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¿Crisis del petróleo o crisis energética?


Debo comenzar diciendo que siento un gran aprecio y admiración por la labor callada y tesonera que viene desempeñando desde la Secretaría de Energía, mi amigo, el también Ministro del Asuntos del Canal, el Lic. Daniel Kuzniecky. A continuación, algunas ideas que espero sirvan para nutrir el debate sobre este importantísimo tema.

Todo el tiempo que el petróleo sea el "commodity" o bien que literalmente mueva al mundo, cualquier debate sobre la crisis energética puede ser todo, menos superficial. Si tan sólo para comenzar señalando que tal crisis no existe, sino que se trata de una crisis creada por los intereses y las especulaciones geopolíticas de los actores del mercado: por ejemplo, las grandes potencias tienen cientos de millones de reservas de petróleo -las tiene Estados Unidos en Alaska, Rusia, en gran parte de su territorio, y recientemente, por ejemplo, Brasil-, de tal suerte que la escasez no es consecuencia de la falta del bien, sino del deseo de acapararlo estratégicamente, porque como comenzamos diciendo, se trata del commodity que literalmente mueve al mundo.

Después de haber descubierto que la escasez es una conveniencia de las grandes potencias que han tomado la decisión estratégica de guardar sus grandes reservas e importar; también es cierto que la escasez es consecuencia del aumento desmesurado en la demanda de países emergentes como China Continental, India y otros; que no puede ser suplida al precio de hace cinco ni mucho menos diez años, con los actuales actores que han decidido explotar su petróleo, v.gr., los miembros de la OPEP y quienes no lo son, y con la crisis de quien hasta antes de la guerra, era el segundo o tercer exportador mundial de petróleo: Iraq.

Tampoco es cierto que las reservas de petróleo sólo duran para los próximos cuarenta años, y que, por lo tanto, si no estamos experimentando una crisis hoy día, de seguro, en el futuro no muy lejano sí la experimentaremos. Tanto es así, que los pronósticos más conservadores en relación con el petróleo, que sí es cierto que es un commodity perecedero, es que habrá petróleo por lo menos por los próximos cien años, y luego del inmenso descubrimiento del yacimiento brasilero, tal vez, por muchísimos años más.

Eso no significa que frente a la crisis inmediata y aquella que se ve venir a mediano y largo plazo, no debamos empezar a tomar medidas. La primera es la de llamar a la crisis por su nombre. No se trata de una crisis del petróleo, se trata de una crisis energética. Y que poco a poco, la humanidad, que después del siglo XVIII se ha acostumbrado tanto a dar por sentado la presencia del petróleo en todos los aspectos de nuestra vida diaria; tenga que empezar a diversificar las fuentes de energía, de tal suerte, que en un proceso gradual y paulatino, cada vez se dependa menos del petróleo.

Hago énfasis sobre los adjetivos gradual y paulatino, pues una política abrupta y drástica de sustitución del petróleo, pudiera implicar una medicina peor que la enfermedad. En ese sentido, no debemos dejar de notar que todas las grandes compañías petroleras del mundo cotizan en la Bolsa de Valores, y que un desplome en la caída de las acciones de estas empresas, nos llevaría a una catástrofe económica inmediata peor que la que involucra la crisis del petróleo.

A nivel global, las prioridades son claras: primero, la estabilidad de las bolsas de valores; luego el mantenimiento de suficientes granos a precios aceptables para seguir alimentando al mundo; después, la reducción paulatina en la dependencia del petróleo; y tan sólo al final, las consideraciones climáticas y medio ambientales.

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