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Cosas veredes...


A mi retorno al país luego de unas excelentes vacaciones, físicas y mentales, que me alejó de la Patria por varias semanas, encuentro que las cosas en mi país siguen su rumbo inexorable hacia el despeñadero. Y continua la apatía imperdonable de la sociedad civil. Veamos que pasó en mi ausencia (de las cosas que salen en los periódicos; de las que no salen a luz pública solo Dios y los culpables saben) Tres situaciones dominan la opinión pública.
Examínemelas, no necesariamente en su grado de daño a nuestra imagen: Las declaraciones de doña Linda ¡Qué gran alboroto se formó con las declaraciones de la digna representante de nuestro gran amigo y de "relación especial" que es el Coloso del Norte! Hubo amenazas de rompimiento de relaciones diplomáticas, congelamiento del proceso legislativo de ese otro gran escándalo que es el tratado bilateral que nos imponen los gringos o nos dejan sin plata y TLC. Propuestas de declararla persona non grata. Algo así como en los tiempos del anciano Irán, matar al portador de malas noticias. En fin, por todas partes, reacciones airadas por la "intervención extranjera en nuestros asuntos internos" y emotivas expresiones de indignación. ¡Gran dolor por el orgullo nacional mancillado por el extranjero! ¡En fin un gran berrinche!
Veamos las cosas más objetivamente. Para empezar lo que doña Linda dijo es materia conocida aquí y en el mundo entero. Sugiero, si no me creen, estudiar los documentos que emiten organismos internacionales como Transparencia Internacional, World Competitiveness Organization, Naciones Unidas, Fondo Monetario Internacional, calificadoras de riesgo, la CIA y otros.
Verán lo que indican los índices de pobreza, corrupción, inseguridad jurídica, impunidad y ausencia de transparencia en la cosa pública en nuestro Panamá. Lean y confirmen lo que digo, esta información es de libre acceso en el Internet ( usen un "buscador" como Google) ¡Ah!, pero esta vez lo dice "La embajadora de los Estados Unidos de América", que "descaro y falta de cortesía diplomática"; "que falta de respeto a nuestro orgullo patrio". Señores, lo he dicho y lo repito, conozco bien el temperamento norteamericano, soy producto de su educación superior y trabajé gran parte de mi vida con una de sus más notables multinacionales, guardo gran admiración por ese pueblo, pero sé que ellos sólo respetan a los que se hacen respetar.
Reconocen nobleza de carácter e integridad; desprecian y mancillan el servilismo. Y con dolor debemos aceptar que pocos son los ejemplos en nuestra historia en donde hemos actuado con firmeza, integridad y de cara al pueblo ante sus exigencias. Ejemplo hay, pocos pero significativos como han sido las actuaciones de esos grandes panameños: Harmodio Arias, Arnulfo Arias, Ernesto De La Guardia, José Antonio Remón, Rodolfo Chiari y Omar Torrijos. La actitud de estos dirigentes ante el Coloso del Norte les ganó su respeto y logro de nuestros objetivos nacionales. Imitémosle y veremos cambios en sus actitudes hacia nosotros; sigamos "agachando el lomo" y seguirán burlándose de nosotros e imponiendo su voluntad. Lo más irónico de la situación con doña Linda fue que al final todo terminó en sonrisas y mutuas expresiones de admiración y afecto entre doña Linda y nuestro Canciller. En pocas palabras: aquí no paso nada, "tutti contenti" "niente di fare" y entonces, ¿por qué tanto "berrinche"?
El fallo de la Corte sobre el Caso Cemis. Queridos lectores, esto no tiene nombre. Aquí se rebosó la copa. Palabras sobran para describir la desfachatez del deplorable e inverosímil fallo. ¡Qué irrespeto y violación moral! Lo más doloroso es que la "aguantamos" callaitos". Mejor no sigo pues mi frustración y rabia ante este tema es tal que de continuar me pueden acusar de incitación a la violencia y no se equivocarían.
No puedo cerrar este tema, sin embargo sin expresar mi mayor admiración y respeto por la actitud de los magistrados Hoyos, Fábrega y Arjona. Mi eterno agradecimiento por demostrar que aún hay panameños valientes y de alta integridad profesional.
