Crisis en Gaza
La promesa de un Estado Árabe Palestino parece ser de aquellas que se asoman pero nunca llegan. La dirigencia palestina para algunas cosas es pragmática, pero para otras es maximalista.
Desde 1948 se propuso la creación de un Estado Árabe Palestino junto con un Estado Judío, pero el maximalismo se impuso al pragmatismo y se rechazó la idea de la partición. Hubo otras oportunidades como cuando Gaza y la Margen Occidental del Jordán estuvieron bajo control de países árabes y otras tantas en las negociaciones de Oslo y sus etapas consecuentes. Mas la falta de visión de sus dirigentes y los intereses externos -que van desde israelíes a iraníes, pasando por egipcios, jordanos, rusos, europeos y norteamericanos- han impedido su realización.
En este momento de un Estado Árabe Palestino integrado se está pasando a dos estados: uno en Gaza controlado por grupos más radicales encabezados por Hamas, y el de la Margen Occidental controlado por los más moderados de Al Fatah. La tragedia se centra en Gaza, una franja con una población que supera el millón de habitantes y sin fuentes de agua potable natural cuyo gobierno prefiere la lucha armada infructuosa que el bienestar de su gente, y que padece de un concierto de voluntades internacionales y nacionales para hacerlos "pagar" por haber elegido a Hamas para gobernarlos.
No sólo los israelíes creen en el bloqueo a Gaza para debilitar a Hamas y los otros radicales porque el propio Gobierno del presidente palestino Mahmoud Abbas, los egipcios y los norteamericanos contribuyen al bloqueo y en momentos lo aúpan públicamente. No parecen comprender que los palestinos de Gaza no se pueden oponer a un gobierno radical y armado con la facilidad que se hace en el mundo libre, que los palestinos de Gaza no votaron por Hamas porque era más radical sino porque, a diferencia de Fatah, no eran ladrones y tenían sistemas sociales de caridad y educación que funcionaban eficientemente y sin corrupción. Mientras los líderes siguen entretenidos en juegos de poder, hay una población padeciendo la miopía maximalista de los que sólo saben jugar al todo o nada.