Crisis en el sector transporte
Si habría alguien en particular a quién responsabilizar por la inevitable crisis en el sector de transporte público que ha creado el alza en el precio del combustible, será, sin duda, a éste y el resto de los gobiernos anteriores por la falta de coraje político en crear un sistema moderno de transporte masivo para una urbe metropolitana del siglo XXI, como la nuestra.
Al no hacerlo y estar a merced de un grupo de seudo dirigentes sindicales transportistas, han perpetuado un sistema de transporte deficiente, anacrónico, con equipo de segunda mano, anticuado y altamente costoso de operar.
Una sistema de transporte apropiado para una cuidad como la nuestra (más de un millón de habitantes), con equipo moderno y administración profesional eficiente, permitiría absorber los impactos externos en costo energético con mayor flexibilidad y a la vez brindar un verdadero buen servicio a sus usuarios.
No es un secreto que Panamá ha estado por generaciones sometido a las manipulaciones de una "rosca" de personajes disfrazados de líderes sindicales, hoy convertidos en legisladores y verdaderos empresarios del transporte, malos empleadores. Operan flotas decrépitas de vehículos de otros usos convertidos en transportes colectivos, bien nombrados "diablos rojos", los cuales operan a expensas del trabajo y riesgo de los explotados laboralmente, "palancas". Bajo la amenaza de suspensión de sus servicios, estos personajes han venido consistentemente chantajeando y amedrentando a los gobiernos, quienes no se han atrevido a romper esa "rosca" concediéndoles con regularidad todas sus demandas. La última dio como resultado una cartera de préstamos de recuperación dudosa por B/. 30 millones en la Banca estatal, la cual seguramente tendremos que pagar los panameños.
Los ciudadanos merecemos mejor servicio de transporte. Confío en que el gobierno entrante tendrá el coraje de hacerlo. Las consecuencias negativas del actual sistema de transporte urbano no se limitan al servicio pésimo e incomodo que prestan, surgen de esta situación de efectos colaterales que son aún más críticos.
La ausencia de un buen servicio de transporte urbano obliga a los panameños, aún los de menores ingresos, a adquirir un automóvil, "algo" en qué movilizarse. Esta necesidad de proveerse de su propio transporte agrava el endémico congestionamiento de nuestras calles y avenidas que fueron construidas para un volumen menor de tráfico. Ello, unido a la notable ausencia de educación vial y característico comportamiento "juega vivo" de nuestros conductores, y el estado deplorable de un gran número de autos en mal estado, contribuye al caos y completo desorden que reina en nuestro tráfico urbano metropolitano. Además, aumenta el riesgo físico de conducir en Panamá, ya de hecho alto por el manejo irresponsable y criminal de los "diablos rojos".
Nuestra notable ausencia de espíritu comunitario empeora la situación, lo cual se manifiesta en dos situaciones: Por un lado, hemos abdicado nuestro poder de usuario. No hemos comprendido que sin nosotros, como clientes del transporte público, los transportistas no pueden sobrevivir. Soportamos estoicamente el maltrato físico y verbal, y el riesgo físico que involucra el pésimo servicio que se nos presta. Y lo peor, ¡pagamos! Nos quejamos constantemente en privado y en corrillos, pero ¿qué hemos hecho para forzar soluciones a nuestras quejas? ¡Nada! ¿Qué nos ha evitado unir nuestros esfuerzos para formar asociaciones de usuarios y, a través del poder gremial, ejercer la debida presión por nuestros derechos? ¿Nada! Sólo nuestra habitual apatía y actitud común de esperar que otros nos resuelvan los problemas; en este caso, el Gobierno, a pesar que no ha hecho nada, ni ha demostrado intención de hacer nada concreto para resolver la situación. ¿Qué nos queda? ¿Seguir sufriendo? ¿Esperar milagros del cielo? ¡Hasta cuándo tenemos "aguante"!.
Por el otro lado, nuestro egoísmo y ausencia de sentido comunitario explica la carencia de los "car pools", sistema de transporte informal gratis, donde los amigos, familiares o vecinos comparten la tarea diaria de transporte, turnándose esta responsabilidad. En este esfuerzo comunitario ganan todos y se logran verdaderos ahorros en el presupuesto familiar. Además, es más ameno que conducir solos.
Los invito a observar las interminables filas de autos en las horas pico y verán cómo en la mayoría de los autos viaja sólo el conductor. Lo irónico es que muchos conductores tienen el mismo destino. Observen el comportamiento de sus vecinos y verán que desde una misma residencia es común ver salir todos los días varios automóviles. ¿Qué nos evita organizarnos en "car pools"? El congestionamiento en las calles y avenidas produce desperdicio de combustible.
Resolver el problema del transporte en Panamá requiere no sólo voluntad política y valentía personal por parte de los gobernantes que hasta ahora no han enfrentado la "rosca", pero también de nuestro respaldo ciudadano. La labor de cambio estructural que necesariamente tendrá que realizarse, sin recurrir a métodos dramáticos, deberá contar también con nuestra cuota de esfuerzos y sacrificios.
Sin embargo, los presidentes de ese país, opinan y deciden en materia de integración, siempre negativamente, ante la indiferencia de los demás mandatarios que se lo permiten.
Espero que el próximo Presidente de Panamá se empape del tema y tenga clara la existencia y la necesidad de que persista el PARLACEN como el brazo político y legislativo de la integración. Es posible que las controversias sobre el Parlamento Centroamericano aparecidas en Panamá se deban a la falta de comunicación entre sus componentes y la sociedad.
