Crisis económica mundial y Panamá
Hace cosa de un año, la mayoría de los “especialistas” locales prácticamente se reían de la crisis mundial, y decían que ésta no iba a afectar a Panamá en nada, y los más pesimistas decían que sólo levemente. Hoy vemos que esta crisis no únicamente afectará a Panamá, sino que de manera seria, por su enorme dependencia de las finanzas y economía de otros países.
El sector Bancario tiembla disimuladamente ante lo que se avecina, y resulta casi ridícula la famosa “Reserva Bancaria” de 60 mil millones de dólares, cuando en Estados Unidos (EE.UU.) un solo banquero ha defraudado más de 50 mil millones. Solamente una de las aseguradoras más importantes de EE.UU. ha perdido más de $250 mil millones. Y en Panamá únicamente valen los dólares americanos.
Ahora, para rematar, a Panamá se le viene encima su calificación como “Paraíso Fiscal”, basada en numerosas y comprobadas evidencias. Esto simplemente hará que la crisis se acentúe mucho más que en otros países cercanos.
Otro factor que agrava la crisis es la reducción del comercio mundial, que disminuye drásticamente el turismo y el número de barcos que pasa por el Canal panameño, dando al traste con los cálculos del financiamiento y la viabilidad del proyecto de ampliación. La táctica de compensar la reducción del tráfico con el aumento de los peajes es suicida, aunque la vía canalera sea monopolio para algunas rutas.
Al final, el problema es que Panamá, aunque es un país muy pequeño, su dependencia de la economía exterior es muy grande; y, en este caso, el grado de dependencia determina el grado de la crisis. La solución lógica es, antes que todo, en el sector alimentario y energético, tratar de implementar políticas de autosuficiencia.
Como factor adicional, no menos importante, se viene encima el cambio climático, que afectará negativamente todo el entorno económico-político y social del mundo. Las posibilidades de catástrofes climáticas, hambrunas y guerras internacionales es altísima, y todo esto afectara a nuestro país.
Las políticas agrícolas se deben centrar, como prioridad, en la autosuficiencia. Hasta ahora se han dedicado muchas tierras agrícolas a productos de exportación, pensando que el consumo interno se abastecería con importaciones, como el caso del arroz. Pero la crisis ha disparado los precios internacionales de los alimentos básicos, y si acaso hay, ahora nada es barato como antes. Se deben revertir estas tierras a la producción de granos básicos y otros alimentos de consumo interno, y exportar los excedentes si acaso se dan.
En un futuro muy próximo en que los valores confiables estarán cada vez más en la tierra, en el agua, en la energía, en la salud y en la autosuficiencia nacional, y mucho menos en el comercio, el papel moneda, el oro, las importaciones y la dependencia internacional, la elección es muy simple: adaptarse o morir.
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