Crítica vial
A los más altos representantes de nuestro Gobierno a menudo se les escucha lamentarse por el constante critiqueo, pero es que resulta muy difícil o imposible evitar manifestarnos sobre lo que a diario sufrimos; particularmente cuando aquello que apreciamos o experimentamos es censurable. Juzguen ustedes.
Luego del accidente fatal ocurrido en la autopista hacia La Chorrera, se ha señalado que la mayor culpa recae sobre quienes la comunidad ha designado como guardianes de la vida, honra y bienes de los ciudadanos; aquellos que reciben su salario para que se ocupen de evitar los desmanes y abusos.
Cuando se construyen vías de alta velocidad se les suele segregar y proteger por razones que no deben ser muy difíciles de entender, ni para los más densos. Y es que cuando se viene a 110 KPH, y en especial si se trata de un conjunto de piezas más o menos coherente denominado "diablo rojo", se le debe dar cierto espacio para prever cualquier evento que requiera una desaceleración y cambio repentino de dirección; lo cual es normal, y por ello es que los corredores y autopistas están segregados, son amplios, cuentan con hombros y con rampas de acceso y salida que interceptan a otras vías con carriles de aceleración y fusión.
En el caso de los carriles de aceleración y fusión, el ángulo de éstos es tal que la única forma prudente de hacer la fusión con el tránsito que fluye por la vía a la cual se pretende ingresar, es igualando velocidad usando el retrovisor para buscar un cupo en la fila de autos. Pero si no se encuentra cupo, entonces también existe amplitud para detenerse en el hombro y esperar el momento oportuno para ingresar al flujo. Lo lamentable y peligroso es cuando son las propias autoridades las que echan al traste con todo el sentido del diseño, con su demente actuar; veamos.
Al ingresar al Corredor Norte (CN) si venimos de Las Cumbres, lo primero que te encuentras es que han convertido la rampa de entrada en una parada de buses, sin que los policías, ni sus supervisores, hagan nada al respecto.
Una vez que subes y quieres acelerar para fusionar con el tránsito que viene desmandado, te encuentras con que un policía, que debe proteger nuestras vidas, ha parado a un bus en pleno carril de fusión, para pedirle quién sabe qué bobada al conductor.
En días pasados, viniendo desde el centro, al tomar la rampa de salida, en donde se convierte en dos carriles con tránsito en dos sentidos, un auto paró en media calle para sopesar si hacía lo que hizo otro delante de él; es decir, tomar un atajo a campo traviesa para ingresar a la calle de Tinajitas, porque les cerraron la entrada normal. Por supuesto, quien no se espera esta ñamería, o se lleva un gran susto o se mata. Una vez que pasas este obstáculo y pretendes ingresar al flujo de la Transístmica, te encuentras conque han habilitado una entrada justo en la vía de aceleración de salida; de manera que te topas con autos que vienen por la Transístmica que quieren desacelerar para entrar a la derecha mientras tu estás tratando de acelerar, mirando por el retrovisor o torciendo el torticulado pescuezo para fusionar a la izquierda.
A todo esto, la policía de tránsito se pasó buen tiempo paseándose con una vagoneta y un gran letrero que llamaba a conducir por el carril derecho y sólo usar el izquierdo para rebasar. Pocos le han hecho caso y a nadie amonestan ni citan por esta peligrosa infracción, que es un de las mayores causas de accidentes y de la disminución en el flujo del tránsito, pues promueve el zigzagueo de los vehículos que vienen a mayor velocidad. Y ni para qué preguntar, pues me contestan con un: "bueno, es que se trata de una política de tolerancia".
Pero todavía no termina la pesadilla, pues es muy desconcertante y preocupante ir al límite de 110 KPH y ver que viene un bramante demonio, con "el palanca" colgado de la puerta, echando humo como si se tratara de un buque en alta mar y te pasa con tal velocidad que tienes que agarrarte al timón para evitar que su estela de aire infernal no te saque de la vía.
Luego lo vez alejarse con las ruedas bailando al ritmo de una estridente salsa y tomándose los hombros de la izquierda y la derecha para poder negociar las curvas, como si fuese un auto deportivo.
También los vemos recogiendo pasajeros en estos corredores y, por supuesto que vemos los pedazos de neumáticos que cargan, y muy a menudo les vemos tirados al margen de las calles, heridos cual bestia moribunda, con un río de aceite que corre por las calles, parecida a la negra sangre de algún monstruo mitológico.
Y aunque mi ligero estilo de redacción no refleje la gravedad de lo que acuso, me veo precisado a ello para evitar una depresión de vivir a diario tanta irresponsabilidad de parte de nuestras autoridades.
La mortal receta está dada, y ahora sólo falta esperar el desenlace fatal de tanta desidia. Y si no quieren crítica, por lo menos atiendan las cosas más sencillas, como las que señalo, pues si no son capaces ni de ello, ¿qué esperanzas nos quedan para todo lo demás que es mucho más complejo, tal como la economía, la educación y tal?
