Criatura de tres meses
MUCHA Ha sido la escaramuza que se ha creado en torno a los cien días de gestión del equipo de gobierno liderizado por Martín Torrijos Espino. Al parecer, la idea de que es al cabo de los cien días en que debe cuestionarse o valorar la efectividad de un Gobierno que se enquista en el poder, ha sido tomada de otras latitudes que tienen otros parámetros y niveles económicos, sociales, culturales, políticos y de otra naturaleza muy distintas a la realidad panameña. Así pues, países como Chile, Argentina, México, Colombia, Estados Unidos, Brasil, Uruguay, etc., han sentado la tónica sobre esta materia. Panamá no ha escapado de esta forma de valoración política y en ese sentido, antes de cumplirse el referido término, diversos compatriotas han expresado sus puntos de vista respecto a la reciente gestión de gobierno.
Las críticas han sido, por demás, virulentas, despiadadas, inconscientes, apasionadas, inapropiadas y muy plagadas de la subjetividad, aunque resaltamos otras excepcionales que evidencian buena fe y deseo de que nuestro pueblo progrese. Como hemos podido advertir, en la gran mayoría de esas críticas, las mismas están dirigidas a atacar al sujeto de nombre "Martín Torrijos Espino". Veamos algunos ejemplos: "El no ha cumplido lo que prometió"; "se la han pasado haciendo un show de denuncias sin fundamento"; "No ha combatido la corrupción como lo prometieron"; "Se trata de un gobierno de amiguitos de Martín"; "El país sigue estancado en la pobreza y el desempleo"; "Nada más se la pasan diciendo que no tienen plata y así esquivan la responsabilidad de gobernar"; "Lo que van a hacer es un cerro de corrupción", en fin, no serían suficientes estas páginas para recoger en ellas el número de críticas que se han vertido y si lo hiciéramos correríamos el riesgo de soslayar el propósito del análisis objetivo y docente. Pero obsérvese algo: las críticas tienen un flanco muy débil: el primero de ellos es que los interlocutores del discurso han sido los propios fallidos de la política gubernamental que desgobernó a la nación durante los últimos 5 años: no es una mentira que ha y un déficit de más de 750 millones de dólares; que dejaron al país en el más terrible desacierto de las finanzas públicas; que la corrupción constituyó la principal nota o características en las actuaciones de ese desgobierno; que no pocos interlocutores del ex gobierno eran los defensores acérrimos de las grandes faltas y errores de la pasada gestión gubernamental; que sembraron el caos y la incertidumbre en el país sumiendo a nuestro pueblo en la precaria situación de mayor pobreza que hayamos conocido en nuestra vida republicana; que no realizaron los actos públicos de contrataciones o licitaciones con transparencia; que la administración de justicia alcanzó su peor descrédito bajo la administración Moscoso; que se impusieron políticas tributarias antipopulares y que contaron con el aval de ciertos grupos que ahora quieren hablar en nombre de la solidaridad social y que enraizados en un ideologismo trasnochado que ha pasado al archivo de las ideas políticas es claro y evidente que están ausentes del pensamiento de actualidad en materia política y económica. Son acríticos y acientífico, asistémicos y carecen de métodos, por lo que se ven imposibilitados, al igual que otros detractores del gobierno de Torrijos, de formular o plantear análisis coherentes y objetivos, de formular propuestas concretas para coadyuvar al desarrollo y progreso de esta nación. Siguen dominados por un pensamiento o lenguaje que estuvo en boga hace casi dos siglos atrás y con el mismo quieren confundir a nuestro pueblo regando la semilla de la discordia, la división, y generan traumas sociales que exacerban a través de un vocabulario de miseria y de pobreza espiritual. Al no tener eso que se llama capacidad de producir cambios y generar propuestas concretas y efectivas, pululan en los medios de comunicación haciendo gala del viejo bracárdico marxista de que hay que "profundizar la crisis" para que surja el cambio, la solución y la revolución. El triunfo de algunos personajes de "izquierda" en otras latitudes y que hoy ocupan el solio presidencial de esas naciones -Brazil, Uruguay, Ecuador, etc. los tiene convencidos que también en nuestro medio el socialismo o el comunismo es la redención para la patria. Estos son los que más han combatido la aún incipiente gestión de gobierno del Presidente Torrijos. Insistimos, los mismos que nunca apoyaron una marcha contra las perversas reformas tributarias y el colmo mayor es que hoy la exigen; los mismos que aplaudían cada gesto y cada palabra de la Ex Presidenta Moscoso hoy atacan la corrupción que emanó de sus propias narices; quienes usufructuaron el poder para servirse de él son también