Crisis en el movimiento sindical
En las próximas semanas, las y los trabajadores panameños estaremos enfrentados a una serie de medidas que el actual gobierno, con el lógico visto bueno de la patronal, tratará de imponer con su aplanadora de diputados.
Ya para nadie es un secreto que las imposiciones que se avecinan no responden al interés de la nación, sino al de las instituciones financieras internacionales que, a través de distintas medidas gubernamentales, se asegurarán que nuestra economía trabaje para aumentar sus capitales.
Las reformas a la Ley Orgánica de la Caja de Seguro Social forman parte de un paquete "fondomonetarista" que, entre otras medidas y objetivos, posibilitará los créditos internacionales necesarios para la llamada ampliación del Canal de Panamá, y esta ampliación y modernización facilitará que las grandes navieras aceleren la circulación de sus mercancías, aumentando así la rentabilidad de sus inversiones.
En medio de esta danza de millones, algunos políticos y empresarios se preparan para tratar de quedarse con algunos "centavos". En otras palabras, impondrán las reformas de la Caja de Seguro Social, el Tratado de Libre Comercio y la Reforma Fiscal, y con ello terminarán de liquidar lo que queda de nacional en nuestra economía, sacándole más plata del bolsillo a la clase media y a la clase trabajadora.
Mientras ello se avecina, el movimiento sindical panameño sufre la peor crisis de su historia, caracterizada por los siguientes hechos:
El movimiento sindical panameño ha perdido sus perspectivas.
Se ha renunciado al sindicalismo clasista y se practica el más repugnante amarillismo.
Nula, poca o inconsistente formación ideológica, capacitación sindical o formación académica de la mayoría de los dirigentes nacionales.
El avance de la globalización, con sus nuevos paradigmas de pensamiento y organización, ha dejado en la confusión al grueso de la dirigencia.
La constante práctica de actitudes oportunistas y el vanguardismo han contribuido a la falta de credibilidad entre sus bases.
Estos puntos deben ser analizados y discutidos a fondo, aun cuando sabemos que existen otros elementos que caracterizan la crisis de la dirigencia sindical.
Por otro lado, aun cuando no hubiese acuerdo con estos planteamientos, sería un error renunciar (en un marco de respeto) al auto análisis que nos posibilite un diagnóstico objetivo, para así determinar qué es lo que realmente está pasando en el movimiento sindical panameño.
Si logramos determinar qué nos pasa, podremos implementar los correctivos.
Nuestras reflexiones parten de tres premisas:
La dirigencia panameña está en crisis.
Mientras exista explotación el sindicalismo tendrá vigencia.
La naturaleza de la crisis de la dirigencia es de carácter política e ideológica.
Terminamos esta primera parte, reiterando nuestro llamado a la necesaria y urgente renovación de la mayoría de la cúpula del movimiento sindical panameño, tanto del sector privado como del público, ya que con la política sindical de estos dirigentes no podemos ganar ninguna de las peleas que se avecinan.