Cruzada renacida
No puede dejar de llamar la atención la convocatoria de los viejos líderes de la Cruzada Civilista a una marcha de protesta contra la concentración de poderes en la figura del Ejecutivo. No podemos pasar por alto que, más allá del número de personas que asistieron, el evento congregó a representantes de los más variados sectores del espectro político. No podemos magnificar en modo alguno la preocupación que gravita sobre la sociedad organizada en torno al modo de andar del actual gobierno.
Sólo nos queda hacer la advertencia sobre cómo decaen las democracias: no importa cuán nobles o justicieras pueden ser las intenciones que los gobernantes puedan albergar en sus corazones, la convivencia democrática se mide por el puntilloso cumplimiento de las formas y procedimientos establecidos en la Constitución y las leyes. La norma suprema del país no es el deseo expresado en un programa de gobierno ni tampoco puede serlo el apetito descontrolado de su grupo gobernante.
Si quienes hoy fungen como altas autoridades sienten que tienen límites que recortan su esfera de acción, es porque el gobierno que este país quiere tener es un gobierno limitado. El renacimiento del movimiento de la Cruzada Civilista, con una composición ahora un poco diferente de la que tuvo hace dos décadas, atestigua la necesidad de enviar un mensaje claro en este sentido.
Si el gobierno no cambia el paso, todo indica que la Cruzada tendrá que intensificar sus acciones y dejar muy claro que el compromiso político de los panameños es con la democracia.