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Crisis de la economía


Una de las cualidades importantes de la democracia es el manejo transparente (glasnot) de la cosa pública. Al pueblo hay que decirle la verdad de todo cuanto concierne al país y su gente. En la historia política de Latinoamérica se han dado casos, donde algunos gobiernos, por temor a la verdad y a la reacción de los pueblos, ocultaron la realidad económico-social que enfrentaban para darse cuenta después que fue en vano la ocultación del manejo de la cosa pública, y las masas terminaron tomándose las calles. ¿Qué está sucediendo en Panamá? Veamos:
En menos de dos semanas aproximadamente mil trabajadores perdieron sus puestos de trabajo. No se trata de un simple bajón recuperable a corto plazo. Todo lo contrario, se trata de una constante en la economía que tiende a agravarse, trayendo consigo, sea directa e indirectamente consecuencias agravadas para los panameños.
Existen algunas situaciones que sirven de piso a la variable desempleo. Las inversiones no crecen al ritmo deseado; existe una subutilización del capital fijo instalado y una productiva muy baja. No hay capacidad crediticia ni de los individuos ni de las empresas. Los dividendos derivados de los plazos fijos y cuentas bancarias se han venido abajo. Como consecuencia de esto último, millones de dólares han dejado de circular en la economía nacional.
Como si lo anterior fuera poco, la capacidad de endeudamiento externo llegó a su límite, lo que obliga a recurrir a las fuentes internas, como la reciente operación con el Banco Nacional donde el gobierno solicitó la cantidad de 150 millones en calidad de préstamo a unas tasas de retorno del 2%, casi cinco menos de lo que se promedia en la plaza financiera. Es decir, los bancos están prestando de un 11 a 12 % de interés.
Esto último pudiera resultar peligroso porque generaría un problema de descapitalización, en nuestra banca nacional.
Todas las variables señaladas son las que explican el grave problema fiscal que vive enfrentando el país. Pretender financiar los déficits que enfrentan las finanzas públicas pudiera ser fatal, ya que se pierde de vista que las solicitudes pasan por la necesaria implementación de una política o modelo económico que genere crecimiento y desarrollo. De allí que convenimos con el Prof. Juan Jované, quien señala que el problema de la seguridad social está íntimamente relacionado con una visión macro de economía que tiende a ser recesiva y lo que hay que hacer es encontrar un modelo diferente.
222No hay capacidad crediticia ni de los individuos ni de las empresas. Los dividendos derivados de los plazos fijos y cuentas bancarias se han venido abajo.
Todo lo arriba señalado nos coloca en un escenario peligroso, en tanto, su volatibilidad. Tal vez no tenga la gravedad del caso argentino, pero lo que sí es cierto es que de continuar esta tendencia negativa de contracción del crédito, también los bancos comenzarán a resentirse planteándose reducciones de plantillas laborales. Lo anterior por la sencilla razón de que el capital es tal, en tanto que circula y se mueve en el sistema. De nada sirve tener millones de dólares en las bóvedas de los bancos si esto no circula. Como podemos ver, la crisis pudiera estar tocando puerta al capital bancario, lo que eventualmente pudiera también dar lugar a un retiro masivo de dinero de los bancos que pudiera provocar un colapso de todo el sistema.
Como podemos observar, la situación panameña es delicada.
No convenimos con algunos sectores de opinión que ofrecen como salida a la crisis la teoría de la pobreza repartida. Creemos más bien que se trata de una política de mejor distribución del producto social combinada con incentivos importantes para captar inversiones extranjeras. Desde esta última perspectiva, no nos ha aparecido sano que la reciente contracción del gasto público se haga centrado fundamentalmente en el renglón de salud y educación que son precisamente los factores que hay que meterles la mano fuerte para hacer nuestro mercado atractivo en lo que se refiere a calificación y productividad.
No cabe duda, la situación panameña es compleja y difícil, y si no hay un diálogo social nacional maduro de todos los factores interesados con una visión de desarrollo humano sostenible, no dudemos entonces, que el colapso está a la vista.
Estamos a tiempo.

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