Crecimiento sostenible
En una era en que todo problema se pretende atender con tecnología y artificios científicos, resulta refrescante que todavía el ingenio humano en el uso de la naturaleza produce soluciones eficaces que causan poco o ningún daño al entorno. Se trata del uso y entrenamiento de animales para preservar o promover actividades productivas minimizando el daño al medio ambiente.
En los Estados Unidos, por ejemplo, los criadores de ovejas llevan décadas combatiendo a los coyotes, una especie canina sumamente astuta, que ha sobrevivido los constantes, renovados y concertados esfuerzos para erradicarlo. En una época, los rancheros recurrieron a colocar carnada envenenada, pero no pasó mucho hasta que estas pequeñas criaturas reconocieron lo que estaba pasando y resultó ineficaz contra ellos; sin embargo, los águilas calvos (“bold eagles”), que no podían hacer la distinción, resultaron sumamente afectados, aumentando las posibilidades de su extinción. Pues ahora los rancheros de ovejas han recurrido a otros animales, como alpacas, llamas y burros. Resulta que estos animales, que también son herbívoros y se nutren de los mismos alimentos que las ovejas, son demasiado grandes e intimidan a los coyotes. Y ambos se sienten cómodos conviviendo con las ovejas.
Hay otros ejemplos. En el Estado de la Florida, llevan años utilizando a manatíes para controlar el crecimiento de ciertas algas que obstruyen los canales y causan inundaciones. Estos elefantes marinos consumen al día entre 10% y 15% de su peso. Es cierto que aún con los manatíes, las algas siguen creciendo; sin embargo, sin ellas sería peor. Una solución parecida podría considerarse en Panamá para la “lechuga acuática” que crece en los embalses hidroeléctricos de Bayano y Fortuna.
Otro ejemplo, un tanto más curioso, viene de Mozambique, en Africa, donde una fundación sin fines de lucro denominada Apopo está utilizando un animalito nativo del área, como una rata grande, para detectar minas y explosivos enterrados. Como son menos pesados que los perros tradicionalmente utilizados para estos fines, las ratas gigantes no activan las minas cuando las encuentran. Estos artefactos están hoy día prohibidos por un tratado internacional, pero fueron colocados por todo Africa durante los años de guerra civil y continúan causando miles de muertes todos los años. Ahora el Banco Mundial está dando su apoyo para ver si estos mismos animales van a Tanzania a realizar el mismo trabajo.
De hecho, los ejemplos abundan: en Kenya agricultores ubican panales de abejas en sitios estratégicos para mantener a los elefantes fuera de las áreas de cultivo; en Java procrean pitones para controlar el incremento hasta ahora incontrolable de ratones; en Londres y Nueva York utilizan águilas para disminuir el número de palomas.
Aunque no todos han sido neutrales en sus efectos al medio ambiente (hay varios ejemplos en Australia con resultados contraproducentes), lo cierto es que con algo de ingenio y control todavía se puede recurrir a la propia naturaleza para llevar a cabo nuestras actividades sin destruirla, promoviendo el tan anhelado crecimiento sostenible.
En los Estados Unidos, por ejemplo, los criadores de ovejas llevan décadas combatiendo a los coyotes, una especie canina sumamente astuta, que ha sobrevivido los constantes, renovados y concertados esfuerzos para erradicarlo. En una época, los rancheros recurrieron a colocar carnada envenenada, pero no pasó mucho hasta que estas pequeñas criaturas reconocieron lo que estaba pasando y resultó ineficaz contra ellos; sin embargo, los águilas calvos (“bold eagles”), que no podían hacer la distinción, resultaron sumamente afectados, aumentando las posibilidades de su extinción. Pues ahora los rancheros de ovejas han recurrido a otros animales, como alpacas, llamas y burros. Resulta que estos animales, que también son herbívoros y se nutren de los mismos alimentos que las ovejas, son demasiado grandes e intimidan a los coyotes. Y ambos se sienten cómodos conviviendo con las ovejas.
Hay otros ejemplos. En el Estado de la Florida, llevan años utilizando a manatíes para controlar el crecimiento de ciertas algas que obstruyen los canales y causan inundaciones. Estos elefantes marinos consumen al día entre 10% y 15% de su peso. Es cierto que aún con los manatíes, las algas siguen creciendo; sin embargo, sin ellas sería peor. Una solución parecida podría considerarse en Panamá para la “lechuga acuática” que crece en los embalses hidroeléctricos de Bayano y Fortuna.
Otro ejemplo, un tanto más curioso, viene de Mozambique, en Africa, donde una fundación sin fines de lucro denominada Apopo está utilizando un animalito nativo del área, como una rata grande, para detectar minas y explosivos enterrados. Como son menos pesados que los perros tradicionalmente utilizados para estos fines, las ratas gigantes no activan las minas cuando las encuentran. Estos artefactos están hoy día prohibidos por un tratado internacional, pero fueron colocados por todo Africa durante los años de guerra civil y continúan causando miles de muertes todos los años. Ahora el Banco Mundial está dando su apoyo para ver si estos mismos animales van a Tanzania a realizar el mismo trabajo.
De hecho, los ejemplos abundan: en Kenya agricultores ubican panales de abejas en sitios estratégicos para mantener a los elefantes fuera de las áreas de cultivo; en Java procrean pitones para controlar el incremento hasta ahora incontrolable de ratones; en Londres y Nueva York utilizan águilas para disminuir el número de palomas.
Aunque no todos han sido neutrales en sus efectos al medio ambiente (hay varios ejemplos en Australia con resultados contraproducentes), lo cierto es que con algo de ingenio y control todavía se puede recurrir a la propia naturaleza para llevar a cabo nuestras actividades sin destruirla, promoviendo el tan anhelado crecimiento sostenible.