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Crisis mundial (II)


El pasado 4 de mayo publicamos en este medio un artículo en el que hablábamos de la necesidad de replantear el sistema económico mundial del fundamentalismo de mercado.

En esta entrega -continuando con el tema de la crisis mundial- debemos abordar la problemática de diversas políticas y posiciones diplomáticas internacionales, las cuales tienen mucha relación con las conflictivas situaciones por las que está pasando el mundo hoy día.

La tensión existente en el Cono Sur (Ecuador, Venezuela y Colombia) es el ejemplo más cercano: negociaciones que no concluyen, interrupción de relaciones comerciales, insultos entre altas autoridades gubernamentales de los respectivos países, alertas militares que amenazan la paz y la tranquilidad de América Latina (hablando en términos de conflictos internacionales). Son elementos que deben preocuparnos a todos.

Más hacia el norte, Estados Unidos fustiga las políticas que el gobierno cubano está tomando que, aunque son tímidas, debemos aceptar que son importantes. Cualquiera persona con conocimientos básicos de historia y economía, diría que Cuba debe pensar dos veces antes de tomar cualquier decisión en cuanto a cambios en su sistema, hablando en términos generales. El temor de sufrir peores penurias que las que pasó Rusia luego de la Perestroika (y de las cuales aún no se ha recuperado), es una razón de mucho peso para Cuba para no abrirse ni ahora ni nunca al comercio y la liberación del mercado en forma salvaje, considerando que nunca es fácil cambiar un modelo económico y político sin antes preparar a la sociedad para ello.

Asimismo, sería importante que el gobierno estadunidense modere su política militar y diplomática en Oriente Medio. Es un hecho que la invasión de Irak lo único que ha conseguido es el descontento de buena parte de su población y la del resto del mundo; por otro lado, calificar de "países terroristas" a Irán o Líbano (por decir algunos) es irrespetar la cultura propia y la sociedad de los mismos.

Europa ha adoptado un modelo de políticas económicas sociales.

En ese camino han incluido planes de ayuda ha países pobres de América Latina, Asia y África. Sin embargo, deben crear mecanismos de fiscalización para que ello no se convierta en mera filantropía internacional, trayendo como consecuencia que los fondos de ayuda sean malversados y acaparados por las oligarquías locales de los países beneficiados, sin llegar al que verdaderamente necesita mejorar su calidad de vida.

101 años de Panamá América

 
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