Crisis en la educación
La crisis que está sufriendo nuestro sistema de educación no puede ser más triste y dolorosa. Resulta alarmante descubrir que muchísimos son los estudiantes que se gradúan en escuelas secundarias y no pueden ser admitidos en nuestras universidades por lo mal que se expresan y escriben el español, nuestro propio idioma. En esta columna en diversas ocasiones y a sabiendas de que resultaríamos antipáticos y desde luego, desoídos, hemos venido clamando porque nuestros adultos, de todas las esferas, se propongan educarse y no seguir haciendo gala de su supina ignorancia, en la mayoría de los casos por desidia.
El mal estriba en que a muchos educadores del pasado y del presente, que estando aún en necesidad de una suficiente educación, se les encargó de la tarea de educar. Por ello es que hay tantos hombres hechos y derechos que en el diario trajín, tanto por la radio como por la prensa y la televisión y durante décadas, ya han venido a constituir público y pernicioso ejemplo de atropello al idioma.
¿Qué podemos esperar de un niño que le escucha a un adulto decir que se acerca el doceavo o el décimo segundo aniversario de un suceso en vez del duodécimo? ¿O que escucha hablar a personas de todas las profesiones que dicen barbaridades al inventar palabras que no existen en diccionario alguno de la lengua? ¿O que en un cuarto de hora oye decir a alguien, hasta el cansancio, que se dio "de cuenta" o que pensaba "de que" no tenía tiempo para hacer algo?
¿Qué se puede esperar de un niño o de un adolescente que ha venido escuchando en los últimos años - como nos consta por haberlo oído también nosotros- que personajes de alto relieve público aparecen frecuentemente hablando de "unos asuntos por las cuales".
Las expresiones "pensando de que" o "considerando de que," y "la cual" cuando antecede a una palabra del género masculino se han constituido en las más recurridas de los disparateros.
Tenemos que ser sinceros y admitir que mal se puede aprender de quien no sabe. Son muchos los adultos que ofrecen pésimo ejemplo en el hablar y el escribir que están en las mismas lamentables condiciones de aquellos miles de jóvenes graduados de escuelas secundarias que todavía no estaban preparados para su aceptación en nuestras universidades. Esos adultos deben reconocer su insuficiencia y superarse para no seguir haciendo papeles deslucidos.
El mal estriba en que a muchos educadores del pasado y del presente, que estando aún en necesidad de una suficiente educación, se les encargó de la tarea de educar. Por ello es que hay tantos hombres hechos y derechos que en el diario trajín, tanto por la radio como por la prensa y la televisión y durante décadas, ya han venido a constituir público y pernicioso ejemplo de atropello al idioma.
¿Qué podemos esperar de un niño que le escucha a un adulto decir que se acerca el doceavo o el décimo segundo aniversario de un suceso en vez del duodécimo? ¿O que escucha hablar a personas de todas las profesiones que dicen barbaridades al inventar palabras que no existen en diccionario alguno de la lengua? ¿O que en un cuarto de hora oye decir a alguien, hasta el cansancio, que se dio "de cuenta" o que pensaba "de que" no tenía tiempo para hacer algo?
¿Qué se puede esperar de un niño o de un adolescente que ha venido escuchando en los últimos años - como nos consta por haberlo oído también nosotros- que personajes de alto relieve público aparecen frecuentemente hablando de "unos asuntos por las cuales".
Las expresiones "pensando de que" o "considerando de que," y "la cual" cuando antecede a una palabra del género masculino se han constituido en las más recurridas de los disparateros.
Tenemos que ser sinceros y admitir que mal se puede aprender de quien no sabe. Son muchos los adultos que ofrecen pésimo ejemplo en el hablar y el escribir que están en las mismas lamentables condiciones de aquellos miles de jóvenes graduados de escuelas secundarias que todavía no estaban preparados para su aceptación en nuestras universidades. Esos adultos deben reconocer su insuficiencia y superarse para no seguir haciendo papeles deslucidos.