Credibilidad
En días recientes, el "Opiniómetro del diario El Universal interrogó a una muestra de cuatrocientas personas en nuestra ciudad capital acerca de la credibilidad de las instituciones panameñas. Como ha ocurrido muchas veces en este tipo de encuestas, no sólo en Panamá sino en los demás países de los que tenemos noticias, la Iglesia ocupó el primer lugar y además a una distancia enorme de quienes la siguieron. Más del 63 % de las personas encuestadas votaron por Ella y el segundo lugar lo ocuparon los clubes cívicos con alrededor del 12 % de las preferencias. Las instituciones del gobierno en su totalidad obtuvieron una puntuación notablemente baja.
La credibilidad de la que goza la Iglesia me satisface hondamente por ser sacerdote católico y amar mucho a quien, con todos sus defectos y pecados, es mi Madre. Y además se trata de una Madre también llena de virtudes y movida por el Espíritu de Dios. Sin embargo, no es acerca de este detalle sobre el que hoy quiero detenerme. En este escrito me fijaré más bien en el otro extremo del Opiniómetro, en aquel que obtuvo el último lugar. Dolorosamente éste lo ocupó la institución judicial en Panamá. La calificación fue sorprendente por lo negativa. No solamente fue mala sino que su nivel fue nada menos que de cero. Algo que nunca antes había visto. Eso significa que ni una sola persona, ni hombre, ni mujer, ni joven ni adulta ni anciana, absolutamente nadie, le dio la más mínima credibilidad al conjunto de la administración de justicia en nuestro país. Un asunto que nos parece sumamente grave.
Pero, ¿por qué en Panamá no creemos en la administración de justicia? Porque es lenta, porque muy frecuentemente está politizada, porque deja ciertos casos, sobre todo de peces gordos, en la impunidad y, en términos generales porque, paradójicamente, la justicia es injusta.
Acaba de aprobarse en la Asamblea Nacional la muy comentada Sala Quinta. El hecho probablemente por asociación de ideas y realidades, contribuyó de manera importante al rechazo popular hacia la justicia panameña. La gente no ha dejado de preguntarse no tanto por la utilidad o no de la tal sala, sino acerca del apuro por aprobar su constitución. ¿Era o es acaso de tal trascendencia como para tratarse y además a toda prisa en sesiones extraordinarias de la Asamblea? ¿Su importancia era tal como para tener la más alta prioridad en relación con tantos otros asuntos que afectan profundamente al pueblo panameño? ¿Y el afán de hacer los nombramientos de los magistrados antes de que termine el actual gobierno? Son éstas y otras preguntas las que no han sido todavía contestadas de una manera satisfactoria. Tal vez sin estos ingredientes, el asunto se habría considerado por parte del pueblo panameño con mayor seriedad y constructividad, pero tal como se desarrollaron los acontecimientos, lo que se logró fue echarle más leña al fuego en materia de la credibilidad en nuestros tres poderes públicos. La encuesta que comentamos no es más que un indicador entre otros muchos que palpamos en nuestros contactos con la gente .
En Venezuela, a pesar de las abstenciones, no se puede negar que el presidente Hugo Chávez acaba de obtener un triunfo electoral resonante. Sus intentos de instalar una Asamblea Constituyente con mayoría absoluta de sus seguidores han encontrado un apoyo popular notable.
Supuestamente lo que se pretende es enderezar radicalmente todo el engranaje gubernamental venezolano. Ante ello el pueblo ha reaccionado positivamente. ¿Por qué? Precisamente por la falta de credibilidad de la política tradicional por muy democrática que ella se haya considerado. La gente en Venezuela está harta y quiere un cambio no de caras sino de estructuras. ¿Pasará algo similar en Panamá? No nos extrañaría, porque, como lo acabamos de ver, la credibilidad de que gozan nuestros tres poderes públicos está por el suelo. Y por añadir sólo un tema del día de hoy, si acaso se llega a aprobar por parte de la Asamblea la nueva ley de prensa, esta credibilidad caerá todavía muchísimo más. Todo esto es un excelente caldo de cultivo para que en Panamá pueda ocurrir algo parecido a lo de nuestro país hermano del Sur.