Espero que ese error sea subsanado y podamos recuperar el verdadero concepto sobre el Parlamento Centromericano con el objetivo de que rinda los frutos para los que fue creado y fundado. En los presidentes está lograrlo.
Al no hacerlo y estar a merced de un grupo de seudo dirigentes sindicales transportistas, han perpetuado un sistema de transporte deficiente, anacrónico, con equipo de segunda mano, anticuado y altamente costoso de operar.
Una sistema de transporte apropiado para una cuidad como la nuestra (más de un millón de habitantes), con equipo moderno y administración profesional eficiente, permitiría absorber los impactos externos en costo energético con mayor flexibilidad y a la vez brindar un verdadero buen servicio a sus usuarios.
No es un secreto que Panamá ha estado por generaciones sometido a las manipulaciones de una "rosca" de personajes disfrazados de líderes sindicales, hoy convertidos en legisladores y verdaderos empresarios del transporte, malos empleadores. Operan flotas decrépitas de vehículos de otros usos convertidos en transportes colectivos, bien nombrados "diablos rojos", los cuales operan a expensas del trabajo y riesgo de los explotados laboralmente, "palancas". Bajo la amenaza de suspensión de sus servicios, estos personajes han venido consistentemente chantajeando y amedrentando a los gobiernos, quienes no se han atrevido a romper esa "rosca" concediéndoles con regularidad todas sus demandas. La última dio como resultado una cartera de préstamos de recuperación dudosa por B/. 30 millones en la Banca estatal, la cual seguramente tendremos que pagar los panameños.
Los ciudadanos merecemos mejor servicio de transporte. Confío en que el gobierno entrante tendrá el coraje de hacerlo. Las consecuencias negativas del actual sistema de transporte urbano no se limitan al servicio pésimo e incomodo que prestan, surgen de esta situación de efectos colaterales que son aún más críticos.
La ausencia de un buen servicio de transporte urbano obliga a los panameños, aún los de menores ingresos, a adquirir un automóvil, "algo" en qué movilizarse. Esta necesidad de proveerse de su propio transporte agrava el endémico congestionamiento de nuestras calles y avenidas que fueron construidas para un volumen menor de tráfico. Ello, unido a la notable ausencia de educación vial y característico comportamiento "juega vivo" de nuestros conductores, y el estado deplorable de un gran número de autos en mal estado, contribuye al caos y completo desorden que reina en nuestro tráfico urbano metropolitano. Además, aumenta el riesgo físico de conducir en Panamá, ya de hecho alto por el manejo irresponsable y criminal de los "diablos rojos".
Nuestra notable ausencia de espíritu comunitario empeora la situación, lo cual se manifiesta en dos situaciones: Por un lado, hemos abdicado nuestro poder de usuario. No hemos comprendido que sin nosotros, como clientes del transporte público, los transportistas no pueden sobrevivir. Soportamos estoicamente el maltrato físico y verbal, y el riesgo físico que involucra el pésimo servicio que se nos presta. Y lo peor, ¡pagamos! Nos quejamos constantemente en privado y en corrillos, pero ¿qué hemos hecho para forzar soluciones a nuestras quejas? ¡Nada! ¿Qué nos ha evitado unir nuestros esfuerzos para formar asociaciones de usuarios y, a través del poder gremial, ejercer la debida presión por nuestros derechos? ¿Nada! Sólo nuestra habitual apatía y actitud común de esperar que otros nos resuelvan los problemas; en este caso, el Gobierno, a pesar que no ha hecho nada, ni ha demostrado intención de hacer nada concreto para resolver la situación. ¿Qué nos queda? ¿Seguir sufriendo? ¿Esperar milagros del cielo? ¡Hasta cuándo tenemos "aguante"!.
Por el otro lado, nuestro egoísmo y ausencia de sentido comunitario explica la carencia de los "car pools", sistema de transporte informal gratis, donde los amigos, familiares o vecinos comparten la tarea diaria de transporte, turnándose esta responsabilidad. En este esfuerzo comunitario ganan todos y se logran verdaderos ahorros en el presupuesto familiar. Además, es más ameno que conducir solos.
Los invito a observar las interminables filas de autos en las horas pico y verán cómo en la mayoría de los autos viaja sólo el conductor. Lo irónico es que muchos conductores tienen el mismo destino. Observen el comportamiento de sus vecinos y verán que desde una misma residencia es común ver salir todos los días varios automóviles. ¿Qué nos evita organizarnos en "car pools"? El congestionamiento en las calles y avenidas produce desperdicio de combustible.
Resolver el problema del transporte en Panamá requiere no sólo voluntad política y valentía personal por parte de los gobernantes que hasta ahora no han enfrentado la "rosca", pero también de nuestro respaldo ciudadano. La labor de cambio estructural que necesariamente tendrá que realizarse, sin recurrir a métodos dramáticos, deberá contar también con nuestra cuota de esfuerzos y sacrificios.
Sin embargo, los presidentes de ese país, opinan y deciden en materia de integración, siempre negativamente, ante la indiferencia de los demás mandatarios que se lo permiten.
Espero que el próximo Presidente de Panamá se empape del tema y tenga clara la existencia y la necesidad de que persista el PARLACEN como el brazo político y legislativo de la integración. Es posible que las controversias sobre el Parlamento Centroamericano aparecidas en Panamá se deban a la falta de comunicación entre sus componentes y la sociedad.
Espero que ese error sea subsanado y podamos recuperar el verdadero concepto sobre el Parlamento Centromericano con el objetivo de que rinda los frutos para los que fue creado y fundado. En los presidentes está lograrlo.