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Crisis galopante


LOS incrementos en los precios del petróleo, que se dieron a escala mundial hace cinco meses, han puesto en jaque las economías lacerantes en la mayoría de los países del mundo. Ese jinete del Apocalipsis también acostumbra a pasar por Panamá, que ya no es un país productor desde cuando se produjo el cierre de la Refinería de Colón, que era un charco sin fondo en cuanto a costos y que terminó cerrando sus puertas. Desde entonces, el desequilibrio económico nacional no ha dejado de afectarnos. En tal situación, es grave ingrediente el que nuestros gobiernos no hayan podido o querido adoptar medidas sabias que en realidad no son fáciles de entramar, pues además crecen con la indiferencia de los centros de poder político istmeño. No hay, gubernamentalmente, una decisión indispensable para frenar este problema, ni los demás, sino que vivimos en el dolce far miente.
Pero ahora, la situación del país es mucho más grave. A fin de ocultar la realidad sin que ello pueda lograrse, las estadísticas macroeconómicas oficiales, están intentando inyectarnos una esperanza de un aumento del Producto Interno Bruto (PIB), que no podemos creer porque no se refleja, en las difíciles condiciones reales del mercado, y el pueblo no puede sentir los gaseosos augurios del PIB. El desempleo continúa subiendo palpablemente y la política económica, tanto privada como oficial, resultan inexistentes, porque la situación no corrobora esas aparentes mejoras, si no realidades decepcionantes.
Al indisoluble problema de los costos petroleros; al del desempleo creciente, se ha venido añadiendo en los últimos meses el del cobro por servicio eléctrico y telefónico siempre con creciente de olas que no bajan, sino crecen. Eso fue lo que obtuvimos con la política del gobierno PRD, que privatizó escandalosamente la industria de la energía eléctrica para que continuara, como continuó la aterradora realidad del encarecimiento del servicio que ha revelado en nuestros días sus enormes ganancias, con la complicidad de los que se llamaron "Ente Regulador", que únicamente reguló abusos insólitos, en forma de las conocidas enormes ganancias empresarias. Y el Presidente responsable de tal "privatización" (mejor sería llamarla escándalo en ganancias), cada vez que tiene oportunidad, hace públicos sus empeños en ser candidato presidencial, aunque no le vemos progreso, pues le está ocurriendo lo que sucedió con su pretensión de reforma a la Constitución para reelegirse, lógico repudio popular. De paso, eliminó de hecho el control de precios que es todavía norma constitucional.
Dentro de tales circunstancias, los modos de conducta del panameño no son muy favorables a la capitalización. La generalidad de los panameños carece de toda idea, sobre lo necesario que es ahorrar para lograr, en algunos años, un capital pequeño y dejar de ser asalariado en el Gobierno o la empresa privada, en lo que hay alguna diferencia de puesto, pero no de aptitud. El panameño ahorra un año con su libreta de Navidad, con el único fin de gastar lo ahorrado en Noche Buena y en Año Nuevo, a fin de gozar de la "dulce vida". Como después viene lo del Carnaval, se deja algo, para tal desenfreno, casi siempre viajando a los lares de Azuero, pequeña sucursal del carnaval de Río. No se nos ocurre preservar algo de lo ahorrado, o de ese ahorro, para disponer de un capital, en unos diez años y separarnos de la esclavitud sin perspectivas del salario estatal o privado.
Ahora que se está encareciendo el costo de la vida con tantos aumentos de precio, ni una jubilación normal, ni un empleo mediano, alcanzan para vivir, y la crisis general nos empobrecerá del modo más catastrófico que pueda darse. Entonces nos apretaremos el cinturón, y a lo mejor arremete también estratoféricamente el desempleo, y la vida en crisis económica personal.
Las perspectivas son negras y le pedimos al lector que nos excuse esta profecía tan dolorosa, que puede ser inevitable. Los que están poniendo amores en el porvenir canalero pueden llevarse un gran chasco, con hundimiento del país, o de las vacas gordas para unos cuantos privilegiados que pasarán al reino de los cielos.

101 años de Panamá América

 
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