los mismos que han salido a la palestra pública a despotricar contra el Presidente Torrijos. Se trata de un juego burdo de palabras y acuñadas expresiones que nacieron al fragor del desgobierno pasado y que hoy quieren facturar al Gobierno de Patria Nueva. Sin embargo, ninguno de ellos ha sido capaz de reconocer el nuevo Estado de Derecho que a escasos 3 meses de gobierno empieza a surgir en nuestro medio; nadie ha dicho nada respecto a los nuevos paradigmas constitucionales que aun modificativos o reformatorios traducen las expectativas del pueblo panameño por enmendar el viejo y pasado estado de cosas sobre todo en lo que respecta a la institucionalidad jurídico, política y democrática de nuestra nación; se han creado importantes cargos -caso del Secretario Anticorrupción- que demuestran el propósito del Gobierno de hacerle frente al problema de la corrupción (ayer los detractores de Martín se daban golpes de pecho pidiendo esa designación y hoy, una vez dada, la censuran y hasta han pretendido burlarse del funcionario designado, quién los entiende?); se eliminó, vía reforma de la Constitución, la nefasta inmunidad de los diputados que fue patente de corso, para los ex legisladores, y en uso y nombre de ella perpetraron los más reprochables escándalos de la vida pública y política en nuestro país; se eleva a rango constitucional la figura del Defensor del Pueblo para que a nadie se le ocurra, de un plumazo legislativo, eliminarla, diezmarla, minimizarla, etc. Pero, por otra parte, cuando hace poco nuestro pueblo, los sectores humildes, fueron golpeados por las inclemencias del tiempo, y el equipo de gobierno, encabezados por el Presidente Torrijos, estuvieron día y noche ocupados dando soluciones a nuestras familias humildes y golpeadas, ninguno de ellos salió a decir nada. Quien no tiene la solvencia moral y la capacidad para reconocer en otros el mérito honroso, no dispone tampoco de solvencia de ninguna naturaleza para criticar nada en absoluto.
A nadie, en sana lógica, se le ocurriría pedir a un infante de tres meses que camine, gatee, hable o que presente un diploma de acreditada trayectoria. En nuestro medio, plagado por la pobreza y el subdesarrollo, tres meses constituye un plazo iluso para pretender advertir los cambios que exigen los detractores de Torrijos. Por ello, cuando en su momento se nos preguntó, sobre la realidad de ese término, no dudamos en responder que no menos de ocho meses, para nuestro escenario social y político, sí son suficientes para advertir los rumbos por los que se habrá de encaminar un gobierno. Por de pronto, confiamos en las cosas van bien aunque precisa indicar que algunas tienen que ser mejoradas: hay que tomar más en cuenta al pueblo. Nuestra gente quiere trabajo y dignidad. Trabajo para comer y dignidad para vivir bien.
Las críticas han sido, por demás, virulentas, despiadadas, inconscientes, apasionadas, inapropiadas y muy plagadas de la subjetividad, aunque resaltamos otras excepcionales que evidencian buena fe y deseo de que nuestro pueblo progrese. Como hemos podido advertir, en la gran mayoría de esas críticas, las mismas están dirigidas a atacar al sujeto de nombre "Martín Torrijos Espino". Veamos algunos ejemplos: "El no ha cumplido lo que prometió"; "se la han pasado haciendo un show de denuncias sin fundamento"; "No ha combatido la corrupción como lo prometieron"; "Se trata de un gobierno de amiguitos de Martín"; "El país sigue estancado en la pobreza y el desempleo"; "Nada más se la pasan diciendo que no tienen plata y así esquivan la responsabilidad de gobernar"; "Lo que van a hacer es un cerro de corrupción", en fin, no serían suficientes estas páginas para recoger en ellas el número de críticas que se han vertido y si lo hiciéramos correríamos el riesgo de soslayar el propósito del análisis objetivo y docente. Pero obsérvese algo: las críticas tienen un flanco muy débil: el primero de ellos es que los interlocutores del discurso han sido los propios fallidos de la política gubernamental que desgobernó a la nación durante los últimos 5 años: no es una mentira que ha y un déficit de más de 750 millones de dólares; que dejaron al país en el más terrible desacierto de las finanzas públicas; que la corrupción constituyó la principal nota o características en las actuaciones de ese desgobierno; que no pocos interlocutores del ex gobierno eran los defensores acérrimos de las grandes faltas y errores de la pasada gestión gubernamental; que sembraron el caos y la incertidumbre en el país sumiendo a nuestro pueblo en la precaria situación de mayor pobreza que hayamos conocido en nuestra vida republicana; que no realizaron los actos públicos de contrataciones o licitaciones con transparencia; que la administración de justicia alcanzó su peor