Crisis financiera sin solución
Este fin de semana fue sumamente activo para el alto mando financiero de los gobiernos del mundo y para el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estos grupos sostuvieron reuniones de trabajo para adoptar medidas tendientes a evitar que la crisis financiera que azota los mercados de capital degenere en una crisis económica global. Para el infortunio de todos, esta semana los mercados de capital recibieron las noticias de dichas reuniones con poco entusiasmo.
Las reuniones del Grupo de los Siete (G-7) -integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, y Japón- arrojaron conclusiones que hasta ahora no han podido convencer a la comunidad inversionista internacional que se han encontrado soluciones para la crisis. Todos ellos reconocen que sus respectivos países tienen sus propios problemas, pero no quieren ceder la potestad de definir dichos problemas, de diseñar una política económica coherente para atenderlos ni mucho menos de establecer y ejecutar los correctivos que correspondan.
Por su parte, el Grupo de los 24 (G-24) -integrado por Argelia, Argentina, Brasil, Colombia, Costa de Marfil, Egipto, Etiopía, Gabón, Ghana, Guatemala, India, Irán, Líbano, México, Nigeria, Pakistán, Perú, Filipinas, Sri Lanka, Siria, Trinidad y Tobago, Venezuela y Congo- todos países en desarrollo, no se quedaron de brazos cruzados. Estos hicieron un llamado para que las naciones del primer mundo reduzcan sus respectivas tasas de interés para proveer liquidez a los mercados de capital y evitar una recesión global. También efectuaron un llamado para que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial jugaran un papel más importante y activo en favor de los países en desarrollo que han sufrido los perjuicios causados por los "capitales golondrinos".
Aunque el G-7 endosó la propuesta de Clinton de establecer un fondo de emergencia de préstamos, reforzar los programas del Banco Mundial y promover la inversión del sector privado en los países en desarrollo, las reuniones al más alto nivel del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial de este fin de semana tampoco ofrecieron soluciones concretas. En lo que respecta al FMI, la situación es quizá más crítica, ya que los Estados Unidos mantiene el compromiso de contribuir con unos 18 mil millones de dólares, obligación que está pendiente de aprobación por el Congreso, actualmente consumido en el caso Lewinsky.
Las conclusiones del fin de semana -o la falta de ellas- fueron recibidas con escepticismo por los mercados de capital. Todo lo anterior parece indicar que todavía no se cuenta con la receta para evitar una recesión global.
Las reuniones del Grupo de los Siete (G-7) -integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, y Japón- arrojaron conclusiones que hasta ahora no han podido convencer a la comunidad inversionista internacional que se han encontrado soluciones para la crisis. Todos ellos reconocen que sus respectivos países tienen sus propios problemas, pero no quieren ceder la potestad de definir dichos problemas, de diseñar una política económica coherente para atenderlos ni mucho menos de establecer y ejecutar los correctivos que correspondan.
Por su parte, el Grupo de los 24 (G-24) -integrado por Argelia, Argentina, Brasil, Colombia, Costa de Marfil, Egipto, Etiopía, Gabón, Ghana, Guatemala, India, Irán, Líbano, México, Nigeria, Pakistán, Perú, Filipinas, Sri Lanka, Siria, Trinidad y Tobago, Venezuela y Congo- todos países en desarrollo, no se quedaron de brazos cruzados. Estos hicieron un llamado para que las naciones del primer mundo reduzcan sus respectivas tasas de interés para proveer liquidez a los mercados de capital y evitar una recesión global. También efectuaron un llamado para que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial jugaran un papel más importante y activo en favor de los países en desarrollo que han sufrido los perjuicios causados por los "capitales golondrinos".
Aunque el G-7 endosó la propuesta de Clinton de establecer un fondo de emergencia de préstamos, reforzar los programas del Banco Mundial y promover la inversión del sector privado en los países en desarrollo, las reuniones al más alto nivel del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial de este fin de semana tampoco ofrecieron soluciones concretas. En lo que respecta al FMI, la situación es quizá más crítica, ya que los Estados Unidos mantiene el compromiso de contribuir con unos 18 mil millones de dólares, obligación que está pendiente de aprobación por el Congreso, actualmente consumido en el caso Lewinsky.
Las conclusiones del fin de semana -o la falta de ellas- fueron recibidas con escepticismo por los mercados de capital. Todo lo anterior parece indicar que todavía no se cuenta con la receta para evitar una recesión global.