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Credibilidad perdida en el espacio


La carencia de credibilidad en todos los poderes del Estado ha cerrado el círculo. Recuerda, caro lector, las tantas veces que se dudaba del Poder Ejecutivo, por muchísimas razones, algunas de las cuales parecen relegadas al olvido, para alivio de sus funcionarios. Algunos de ellos son los precios preferenciales que se concedieron por ciertas casas en el área revertida; indemnización a la Hutchinson, debido a cálculos errados de terrenos en Albrook; concesiones en el aeropuerto de Albrook; supuestas clínicas en Filipinas que sólo quedaron en denuncias; compras en la Caja de Seguro Social; ventas de tierras por el Banco Nacional al postor que menos ofrecía, las cuales, felizmente, fueron suspendidas; compra de Cadillacs; partidas discrecionales; préstamo a Tenería Tauro; nepotismo, y así sucesivamente.
El Poder Legislativo no se quedó atrás. Los casos más salientes fueron los del CEMIS, que involucró los llamados “Afudólares”, con todo y confesión pública, la cual seguramente llevó a la no postulación de uno de los “honorables” involucrados y a la postulación del confeso con todo y fajo de mameyes; y los nombramientos de dos magistrados a la Corte Suprema de Justicia (CSJ).
Las cerezas del pastel pertenecen al Ministerio Público y a la CSJ. El primer ente se ha especializado en denuncias contra periodistas por calumnia e injuria, o difamación, qué sé yo. Lo más reciente es el caso de Ports Engineering & Consultants (PECC), en el que se han mencionado varios altos funcionarios de la administración anterior y nada menos que a su jefe máximo. Por ahora resalta el hecho de que el próximo presidente de la CSJ descauteló la cautelación de bienes ordenada contra el ex presidente, según se dice, en clara controversia con anteriores fallos de la CSJ. No prejuzgo lo que pueda pasar en varios de estos casos, pero sí me siento seguro que se ha incrementado la duda, la incredulidad, contra el Poder Judicial, también.
Mientras tanto, hay un partido político que preferiría no mencionar porque no marca en las encuestas, que la presidenta denomina amañadas. Ese partido cambió de nombre hace poco. Una de sus más conspicuas voceras declara abiertamente que este colectivo ofrece la oportunidad a los que quieren votar por Martincito, pero que se niegan hacerlo en la papeleta del PRD. Interpreto yo, como supuestamente se consideran civilistas, jamás votarán por el PRD, pero sí por su candidato en una papeleta distinta. Me imagino que el hecho de que ese candidato sea hijo del primer mandamás del “proceso”, quien le birló el golpe de Estado a Boris Martínez, quien fue advertido por Hugo Spadafora que el MAN estaba en narcopiruetas, y quien controlaba todo cuando desaparecieron al padre Héctor Gallego, son insignificancias que deben relegarse al pasado.
Lo importante para este pequeño partido es tratar de sobrevivir políticamente. Todo esto debe repetirse y analizarse una y otra vez, porque es una excelente educación cívica para el pueblo panameño. No me sorprendería que algunos de sus candidatos a puestos de elección estén dispuestos a solicitar el voto en su papeleta, pero decapitada, como lamentablemente se hizo con Hugo.
Uno de los panegiristas de Martincito fue el candidato presidencial de “cara-de-piña”, a pesar de que en tiempos pasados se le conoció como Rey de la Bolita. Imagínese qué nombres no saldrían a relucir si hurgáramos el pasado del PRD, brazo político de la narcodictadura. ¿Cuántos perdonados y amnistiados reaparecerían? Con base en lo expuesto, fácil pero falazmente podría llegar cualquier despistado a la conclusión de que el PRD ya cumplió su “cuarentena” y que únicamente debemos dirigirnos hacia el futuro. Si nos quedamos anclados en el pasado somos unos morones o unos amargados. Aportemos a la causa de Panamá cubriendo el pasado con un velo. Después de todo así reza nuestro Himno nacional. Y, “¡tutti contenti!”
Sea como fuere, les deseo Feliz Navidad y próspero Año Nuevo a todos.

101 años de Panamá América

 
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