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Crecer con progreso y desarrollo


EN NUESTRO país, como en el resto del mundo, no escasean los grupos que abogan por la libertad económica, el gobierno mínimo y por políticos anónimos como los de Suiza (donde hay un gobierno colegiado pero les es imposible tener empleada doméstica). Estos conceptos están siendo revisados con visión binocular por líderes del pensamiento económico mundial, como Joseph Stiglitz, Amartya Sen o Jeffrey Sachs entre otros, para refutar a voceros que proponen recetas fraudulentas, inventadas por propagandistas con ideas contradictorias a las de Adam Smith, quien propugnaba por un Estado que garantizara libertad, educación, justicia y salud.
De modo que algunos anarquistas libertarios no saben apreciar, ni agradecer, la débil pequeñez de nuestro gobierno. Si leen bien los periódicos, en los últimos tres aspectos mencionados en el párrafo anterior, se ha nombrado un comité de ciudadanos en quienes el gobierno ha delegado esa potestad a la que se refería el padre fundador del liberalismo económico. Obviamente sin obtener resultado alguno, puesto que nadie puede garantizar lo que no tiene.
La historia reciente nos demuestra palmariamente, que para resolver el problema del desempleo y la pobreza no se requiere de un Estado autoritario u opresivo, ni tampoco de un Estado débil o ausente, sino de un Estado eficiente. Eficiencia que se logra sabiendo elegir a los mejores y no a caciques regionales o jefes de la partidocracia financiada por los mismos que luego, cínicamente, critican o protestan cuando no los tienen en cuenta en los proyectos económicos del gobierno. Eficiencia que se lograría con transparencia de verdad, como, por ejemplo, saber quienes son los individuos o instituciones que donan a las campañas políticas y a quienes se les beneficia con contratos. Eficiencia que se lograría si los ciudadanos probos, justos y capaces salieran a disputar los puestos de elección e hicieran fuerza a través de sus instituciones -verdaderamente representativas- para corregir los vicios creados entre gobierno y gobernados. Eficiencia, en fin, lograda con proyectos de política económica con visión de futuro, como en su tiempo lo han hecho prohombres de la talla de Carlos A. Mendoza y Belisario Porras.
El desempleo es realmente una calamidad. Aunque haya empresas que ven en esto una oportunidad para conseguir mano de obra barata. He leído que los anarquistas libertarios, por tal razón, le escapan al pleno empleo como gato escaldado. A mi modo ciudadano de ver la realidad, no es posible vencer el desempleo, ni la pobreza, si la estructura económica del país se basa solamente en la política del "biencuidao". Tampoco es, como se ha escrito, que los obreros o empleados criollos vean el trabajo como algo denigrante. Desde hace más de treinta años atiendo la salud de obreros, profesionales y empresarios y nunca he oído o percibido nada semejante.
Lo que sí me parece denigrante y sin futuro, es que nos contentemos con ser sólo un país prestador de servicios. También encuentro denigrante que algunos industriales, ante el mínimo amague competitivo, huyan y vendan al extranjero para que estos cierren la fábrica, despidan a los empleados, e importen lo que antes el país producía, consumía y exportaba.
Si no agregamos a las ventajas de nuestra capacidad de servicio una economía fundada en la producción, en la industria y en la manufactura de las materias primas que hoy se exportan vírgenes de mano de obra, nuestro desempleo seguirá produciendo pobres. Se dice que la fuerza laboral consta de un millón y medio de personas y que unos 180 mil panameños, no tienen trabajo. No sé cuántos son los que tienen un trabajo informal: aquellos que no se les paga seguro social, ni sueldo mínimo y que se les hace contratos cada tres meses. Pero debiera ser más del doble.
Pero lo que me asombra es que se afirme que el desempleo es una cuestión política porque el Estado no es capaz de mejorar el mercado. Entonces lo que han hecho los empresarios y el gobierno para armar el TLC con USA, ¿no sirve, está mal, oculta algo, o es que se equivocaron quienes lo aprobaron sin leer?
También se duda que los sindicatos puedan resolver sus necesidades a través de sus convenciones colectivas. Precisamente eso es en lo único que son medianamente eficaces porque, de lo contrario, las empresas seguirían pagando salarios mínimos miserables, que por otro lado, mal que les pese a los libertarios, el gobierno ya los ha superado. Una contradicción ideológica verdaderamente vergonzosa.
Acepto que no existe ningún sistema económico perfecto. Por eso quiero dejar claro que mi posición no está en contra de la libertad de comerciar, pero admito que la actividad de los comerciantes debe ser vigilada y controlada con leyes antiabuso aplicadas a todos por igual.
Lo sucedido recientemente con la importación fraudulenta de veneno por glicerina, demuestra la venalidad del mercado, aunque sería más justo decir, de los mercaderes, que son los que lo integran y cuán débil ha sido el Estado para prevenirla y corregirla. Tampoco estoy en contra de un Estado pequeño que sea eficaz, ni de políticos honestos con visión de estadistas. Pero en lo que sí me encontrarán fervorosamente partidario, como médico y como ciudadano, es en defender la obligación que tiene en esencia el Estado, cualquiera sea su ideología, de proteger a los más débiles y necesitados.
(drjcal@psi.net.pa)

101 años de Panamá América

 
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