrados en el Estado. Son, realmente, salarios de miseria para sobrevivir durante un período que se termina con el momento gubernamental.
Se comprende que un tipo de política tan degradada como ésa, no requiere un discurso teórico muy elaborado, de mucha profundidad, de largo aliento. Le basta con un discurso banal, pleno de trivialidades, aún poco articulado y que no supera lo meramente cotidiano. Como en todas las cosas sociales, el pensamiento es determinado por las condiciones objetivas de existencia social; es decir, el ser determina la conciencia.
La manera como se hace la política determina las formas y el contenido del pensamiento político. Y el pensamiento se expresa en el lenguaje que también refleja en nuestro país los bajos niveles del pensamiento. Es de esperar que toda esa cultura política primitiva pueda cambiar, para bien de nuestra democracia.