El último tratado bilateral con los Estados Unidos, ya en escrito anterior, mucho antes de su presentación a la Asamblea, hice mención a este tratado, critiqué su esencia y razón de ser, y sobre todo a la manera debajo de mesa como se manejo el tema en Washington. Crítica que unidas a otras similares motivó un artículo bajo el ofensivo título de "Los perros ladran" del señor embajador nuestro en Washington (¿querría demostrar que leyó Cervantes?) Lo cierto es que este bendito tratado bilateral más que las declaraciones de doña Linda sí es un serio agravio a nuestra dignidad nacional. Aquí si debiéramos armar la madre de todos los "berrinches". Pero, ¿tendremos el coraje? ¿Podremos resistir la amenaza de que nos quitarán o no nos darán mas plata? ¿Qué creen Uds.? Yo personalmente creo que el Tratado es un hecho, las sonrisas de doña Linda y nuestro Canciller me lo confirman. Es más creo que es parte del precio ya negociado que tendremos que pagar para abrir negociaciones formales para el TLC. Y pasaremos ante la faz del Mundo como otra "Banana Republic" sin medula espinal. Evalúen la lista de países que nos acompañan en haberles "agachado el lomo" al Coloso del Norte. Aumentando la ya muy pobre imagen que el mundo entero tiene de nosotros. Además, en franca violación del Acuerdo de Roma que recién ratificamos, agravado por nuestra promoción de una extranjera, que su país no quiso promover, para una plaza a la Corte Penal Internacional. Además de Banana Republic damos una imagen de tener doble estándares.
Considerando los temas anteriores y sobre todo nuestra apatía ciudadana, queridos lectores, ¿tengo o no razón en insistir que somos un país de borregos? ¿Qué me dicen? Convénzame de lo contrario.
Desde entonces, y en varias ocasiones, se ha cuestionado el proceso constituyente de 1940 emprendido por Arnulfo Arias por una cierta proclividad cesarista en su concepción de la democracia. Es cierto que dicha Constitución extendía su periodo a 6 años. Quizás lo que debemos evaluar con más detenimiento es hasta qué punto existía una ciudadanía organizada, una sociedad civil (como la llamaríamos hoy), capaz de hacer aportes significativos en cuanto a los nuevos rumbos.
El Movimiento Frente Patriótico no se inició antes de 1943 y el primer congreso de la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) tuvo lugar en 1944. La Universidad de Panamá que había iniciado labores en 1935 comenzó a graduar las primeras generaciones de profesionales a partir de 1940.
Hay dos excepciones de las que dar cuenta: el movimiento feminista y el sindicalismo, que están en cierto modo imbricados. Desde 1923 las mujeres panameñas manifestaron su beligerancia en la vida pública del país a través de la fundación del Partido Nacional Feminista; no obstante, el movimiento había sido combatido y desmovilizado por la administración de Juan Demóstenes Arosemena (1936-1939).
Aunque las mujeres panameñas habían tenido una amplia participación en la lucha inquilinaria y en importantes movimientos huelguísticos, su principal lucha en esos momentos era el derecho al voto y como Arias estuvo dispuesto a reconocerlo (si bien de forma mediatizada pues sólo a las mujeres "educadas" se les concedió votar) el discurso político del feminismo panameño fue momentáneamente subsumido por el proyecto de Estado social impulsado por Arias.
El movimiento obrero tenía una presencia social, sí, pero sin una oferta política concreta y sin un discurso competidor en la arena pública. Además, las propuestas sociales de Arias ciertamente eran atractivas para la clase obrera.
Si la Constitución de 1941 no fue el resultado de un amplio proceso de participación popular es probablemente porque la sociedad civil no tenía la fortaleza para constituirse en un actor en ese proceso. Por contraste, Arnulfo Arias tenía la visión para sumar a las grandes mayorías de panameños a su proyecto, y la garra para conducir y llevar a feliz término la renovación del orden constitucional.
La Constitución de 1941 tenía graves defectos; el más prominente es la discriminación contra las etnias afroantillana y china, pues despojaba de la nacionalidad a un número importante de panameños, impedía que sus generaciones más jóvenes se incorporaran a la panameñidad y prohibía y limitaba su ingreso al país. Es allí donde muestra sus colmillos el autoritarismo que es inseparable de aquel proceso constituyente.
En conclusión: no necesitó Arnulfo Arias una norma constitucional que le dijese lo que tenía que hacer; su intuición política supo identificar claramente que el mandato popular avalaba la renovación constitucional, que era una necesidad sentida desde hacía una década. Entiende muy poco de las constituciones, de la historia y de la sociedad el que sostiene que lo que hizo Arias fue simplemente inconstitucional.
Indudablemente, el país no cuenta hoy con un liderazgo político de la calidad del de aquella coyuntura irrepetible. Sí hay, por el contrario, una sociedad civil organizada que, pese a sus debilidades, ha logrado desarrollar un liderazgo ciudadano que será un buen aliado de cualquier gobernante honesto que se atreva a actuar con responsabilidad y determinación.
Los políticos de hoy pueden buscar sumarse a ese liderazgo ciudadano o rivalizar ante el público. Lo que no pueden hacer es darse el lujo de ignorarlo.

101 años de Panamá América

 
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