Luego del accidente fatal ocurrido en la autopista hacia La Chorrera, se ha señalado que la mayor culpa recae sobre quienes la comunidad ha designado como guardianes de la vida, honra y bienes de los ciudadanos; aquellos que reciben su salario para que se ocupen de evitar los desmanes y abusos.
Cuando se construyen vías de alta velocidad se les suele segregar y proteger por razones que no deben ser muy difíciles de entender, ni para los más densos. Y es que cuando se viene a 110 KPH, y en especial si se trata de un conjunto de piezas más o menos coherente denominado "diablo rojo", se le debe dar cierto espacio para prever cualquier evento que requiera una desaceleración y cambio repentino de dirección; lo cual es normal, y por ello es que los corredores y autopistas están segregados, son amplios, cuentan con hombros y con rampas de acceso y salida que interceptan a otras vías con carriles de aceleración y fusión.
En el caso de los carriles de aceleración y fusión, el ángulo de éstos es tal que la única forma prudente de hacer la fusión con el tránsito que fluye por la vía a la cual se pretende ingresar, es igualando velocidad usando el retrovisor para buscar un cupo en la fila de autos. Pero si no se encuentra cupo, entonces también existe amplitud para detenerse en el hombro y esperar el momento oportuno para ingresar al flujo. Lo lamentable y peligroso es cuando son las propias autoridades las que echan al traste con todo el sentido del diseño, con su demente actuar; veamos.
Al ingresar al Corredor Norte (CN) si venimos de Las Cumbres, lo primero que te encuentras es que han convertido la rampa de entrada en una parada de buses, sin que los policías, ni sus supervisores, hagan nada al respecto.
Una vez que subes y quieres acelerar para fusionar con el tránsito que viene desmandado, te encuentras con que un policía, que debe proteger nuestras vidas, ha parado a un bus en pleno carril de fusión, para pedirle quién sabe qué bobada al conductor.
En días pasados, viniendo desde el centro, al tomar la rampa de salida, en donde se convierte en dos carriles con tránsito en dos sentidos, un auto paró en media calle para sopesar si hacía lo que hizo otro delante de él; es decir, tomar un atajo a campo traviesa para ingresar a la calle de Tinajitas, porque les cerraron la entrada normal. Por supuesto, quien no se espera esta ñamería, o se lleva un gran susto o se mata. Una vez que pasas este obstáculo y pretendes ingresar al flujo de la Transístmica, te encuentras conque han habilitado una entrada justo en la vía de aceleración de salida; de manera que te topas con autos que vienen por la Transístmica que quieren desacelerar para entrar a la derecha mientras tu estás tratando de acelerar, mirando por el retrovisor o torciendo el torticulado pescuezo para fusionar a la izquierda.
A todo esto, la policía de tránsito se pasó buen tiempo paseándose con una vagoneta y un gran letrero que llamaba a conducir por el carril derecho y sólo usar el izquierdo para rebasar. Pocos le han hecho caso y a nadie amonestan ni citan por esta peligrosa infracción, que es un de las mayores causas de accidentes y de la disminución en el flujo del tránsito, pues promueve el zigzagueo de los vehículos que vienen a mayor velocidad. Y ni para qué preguntar, pues me contestan con un: "bueno, es que se trata de una política de tolerancia".
Pero todavía no termina la pesadilla, pues es muy desconcertante y preocupante ir al límite de 110 KPH y ver que viene un bramante demonio, con "el palanca" colgado de la puerta, echando humo como si se tratara de un buque en alta mar y te pasa con tal velocidad que tienes que agarrarte al timón para evitar que su estela de aire infernal no te saque de la vía.
Luego lo vez alejarse con las ruedas bailando al ritmo de una estridente salsa y tomándose los hombros de la izquierda y la derecha para poder negociar las curvas, como si fuese un auto deportivo.
También los vemos recogiendo pasajeros en estos corredores y, por supuesto que vemos los pedazos de neumáticos que cargan, y muy a menudo les vemos tirados al margen de las calles, heridos cual bestia moribunda, con un río de aceite que corre por las calles, parecida a la negra sangre de algún monstruo mitológico.
Y aunque mi ligero estilo de redacción no refleje la gravedad de lo que acuso, me veo precisado a ello para evitar una depresión de vivir a diario tanta irresponsabilidad de parte de nuestras autoridades.
La mortal receta está dada, y ahora sólo falta esperar el desenlace fatal de tanta desidia. Y si no quieren crítica, por lo menos atiendan las cosas más sencillas, como las que señalo, pues si no son capaces ni de ello, ¿qué esperanzas nos quedan para todo lo demás que es mucho más complejo, tal como la economía, la educación y tal?