Crock, pepito y la mujer maravilla
Crock, Pepito y Marvila, la Mujer Maravilla son tres de los personajes ficticios que forman parte de mi vida además de Dick Tracy, el doctor Merengue, Fulmine, Charlie Brown, Olafo, Mafalda, mi heroína particular, Crock el legionario y otros. Me siguen divirtiendo los cuentos del irreverente Pepito y a la Mujer Maravilla de los pasquines de mi niñez debo horas de inocentes fantasías. De Crock guardé una tira que lo muestra contestando a su subalterno Poulet, cuando éste le pregunta si sabe distinguir el bien del mal: "el bien es lo que yo hago y el mal es lo que hacen los demás, ¿qué hay de complicado en eso?" De un diario recorté el chiste de Pepito que llega de la escuela con un boletín lleno de malas calificaciones y al verlas su padre dice: "esto es intolerable Pepito, esto merece una buena paliza"; a lo que el precoz Pepito contesta: "yo pienso igual Papá; vamos a buscar a la maestra, sé donde vive". A Marvila la dejo para más adelante.
A lo largo de año y medio, las "Crockadas", no sólo de la señora Moscoso sino de sus más altos colaboradores son cosa de todos los días; en el discurso del pasado 1 de marzo la presidenta dijo que su gestión tiene muy claro que los problemas macroeconómicos más graves que deben resolverse son el pago de la deuda externa y la mala distribución de la riqueza; me parece recordar que la Presidenta, durante su campaña, juró que siempre pondría por delante las necesidades de los pobres, que el neoliberalismo era un atentado contra los más necesitados, en fin que la palabra deuda externa era casi una blasfemia. Y dejaban caer, ella y sus allegados, las más terribles críticas por ese despiadado, insensible corazón de madera de Pérez Balladares. Ya ven que una cosa es con violín y otra cosa con guitarra.
No sé si llamar "despepitadas" o "pepitadas" lo que a diario hacen los actuales mandantes. El gobierno de la señora Moscoso lleva año y medio pasándole al gobierno anterior las culpas por las malas calificaciones que los está llevando al despeñadero de la opinión ciudadana, porque en vez de asumir sus responsabilidades, responsabilizan a los empresarios (egoistones, según Weeden, Contralor sui generis), la oposición, los obreros, los factores externos, la incomprensión, el pesimismo, y porque sí y porque no. O sea, que como Pepito la solución es salir a buscarlos y apalearlos porque la culpa no es del gobierno. Quieren buenas notas con una economía anémica, un gobierno que anda como barco sin brújula, un gabinete con más cabezas que la Hidra que incomodó a Hércules, con falta de seriedad para rendir e investigar cuentas y no sigo porque todavía me queda pendiente la Mujer Maravilla.
Me encantaría saber cómo contestarían Pepito y Crock, cada uno con su forma de zafarse de los líos, sobre las cuentas de la Casa Buena de Punta Mala, los certificados marinos en Filipinas, la factura de los Cartier, el helicóptero HP1430 hundido, más misterioso que aquel avión U2 espía de USA que bajaron los rusos; y acabadito de salir del horno de la Autoridad Marítima de Panamá, una contratación directa de equipo de Raxos X para examinar contenedores, operación que según dicen los que saben, debería ser examinada con rayos X, pues hay muchos puntos oscuros en los pulmones de esa contratación que tiene a los usuarios de la Zona Libre con las mechas paradas. Porque "bueno es lo que hago yo, malo es lo que hacen los demás" como lo explicó mi legionario. Y voy con la Mujer Maravilla.
El artículo "Fantasías y verdades del HP-1430", que apareció en el Suplemento Semanario del 26 de febrero, hace un prolijo relato del percance del helicóptero según el cual, al enterarse de la situación la presidenta "decidió llegar hasta el palacio presidencial, llenó de combustible el helicóptero y partió hacia el área del accidente". En mi febril imaginación la vi vestida como la Mujer Maravilla, que bajaba por su cuerda maravillosa y mágica, y enlazando un tanque de combustible en el aire, guiado por un embudo de aire que hizo con su boca, llenó el depósito del Torocóptero, mientras abajo el Palacio de las Garzas era mudo testigo de sus proezas. Dice el artículo: "si no hubiera existido la decisión de la presidenta Moscoso de organizar la operación de rescate, otra habría sido sin duda la suerte de los ocupantes del helicóptero". Es decir, que ni Isaza, del SAN ni Quintero Luna, del SPI, ni la Cruz Roja ni nadie hubiera dado pie con bola para organizar el rescate de los náufragos.
