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Costo de la educación particular


Desde hace más de dos décadas, Chile es la estrella de América Latina en todo, por no pasar a enumerar un sinfín de rubros entre lo económico y social. El de mejores índices de transparencia, competitividad, apertura, competitividad, índices sociales, calidad de vida, niveles de empleo, crecimiento sostenido, manejo de la deuda y, otra vez, todo. Pero no fue casualidad, ni un milagro. Fue pura política de gobierno que, partiendo de una dictadura y su programada evolución hacia regímenes democráticos.
¿Cómo lo hicieron? Fue pura educación y punto. Cierto que desburocratizaron, redujeron la planilla, bajaron aranceles, etc. Pero eso no fue lo fundamental, fue la educación. Olvidemos lo demás. Lo primero que hicieron fue trazar una meta ambiciosa, igualar el nivel de calidad escolar entre las escuelas públicas y particulares del interior o provincia y la ciudad. Ese fue su milagro. Lo demás vino solo.
Costa Rica primero y El Salvador después, han hecho igual, con magníficos resultados. En Panamá, en cambio, seguimos dando tumbos por un camino anárquico en el que, dilapidando más dinero y porciones crecientes del Producto Interno Bruto, los resultados y el producto son cada vez peores. Estamos siguiendo un camino a la inversa, ampliando el abismo entre educación pública y particular. El abismo y la falta de competencia con el sector público ha propiciado en la escuela privada panameña preocupantes niveles de anarquía, abuso y merma de calidad. Una de sus más odiosas manifestaciones es el incremento irracional de sus costos, incluyendo los textos escolares. Anarquía, porque no hay un ente o equipo interdisciplinario que a nombre de la comunidad educativa evalúe previamente los textos y sus resultados en el tiempo. Aquí, los cambian cada año, sin más consideración que el lucro.
De ese modo, un niño de pre escolar, se encuentra con que una escuela como Saint Mary exigía textos por costo alrededor de B/. 200 sólo para descubrir que ni siquiera un tercio se usa. A otro de cuarto año del Episcopal se le exige un libro de historia de B/.75 junto a otros que exceden los B/.400. A otro un profesor de francés le rebaja la nota sólo porque no viste calcetines con un sello escolar que nadie ve bajo la basta, el que por supuesto vende sólo la escuela. Un paquete de textos de pre escolar y primer grado de Oxford cuesta cerca de B/.250, con previsibles resultados.
Hay un escandaloso conflicto de intereses. El centro que cada año cambia los textos, es el mismo que los evalúa cada año y los vende. Así, el costo de la educación particular se mueve en cinco vertientes: los de ingreso, las mensualidades, los textos, los útiles y uniformes y las copiosas erogaciones que fluyen en el curso del año entre cuotas para la compra de un acondicionador de aire, padres de familia, paseos, tiendas escolares, costo de agendas, camisetas, abrigos, ferias, paseos, etc., todo sin consideración a la calidad.

101 años de Panamá América

 
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