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Crisis política, y reforma


Los grupos dirigentes de una nación tienden a resolver, a través de consensos políticos, las crisis producto del desgaste institucional; antiguos adversarios dejan a un lado viscerales enconos para sentarse frente a frente a discutir cómo recuperar su titularidad como clase política.
Lo anterior es evidente, la clase política negocia una precaria tregua como preludio a unas reformas constitucionales. Uno de los más ácidos detractores del gobierno electo, el H.L. José Blandón, incluso votó a favor de prohijar el proyecto; pero, fue cuidadoso en sus juicios sobre el tema (El Panamá América, 23/6/2004). Es de esperarse. Más que un clamor ciudadano, las propuestas buscan renovar la legitimidad y credibilidad de una clase gobernante desgastada, y beneficiar de paso a otros grupos de interés que han caído en desgracia; por eso tampoco deben extrañar los aportes operativos de intelectuales afines al neoliberalismo, como Carlos Ernesto González Ramírez, quienes han adoptado posiciones defensivas a raíz del creciente y masivo descrédito de la dogmática neoliberal entre la población.
No hay coincidencias en política, después de todo, toda circunstancia favorece a una mente preparada -la habilidad de un político se juzga por su capacidad de sacarle provecho a un contexto histórico adverso.
La ciudadanía depositó en Martín Torrijos esperanzas que afectan no sólo al torrijismo, sino a los demás colectivos políticos organizados. Si Torrijos defraudara aquella confianza, un sector importante de las masas sería seducido por la no tradicionalidad política, algo irónicamente similiar a lo que ocurrió en 1968.
La suerte está echada: Encuestas recientes demuestran una profunda apatía anti-democrática entre el grueso de la población -aunado al surgimiento de figuras como Martinelli (personificación de un populismo de derechas) y en menor escala, Iván Blasser (caudillo aspirante sin clara definición programática, uno de los candidatos propuestos por los gremios educativos para la cartera de educación), poco a poco se construyen alternativas organizadas no tradicionales que buscan insertarse en la contienda por el poder.
El mecanismo propuesto para las reformas reorganizaría las fichas existentes dentro del sistema y favorecería la inclusión de los ya citados aspirantes (si logran la cuota de participación necesaria dentro del aparato estatal), marginando a los actores independientes (como el Foro Panamá 2020) y a los colectivos sociales no organizados de base (el siempre atomizado sector popular). El H.L. Jerry Wilson tiene razón en algo (Enfoque, 20/6/2004): Proponer una Asamblea Constituyente sería convocar la anarquía - a mi modo de ver, un suicidio para la gobernabilidad de la alianza PRD-PP que ganó las elecciones con un amplio mandato popular; sin embargo ese tipo de afirmaciones guardan otras connotaciones, no es retórica gratuita, "anarquía" significa darle la oportunidad a los actores marginales no organizados de acceder de pleno derecho a la discusión de un proyecto de nación, sujetos sociales que sólo precisan de una tribuna deliberativa de exposición nacional como excusa para unir esfuerzos, redondear propuestas y darle legitimidad a sus aspiraciones.
Esta observación no dista mucho de lo sustentado por el Lic. Adolfo Ahumada (La Prensa, 24/6/2004), sólo es cuestión de perspectiva, de ver si en efecto fue primero el huevo o la gallina. Lo cierto es que el mecanismo propuesto de reformas servirá para que la clase gobernante cierre filas justo antes de emprender un arriesgado proyecto de modernización diseñado a su medida; como ejes fundamentales tendrá el TLC con EU y la subsiguiente ampliación del Canal y su supuesto éxito dependerá de una ejecución exacta y sucesiva que fácilmente puede pasar de sueño a pesadilla si los cálculos fallan. Los réditos a largo plazo harán más competitiva internacionalmente a una élite política cuyo epicentro económico radica históricamente en el sector terciario, pero habrá que ver si ese plan beneficiará a la población en su conjunto. Amanecerá y veremos.

101 años de Panamá América

 
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