Crisis mundial
La necedad de algunas personas al aislar la economía de otras ciencias sociales (política, derecho y sociología), de los avances tecnológicos y científicos en un mundo de cambios rápidos y constantes, ha puesto desde hace tiempo en peligro la vida de muchas personas, ha causado la muerte a muchísimos más (en el año 2005 2.2 millones de niños murieron desnutridos); ha puesto en juego la gobernabilidad de varias naciones, y en estos momentos, traza un destino incierto en términos generales para el mundo.
Se les responsabiliza a otros cuantos especuladores el precio actual del petróleo que ha alcanzado récords. Los analistas económicos serios están acusando a éstos de aprovecharse de situaciones como las guerras en África y Medio Oriente para incrementar cada vez más los precios del crudo.
Esos mismos analistas adelantan con lo que parece puro pesimismo, que esta situación se seguirá viviendo por los próximos tres años con tendencias a prórroga; sin embargo, los argumentos que utilizan para aseverar esto son bastante apegados a la realidad económica actual. Entre estos argumentos se menciona que los especuladores esperaran la subida del dólar frente al euro, ya que, así, el dinero que están acumulando se multiplicará de manera exorbitante.
Igualmente, los analistas aducen que Estados Unidos está en aprietos, tanto en su sector económico privado por la crisis hipotecaria y la caída de las importaciones de muchos productos alimenticios (consecuencia de la crisis alimentaria mundial) y de bienes de lujo (debido al decrecimiento del poder adquisitivo del ciudadano común norteamericano), como en el sector público por el gasto presupuestario en el conflicto contra Iraq. Esta situación dificulta que se vislumbre una posible subida del dólar en cierto tiempo.
Sucesos como esos no están alejados de nuestras realidades sociales. Ya en países con situaciones económicas inestables, como Haití o Egipto, se han dado hechos que estremecen las bases de los paradigmas económicos mundiales, obligando a organismos internacionales de posiciones muy conservadoras como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o las mismas Naciones Unidas a preguntarse cómo reformular sus decisiones para manejar esta crisis mundial. Ojalá resulten de un verdadero consenso democrático por parte de sus contribuyentes, muy en especial de los países más afectados, y no de una cúpula de tecnócratas y especuladores, que lo único que han logrado es llenar sus bolsillos "globalizando" el fundamentalismo de mercado.