Crecer en pobreza
Las autoridades del gobierno insisten en proclamar que la situación económica de los panameños ha mejorado porque el crecimiento del producto interno bruto refleja un aumento durante el último trimestre. Sin embargo a través de las encuestas descubrimos que la mayoría de la población no concuerda con esta opinión, porque percibe que se continúa agudizando el problema del desempleo y la pobreza.
Este contrasentido entre las cifras de crecimiento enarboladas por los gobernantes y la realidad que viven sus gobernados demuestra que si pretendemos medir el nivel de bienestar tendremos que dejar de utilizar el Crecimiento del Producto Interno Bruto como una cifra que sirve para evaluar el éxito o fracaso de la gestión económica del gobierno.
Y es que la simple creación de riqueza no significa garantía de estarnos acercando al desarrollo social, pues podemos estar creciendo económicamente y a la vez deteriorando la condición económica de muchos panameños y panameñas.
Cuando se crea riqueza y esta no se distribuye ampliamente en la base de la pirámide social, podemos estar generando mayores causas de malestar y de descontento en lugar de satisfacer las necesidades del pueblo.
En efecto, la simple suma algebraica de la facturación en los diferentes sectores económicos como fórmula para llegar al crecimiento del producto interno bruto puede estar escondiendo deterioros en actividades generadoras de empleo y distribuidoras de riqueza, detrás de mejorías en otras actividades que más bien la concentran. Hoy en día se requieren otros parámetros sociales además del crecimiento del PIB cuando se busca medir mejor y con más certeza el efecto de las políticas económicas sobre el nivel de desarrollo aspirado.
En ese sentido las Naciones Unidas han establecido tres parámetros básicos que tienen que ver con el ingreso, la salud y la educación para establecer el llamado índice de desarrollo humano que permite evaluar los avances o retrocesos de los diferentes países del mundo en su camino hacia el desarrollo de su población. Cuestiones como la expectativa de vida y el nivel de escolaridad comparten importancia con el nivel de ingresos porque uno sin el otro carecen de sentido cuando nos estamos refiriendo al bienestar personal.
Dejemos de estar utilizando el crecimiento del PIB como única fórmula para analizar si avanzamos o retrocedemos porque podemos estar creciendo en pobreza cuando mostramos sólo el crecimiento en riqueza.
Este contrasentido entre las cifras de crecimiento enarboladas por los gobernantes y la realidad que viven sus gobernados demuestra que si pretendemos medir el nivel de bienestar tendremos que dejar de utilizar el Crecimiento del Producto Interno Bruto como una cifra que sirve para evaluar el éxito o fracaso de la gestión económica del gobierno.
Y es que la simple creación de riqueza no significa garantía de estarnos acercando al desarrollo social, pues podemos estar creciendo económicamente y a la vez deteriorando la condición económica de muchos panameños y panameñas.
Cuando se crea riqueza y esta no se distribuye ampliamente en la base de la pirámide social, podemos estar generando mayores causas de malestar y de descontento en lugar de satisfacer las necesidades del pueblo.
En efecto, la simple suma algebraica de la facturación en los diferentes sectores económicos como fórmula para llegar al crecimiento del producto interno bruto puede estar escondiendo deterioros en actividades generadoras de empleo y distribuidoras de riqueza, detrás de mejorías en otras actividades que más bien la concentran. Hoy en día se requieren otros parámetros sociales además del crecimiento del PIB cuando se busca medir mejor y con más certeza el efecto de las políticas económicas sobre el nivel de desarrollo aspirado.
En ese sentido las Naciones Unidas han establecido tres parámetros básicos que tienen que ver con el ingreso, la salud y la educación para establecer el llamado índice de desarrollo humano que permite evaluar los avances o retrocesos de los diferentes países del mundo en su camino hacia el desarrollo de su población. Cuestiones como la expectativa de vida y el nivel de escolaridad comparten importancia con el nivel de ingresos porque uno sin el otro carecen de sentido cuando nos estamos refiriendo al bienestar personal.
Dejemos de estar utilizando el crecimiento del PIB como única fórmula para analizar si avanzamos o retrocedemos porque podemos estar creciendo en pobreza cuando mostramos sólo el crecimiento en riqueza.