descrédito bajo la administración Moscoso; que se impusieron políticas tributarias antipopulares y que contaron con el aval de ciertos grupos que ahora quieren hablar en nombre de la solidaridad social y que enraizados en un ideologismo trasnochado que ha pasado al archivo de las ideas políticas es claro y evidente que están ausentes del pensamiento de actualidad en materia política y económica. Son acríticos y acientífico, asistémicos y carecen de métodos, por lo que se ven imposibilitados, al igual que otros detractores del gobierno de Torrijos, de formular o plantear análisis coherentes y objetivos, de formular propuestas concretas para coadyuvar al desarrollo y progreso de esta nación. Siguen dominados por un pensamiento o lenguaje que estuvo en boga hace casi dos siglos atrás y con el mismo quieren confundir a nuestro pueblo regando la semilla de la discordia, la división, y generan traumas sociales que exacerban a través de un vocabulario de miseria y de pobreza espiritual. Al no tener eso que se llama capacidad de producir cambios y generar propuestas concretas y efectivas, pululan en los medios de comunicación haciendo gala del viejo bracárdico marxista de que hay que "profundizar la crisis" para que surja el cambio, la solución y la revolución. El triunfo de algunos personajes de "izquierda" en otras latitudes y que hoy ocupan el solio presidencial de esas naciones -Brazil, Uruguay, Ecuador, etc. los tiene convencidos que también en nuestro medio el socialismo o el comunismo es la redención para la patria. Estos son los que más han combatido la aún incipiente gestión de gobierno del Presidente Torrijos. Insistimos, los mismos que nunca apoyaron una marcha contra las perversas reformas tributarias y el colmo mayor es que hoy la exigen; los mismos que aplaudían cada gesto y cada palabra de la Ex Presidenta Moscoso hoy atacan la corrupción que emanó de sus propias narices; quienes usufructuaron el poder para servirse de él son también los mismos que han salido a la palestra pública a despotricar contra el Presidente Torrijos. Se trata de un juego burdo de palabras y acuñadas expresiones que nacieron al fragor del desgobierno pasado y que hoy quieren facturar al Gobierno de Patria Nueva. Sin embargo, ninguno de ellos ha sido capaz de reconocer el nuevo Estado de Derecho que a escasos 3 meses de gobierno empieza a surgir en nuestro medio; nadie ha dicho nada respecto a los nuevos paradigmas constitucionales que aun modificativos o reformatorios traducen las expectativas del pueblo panameño por enmendar el viejo y pasado estado de cosas sobre todo en lo que respecta a la institucionalidad jurídico, política y democrática de nuestra nación; se han creado importantes cargos -caso del Secretario Anticorrupción- que demuestran el propósito del Gobierno de hacerle frente al problema de la corrupción (ayer los detractores de Martín se daban golpes de pecho pidiendo esa designación y hoy, una vez dada, la censuran y hasta han pretendido burlarse del funcionario designado, quién los entiende?); se eliminó, vía reforma de la Constitución, la nefasta inmunidad de los diputados que fue patente de corso, para los ex legisladores, y en uso y nombre de ella perpetraron los más reprochables escándalos de la vida pública y política en nuestro país; se eleva a rango constitucional la figura del Defensor del Pueblo para que a nadie se le ocurra, de un plumazo legislativo, eliminarla, diezmarla, minimizarla, etc. Pero, por otra parte, cuando hace poco nuestro pueblo, los sectores humildes, fueron golpeados por las inclemencias del tiempo, y el equipo de gobierno, encabezados por el Presidente Torrijos, estuvieron día y noche ocupados dando soluciones a nuestras familias humildes y golpeadas, ninguno de ellos salió a decir nada. Quien no tiene la solvencia moral y la capacidad para reconocer en otros el mérito honroso, no dispone tampoco de solvencia de ninguna naturaleza para criticar nada en absoluto.
A nadie, en sana lógica, se le ocurriría pedir a un infante de tres meses que camine, gatee, hable o que presente un diploma de acreditada trayectoria. En nuestro medio, plagado por la pobreza y el subdesarrollo, tres meses constituye un plazo iluso para pretender advertir los cambios que exigen los detractores de Torrijos. Por ello, cuando en su momento se nos preguntó, sobre la realidad de ese término, no dudamos en responder que no menos de ocho meses, para nuestro escenario social y político, sí son suficientes para advertir los rumbos por los que se habrá de encaminar un gobierno. Por de pronto, confiamos en las cosas van bien aunque precisa indicar que algunas tienen que ser mejoradas: hay que tomar más en cuenta al pueblo. Nuestra gente quiere trabajo y dignidad. Trabajo para comer y dignidad para vivir bien.