Crisis del Seguro Social y los candidatos
Cierto, no le dimos la menor importancia a un debate televisado de los candidatos presidenciales sobre el tema del Seguro Social. No hubo sinceridad plena en ninguno, por razones obvias. Todos están comprando votos a cambio de esperanza y ninguno va a decir nada antipático para los electores. Y para salvarla hay que hacer cosas antipáticas.
Tan desagradables como aumentar cuotas, elevar la edad, igualarla a hombres y mujeres, despedir exceso de personal, disminuir beneficios, limitar beneficiarios, vender hospitales. Nada hay de nuevo. Todos saben lo que hay que hacer. Las medidas fueron planteadas en la mesa del diálogo auspiciado por el PNUD.
Lo que hace falta es coraje y visión de estadista para salvarla. Y eso no lo podemos encontrar en la actual administración de Mireya Moscoso. Peor aun como gobierno saliente, empeñado en terminar - al mejor estilo panameño - en último momento, lo que no hizo en cuatro años.
Ese coraje y esa visión no será externada por ninguno de los cuatro candidatos a la Presidencia antes de ganar las elecciones. Por eso, debemos tener paciencia y, mientras tanto, irnos informando de la calamitosa situación en que todos los gobiernos la han colocado. Hemos dicho todos, aunque unos más que otros.
La administración del profesor Jované no fue ciertamente la peor, pero distó de ser buena. Se esmeró en ampliar los servicios, construir y dotar hospitales, ampliar las planillas, llenarse de asesores, gastar mucho y decir no a toda reforma. Claro, sabía que el Seguro se moría lentamente, pero no en sus manos. El le aceleró el paso hacia el final.
Jované cosechó aplausos populares, pero a costa de cifras aterradoras, peores a las que halló al encargarse. A septiembre último, acumulaba pérdidas por B/.46 millones contra B/.2.7 millones del año pasado. La planilla ha aumentado en dos años B/.17 millones y alcanza los B/.206 millones anuales. Las asociaciones de empleados y el actual gobierno no quiere botar a nadie porque quiere sus votos y, si pierde, puede dejarle el problema a quien venga de la oposición. Si gana, los conservará, pues son suyos.
El programa de Enfermedad y Maternidad, que tradicionalmente presentaba cifras en negro, ahora registra pérdidas por B/.15 millones. El de Invalidez, Vejez y Muerte, mantiene pérdidas por B/.31 millones y el de Riesgos Profesionales por B/.5.5 millones.
El cuadro no puede ser peor, pero los conocedores de temas actuariales como Dino Mon y el director Tribaldos, advierten que empeorará, tanto como para quedar sin un centavo de reservas para el 2008. ¿Exagerado? Dios lo quiera. Mientras tanto, debemos rogar porque venga una administración y gobierno valientes y sabios, que hagan lo que hay que hacer, aunque no cosechen aplausos.
Tan desagradables como aumentar cuotas, elevar la edad, igualarla a hombres y mujeres, despedir exceso de personal, disminuir beneficios, limitar beneficiarios, vender hospitales. Nada hay de nuevo. Todos saben lo que hay que hacer. Las medidas fueron planteadas en la mesa del diálogo auspiciado por el PNUD.
Lo que hace falta es coraje y visión de estadista para salvarla. Y eso no lo podemos encontrar en la actual administración de Mireya Moscoso. Peor aun como gobierno saliente, empeñado en terminar - al mejor estilo panameño - en último momento, lo que no hizo en cuatro años.
Ese coraje y esa visión no será externada por ninguno de los cuatro candidatos a la Presidencia antes de ganar las elecciones. Por eso, debemos tener paciencia y, mientras tanto, irnos informando de la calamitosa situación en que todos los gobiernos la han colocado. Hemos dicho todos, aunque unos más que otros.
La administración del profesor Jované no fue ciertamente la peor, pero distó de ser buena. Se esmeró en ampliar los servicios, construir y dotar hospitales, ampliar las planillas, llenarse de asesores, gastar mucho y decir no a toda reforma. Claro, sabía que el Seguro se moría lentamente, pero no en sus manos. El le aceleró el paso hacia el final.
Jované cosechó aplausos populares, pero a costa de cifras aterradoras, peores a las que halló al encargarse. A septiembre último, acumulaba pérdidas por B/.46 millones contra B/.2.7 millones del año pasado. La planilla ha aumentado en dos años B/.17 millones y alcanza los B/.206 millones anuales. Las asociaciones de empleados y el actual gobierno no quiere botar a nadie porque quiere sus votos y, si pierde, puede dejarle el problema a quien venga de la oposición. Si gana, los conservará, pues son suyos.
El programa de Enfermedad y Maternidad, que tradicionalmente presentaba cifras en negro, ahora registra pérdidas por B/.15 millones. El de Invalidez, Vejez y Muerte, mantiene pérdidas por B/.31 millones y el de Riesgos Profesionales por B/.5.5 millones.
El cuadro no puede ser peor, pero los conocedores de temas actuariales como Dino Mon y el director Tribaldos, advierten que empeorará, tanto como para quedar sin un centavo de reservas para el 2008. ¿Exagerado? Dios lo quiera. Mientras tanto, debemos rogar porque venga una administración y gobierno valientes y sabios, que hagan lo que hay que hacer, aunque no cosechen aplausos.