Pronto tendremos en nuestra Patria un nuevo gobierno. ¿Frente a él los poderes legislativo y judicial le facilitarán el trabajo o se lo harán lo más difícil posible? Eso lo veremos en los próximos meses. Entonces quedará puesto a prueba la credibilidad de quienes, siendo oposición, dicen que apoyarán todo lo bueno que pretenda realizar el Ejecutivo. Si la credibilidad en este sentido sale bien parada, entonces caminaremos hacia delante. De lo contrario, cualquier cosa puede ocurrir. Amanecerá y veremos.
La credibilidad de la que goza la Iglesia me satisface hondamente por ser sacerdote católico y amar mucho a quien, con todos sus defectos y pecados, es mi Madre. Y además se trata de una Madre también llena de virtudes y movida por el Espíritu de Dios. Sin embargo, no es acerca de este detalle sobre el que hoy quiero detenerme. En este escrito me fijaré más bien en el otro extremo del Opiniómetro, en aquel que obtuvo el último lugar. Dolorosamente éste lo ocupó la institución judicial en Panamá. La calificación fue sorprendente por lo negativa. No solamente fue mala sino que su nivel fue nada menos que de cero. Algo que nunca antes había visto. Eso significa que ni una sola persona, ni hombre, ni mujer, ni joven ni adulta ni anciana, absolutamente nadie, le dio la más mínima credibilidad al conjunto de la administración de justicia en nuestro país. Un asunto que nos parece sumamente grave.
Pero, ¿por qué en Panamá no creemos en la administración de justicia? Porque es lenta, porque muy frecuentemente está politizada, porque deja ciertos casos, sobre todo de peces gordos, en la impunidad y, en términos generales porque, paradójicamente, la justicia es injusta.
Acaba de aprobarse en la Asamblea Nacional la muy comentada Sala Quinta. El hecho probablemente por asociación de ideas y realidades, contribuyó de manera importante al rechazo popular hacia la justicia panameña. La gente no ha dejado de preguntarse no tanto por la utilidad o no de la tal sala, sino acerca del apuro por aprobar su constitución. ¿Era o es acaso de tal trascendencia como para tratarse y además a toda prisa en sesiones extraordinarias de la Asamblea? ¿Su importancia era tal como para tener la más alta prioridad en relación con tantos otros asuntos que afectan profundamente al pueblo panameño? ¿Y el afán de hacer los nombramientos de los magistrados antes de que termine el actual gobierno? Son éstas y otras preguntas las que no han sido todavía contestadas de una manera satisfactoria. Tal vez sin estos ingredientes, el asunto se habría considerado por parte del pueblo panameño con mayor seriedad y constructividad, pero tal como se desarrollaron los acontecimientos, lo que se logró fue echarle más leña al fuego en materia de la credibilidad en nuestros tres poderes públicos. La encuesta que comentamos no es más que un indicador entre otros muchos que palpamos en nuestros contactos con la gente .
En Venezuela, a pesar de las abstenciones, no se puede negar que el presidente Hugo Chávez acaba de obtener un triunfo electoral resonante. Sus intentos de instalar una Asamblea Constituyente con mayoría absoluta de sus seguidores han encontrado un apoyo popular notable.
Supuestamente lo que se pretende es enderezar radicalmente todo el engranaje gubernamental venezolano. Ante ello el pueblo ha reaccionado positivamente. ¿Por qué? Precisamente por la falta de credibilidad de la política tradicional por muy democrática que ella se haya considerado. La gente en Venezuela está harta y quiere un cambio no de caras sino de estructuras. ¿Pasará algo similar en Panamá? No nos extrañaría, porque, como lo acabamos de ver, la credibilidad de que gozan nuestros tres poderes públicos está por el suelo. Y por añadir sólo un tema del día de hoy, si acaso se llega a aprobar por parte de la Asamblea la nueva ley de prensa, esta credibilidad caerá todavía muchísimo más. Todo esto es un excelente caldo de cultivo para que en Panamá pueda ocurrir algo parecido a lo de nuestro país hermano del Sur.
Pronto tendremos en nuestra Patria un nuevo gobierno. ¿Frente a él los poderes legislativo y judicial le facilitarán el trabajo o se lo harán lo más difícil posible? Eso lo veremos en los próximos meses. Entonces quedará puesto a prueba la credibilidad de quienes, siendo oposición, dicen que apoyarán todo lo bueno que pretenda realizar el Ejecutivo. Si la credibilidad en este sentido sale bien parada, entonces caminaremos hacia delante. De lo contrario, cualquier cosa puede ocurrir. Amanecerá y veremos.