Cosas que tiene la justicia
Hubo alguien que dijo acertadamente que "justicia tardía no es justicia", esto es precisamente lo que le ocurre al magistrado José Manuel Faúndes, que a más de 15 meses de haberse dado el fallo de inocencia, (después de 43 meses de habérsele separado del cargo de magistrado), aún no le han pagado sus salarios caídos. En verdad no es sólo una aberración sino doblemente injusto, y un exabrupto que a más de un año de haberse dado el fallo de inocencia, aún se le deben los 43 meses de salarios caídos al magistrado Faúndes, ¿por qué?. Porque la administración anterior en la Corte permitió e hizo más de lo que le permite la Constitución y la Ley, al pagar los salarios caídos al desaparecido magistrado suplente de Faúndes, el magistrado Humberto Collado.
Es evidente, que quien tuvo la infortunada idea de pagarle los salarios caídos que le corresponde al magistrado José Manuel Faúndes a su suplente personal Collado, sin duda cometió una arbitrariedad, y es que el erario público no podía darse el lujo de pagar un doble salario de diez mil balboas a un magistrado de la Corte, cuando era harto conocido que el magistrado Faúndes sólo estaba separado de su cargo y, era imposible pagarle los dineros de Faúndes a Collado. Pero la anterior administración en la Corte, creyendo quizás que el gobierno que ostentaba el poder iba a repetir su mandato en las elecciones de 2 de mayo de 1999, le pagó los salarios caídos que le corresponden a Faúndes al difunto magistrado Collado, razón por la cual quien tiene todo el legítimo derecho de cobrar tales emolumentos aún no ha recibido ni un solo centésimo, a pesar del lapso transcurrido y la larga espera.
Todos sabemos que cuando el gobierno antecesor montó sistemáticamente la oprobiosa e infame patraña para de todas maneras procesar al magistrado Faúndes en la Asamblea Legislativa, se gastaron de los dineros del pueblo panameño, miles y miles de balboas en un juicio político, cuyo único propósito era complacer el ego de una persona y poder sacar a un magistrado de la Corte para él nombrar uno que le fuera dócil y complaciente. De todo hicieron en su contra durante el gobierno de Pérez Balladares, testigos mitómanos, grabaciones subrepticias, doblajes y demás, como argucias para mantener alejado del cargo al octogenario magistrado hasta que surgiera una solución, quizás por hambre o tal vez por decurso biológico, pero jamás se logró doblegar la tenacidad por la fe ciega de su inocencia del valiente, persistente y tenaz magistrado de la Sala Penal de la Corte.
Pero como dolorosa ironía del destino, como contraste de la suerte del magistrado Faúndes, tampoco la actual administración, en aires de venganza quizá y no a la vocación y responsabilidad de servir a la justicia, con ansias y aspiraciones de más salarios y más ventajas so pretexto de acabar con la mora judicial -en lugar de pagar los salarios atrasados a Faúndes en detrimento directo- le han incrementado todos los salarios a magistrados, jueves y otros funcionarios, cuando lo sensato y justo era cancelar con dichos fondos los salarios caídos e intereses a que tiene derecho por ley el magistrado Faúndes. ¿ Hasta cuándo tanta injusticia? ¿Qué están esperando? ¿Acaso su deceso físico?
Sobre el particular sobresalen y están las declaraciones públicas de la señora presidenta Mireya Moscoso manifestadas al país, en el sentido que los salarios caídos del magistrado Faúndes en su totalidad iban a ser cancelados, pero desafortunadamente a la fecha de dichas declaraciones de noviembre de 2000, han transcurrido 7 meses y aún no se le han hechos los pagos. Ojalá quiera Dios que no pase más tiempo, y la promesa pública de pago hecha por la mandataria se cumpla.
Es axiomático y doblemente lamentable que cosas como éstas ocurran precisamente dentro de un órgano encargado de administrar justicia, ya que en la percepción general de la ciudadanía queda la impresión negativa, que si esto le ocurre a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, qué se puede esperar con la suerte del ciudadano común.
Los privilegios de la casta de jueces los pagamos todos, y ya es hora de que cesen estos excesos e injusticias, dentro de un Organo del Estado, precisamente encargado de la administración de justicia del país. ¿O no?.
Es evidente, que quien tuvo la infortunada idea de pagarle los salarios caídos que le corresponde al magistrado José Manuel Faúndes a su suplente personal Collado, sin duda cometió una arbitrariedad, y es que el erario público no podía darse el lujo de pagar un doble salario de diez mil balboas a un magistrado de la Corte, cuando era harto conocido que el magistrado Faúndes sólo estaba separado de su cargo y, era imposible pagarle los dineros de Faúndes a Collado. Pero la anterior administración en la Corte, creyendo quizás que el gobierno que ostentaba el poder iba a repetir su mandato en las elecciones de 2 de mayo de 1999, le pagó los salarios caídos que le corresponden a Faúndes al difunto magistrado Collado, razón por la cual quien tiene todo el legítimo derecho de cobrar tales emolumentos aún no ha recibido ni un solo centésimo, a pesar del lapso transcurrido y la larga espera.
Todos sabemos que cuando el gobierno antecesor montó sistemáticamente la oprobiosa e infame patraña para de todas maneras procesar al magistrado Faúndes en la Asamblea Legislativa, se gastaron de los dineros del pueblo panameño, miles y miles de balboas en un juicio político, cuyo único propósito era complacer el ego de una persona y poder sacar a un magistrado de la Corte para él nombrar uno que le fuera dócil y complaciente. De todo hicieron en su contra durante el gobierno de Pérez Balladares, testigos mitómanos, grabaciones subrepticias, doblajes y demás, como argucias para mantener alejado del cargo al octogenario magistrado hasta que surgiera una solución, quizás por hambre o tal vez por decurso biológico, pero jamás se logró doblegar la tenacidad por la fe ciega de su inocencia del valiente, persistente y tenaz magistrado de la Sala Penal de la Corte.
Pero como dolorosa ironía del destino, como contraste de la suerte del magistrado Faúndes, tampoco la actual administración, en aires de venganza quizá y no a la vocación y responsabilidad de servir a la justicia, con ansias y aspiraciones de más salarios y más ventajas so pretexto de acabar con la mora judicial -en lugar de pagar los salarios atrasados a Faúndes en detrimento directo- le han incrementado todos los salarios a magistrados, jueves y otros funcionarios, cuando lo sensato y justo era cancelar con dichos fondos los salarios caídos e intereses a que tiene derecho por ley el magistrado Faúndes. ¿ Hasta cuándo tanta injusticia? ¿Qué están esperando? ¿Acaso su deceso físico?
Sobre el particular sobresalen y están las declaraciones públicas de la señora presidenta Mireya Moscoso manifestadas al país, en el sentido que los salarios caídos del magistrado Faúndes en su totalidad iban a ser cancelados, pero desafortunadamente a la fecha de dichas declaraciones de noviembre de 2000, han transcurrido 7 meses y aún no se le han hechos los pagos. Ojalá quiera Dios que no pase más tiempo, y la promesa pública de pago hecha por la mandataria se cumpla.
Es axiomático y doblemente lamentable que cosas como éstas ocurran precisamente dentro de un órgano encargado de administrar justicia, ya que en la percepción general de la ciudadanía queda la impresión negativa, que si esto le ocurre a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, qué se puede esperar con la suerte del ciudadano común.
Los privilegios de la casta de jueces los pagamos todos, y ya es hora de que cesen estos excesos e injusticias, dentro de un Organo del Estado, precisamente encargado de la administración de justicia del país. ¿O no?.