Más adelante dice el artículo que "la población panameña se ha acostumbrado a ver a la presidenta Moscoso dirigiendo actividades de este tipo" y que cuando el naufragio de sus copartidarios en 1998, durante el referendo, la señora Moscoso "dirigió toda la operación de rescate de los náufragos y la recuperación de los cadáveres. Más recientemente, gracias a que llegó en su helicóptero al sitio del accidente, la presidente Moscoso pudo participar en labores de auxilio durante el accidente fatal en el que se vio envuelta una aeronave de la familia Martinelli". Por tratarse de vidas humanas, con estos percances no deben hacerse bromas. Pero señores... ¡la exageración puede parecer broma! Tal como describió el articulista las portentosas habilidades de la presidenta Moscoso, señores, podemos dormir tranquilos en Panamá. En cualquier emergencia puede volver a aparecer la Mujer Maravilla para deslumbrarnos con su arrojo e inteligencia. Junto con Crock y Pepito le doy la bienvenida a mi galería de lo ficticio.
A lo largo de año y medio, las "Crockadas", no sólo de la señora Moscoso sino de sus más altos colaboradores son cosa de todos los días; en el discurso del pasado 1 de marzo la presidenta dijo que su gestión tiene muy claro que los problemas macroeconómicos más graves que deben resolverse son el pago de la deuda externa y la mala distribución de la riqueza; me parece recordar que la Presidenta, durante su campaña, juró que siempre pondría por delante las necesidades de los pobres, que el neoliberalismo era un atentado contra los más necesitados, en fin que la palabra deuda externa era casi una blasfemia. Y dejaban caer, ella y sus allegados, las más terribles críticas por ese despiadado, insensible corazón de madera de Pérez Balladares. Ya ven que una cosa es con violín y otra cosa con guitarra.
No sé si llamar "despepitadas" o "pepitadas" lo que a diario hacen los actuales mandantes. El gobierno de la señora Moscoso lleva año y medio pasándole al gobierno anterior las culpas por las malas calificaciones que los está llevando al despeñadero de la opinión ciudadana, porque en vez de asumir sus responsabilidades, responsabilizan a los empresarios (egoistones, según Weeden, Contralor sui generis), la oposición, los obreros, los factores externos, la incomprensión, el pesimismo, y porque sí y porque no. O sea, que como Pepito la solución es salir a buscarlos y apalearlos porque la culpa no es del gobierno. Quieren buenas notas con una economía anémica, un gobierno que anda como barco sin brújula, un gabinete con más cabezas que la Hidra que incomodó a Hércules, con falta de seriedad para rendir e investigar cuentas y no sigo porque todavía me queda pendiente la Mujer Maravilla.
Me encantaría saber cómo contestarían Pepito y Crock, cada uno con su forma de zafarse de los líos, sobre las cuentas de la Casa Buena de Punta Mala, los certificados marinos en Filipinas, la factura de los Cartier, el helicóptero HP1430 hundido, más misterioso que aquel avión U2 espía de USA que bajaron los rusos; y acabadito de salir del horno de la Autoridad Marítima de Panamá, una contratación directa de equipo de Raxos X para examinar contenedores, operación que según dicen los que saben, debería ser examinada con rayos X, pues hay muchos puntos oscuros en los pulmones de esa contratación que tiene a los usuarios de la Zona Libre con las mechas paradas. Porque "bueno es lo que hago yo, malo es lo que hacen los demás" como lo explicó mi legionario. Y voy con la Mujer Maravilla.
El artículo "Fantasías y verdades del HP-1430", que apareció en el Suplemento Semanario del 26 de febrero, hace un prolijo relato del percance del helicóptero según el cual, al enterarse de la situación la presidenta "decidió llegar hasta el palacio presidencial, llenó de combustible el helicóptero y partió hacia el área del accidente". En mi febril imaginación la vi vestida como la Mujer Maravilla, que bajaba por su cuerda maravillosa y mágica, y enlazando un tanque de combustible en el aire, guiado por un embudo de aire que hizo con su boca, llenó el depósito del Torocóptero, mientras abajo el Palacio de las Garzas era mudo testigo de sus proezas. Dice el artículo: "si no hubiera existido la decisión de la presidenta Moscoso de organizar la operación de rescate, otra habría sido sin duda la suerte de los ocupantes del helicóptero". Es decir, que ni Isaza, del SAN ni Quintero Luna, del SPI, ni la Cruz Roja ni nadie hubiera dado pie con bola para organizar el rescate de los náufragos.
Más adelante dice el artículo que "la población panameña se ha acostumbrado a ver a la presidenta Moscoso dirigiendo actividades de este tipo" y que cuando el naufragio de sus copartidarios en 1998, durante el referendo, la señora Moscoso "dirigió toda la operación de rescate de los náufragos y la recuperación de los cadáveres. Más recientemente, gracias a que llegó en su helicóptero al sitio del accidente, la presidente Moscoso pudo participar en labores de auxilio durante el accidente fatal en el que se vio envuelta una aeronave de la familia Martinelli". Por tratarse de vidas humanas, con estos percances no deben hacerse bromas. Pero señores... ¡la exageración puede parecer broma! Tal como describió el articulista las portentosas habilidades de la presidenta Moscoso, señores, podemos dormir tranquilos en Panamá. En cualquier emergencia puede volver a aparecer la Mujer Maravilla para deslumbrarnos con su arrojo e inteligencia. Junto con Crock y Pepito le doy la bienvenida a mi galería de lo ficticio.