Cristaleros de la historia
La panegírica y costosamente diseñada obra de Jorge Conte Porras: “Diez Años al Servicio de la Democracia 1990-2000”, no es otra cosa que un inigualable impulso a la gloria y consiguiente defensa a la fama. Dígase que se trata de una visión de índole personal sobre el ejercicio de los magistrados del Tribunal Electoral, obviamente orientada por encomiados que viven la preocupación de denuncias ante organismo supranacional, que pueden culminar en fallo de la Corte Interamericana que desvelaría la pésima calidad del servicio que les encomendó la patria. Lo primero que me pregunté cuando leí la caballería de Conte Porras es: ¿Qué sabe Conte Porras sobre las realidades del sistema electoral panameño? No me quedó la menor duda que del tema conoce, cual típico transeúnte, lo que muestran las vitrinas que decora el Tribunal Electoral.
Por cierto que la podrás leer en el Web del Tribunal Electoral, financiado con fondos públicos; fortuna que no ha tenido nuestro esfuerzo: “El fraude: Elecciones de Legisladores de 2 de mayo de 1999 - Derecho Electoral Panameño”, el cual imprimimos en blanco y negro en pequeña imprenta del patio y presentamos a duras penas en salón barato del Colegio de Abogado con Coca Cola; inauguración de ninguna manera comparable a la que le prestó el Tribunal Electoral en costoso ágape (que incluyó la autorizada presencia contentada de la Presidenta que ignora o prefiere ignorar cómo debilitaron su mandato, a través de fraude legislativo) y onerosa exaltación en páginas enteras de los periódicos.
El prodigioso apoyo oficial a la obra de Conte Porras, podemos así interpretar, es un “loable” esfuerzo de una entidad pública en respaldo de los autores nacionales; ¡por favor, que no lo oigan los menos célebres del terruño! En este país uno crece y va aprendiendo en las aulas la historia patria según las versiones de “afamados” historiadores istmeños, pero ya adulto y en la medida que uno vive un determinado espacio, particularmente las experiencias electorales de la década que narra Conte Porras, no tarda en advertir que algunos en poco se diferencian de aquellos cronistas de la conquista que buscaban el tesoro del cacique Dabaide.
Solamente le faltó a Conte, haciendo eco del cierre de las Cartas de Relación de Hernán Cortez, concluir con un ditirambo que dijere: “Invictísimos Césares Magistrados del Tribunal Electoral, que los elegidos por ustedes en los próximos comicios conserven y prolonguen por largos diez años más la vida y muy poderoso estado de vuestras sacras majestades incluso en la Dirección de Pasaportes, como vuestras majestades desean”. Ayunos de substanciales, sólo les queda tildarme de criticastro.
Por cierto que la podrás leer en el Web del Tribunal Electoral, financiado con fondos públicos; fortuna que no ha tenido nuestro esfuerzo: “El fraude: Elecciones de Legisladores de 2 de mayo de 1999 - Derecho Electoral Panameño”, el cual imprimimos en blanco y negro en pequeña imprenta del patio y presentamos a duras penas en salón barato del Colegio de Abogado con Coca Cola; inauguración de ninguna manera comparable a la que le prestó el Tribunal Electoral en costoso ágape (que incluyó la autorizada presencia contentada de la Presidenta que ignora o prefiere ignorar cómo debilitaron su mandato, a través de fraude legislativo) y onerosa exaltación en páginas enteras de los periódicos.
El prodigioso apoyo oficial a la obra de Conte Porras, podemos así interpretar, es un “loable” esfuerzo de una entidad pública en respaldo de los autores nacionales; ¡por favor, que no lo oigan los menos célebres del terruño! En este país uno crece y va aprendiendo en las aulas la historia patria según las versiones de “afamados” historiadores istmeños, pero ya adulto y en la medida que uno vive un determinado espacio, particularmente las experiencias electorales de la década que narra Conte Porras, no tarda en advertir que algunos en poco se diferencian de aquellos cronistas de la conquista que buscaban el tesoro del cacique Dabaide.
Solamente le faltó a Conte, haciendo eco del cierre de las Cartas de Relación de Hernán Cortez, concluir con un ditirambo que dijere: “Invictísimos Césares Magistrados del Tribunal Electoral, que los elegidos por ustedes en los próximos comicios conserven y prolonguen por largos diez años más la vida y muy poderoso estado de vuestras sacras majestades incluso en la Dirección de Pasaportes, como vuestras majestades desean”. Ayunos de substanciales, sólo les queda tildarme de criticastro.