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CSS: Acerca de métodos y contenidos


EL PRESIDENTE EN LA entrevista colectiva de la semana pasada, reconoció públicamente un error y lo felicitamos por hacerlo. Expresó la equivocación en el método utilizado para aprobar la ley 17, que como sabemos recibió el rechazo de la población –según las encuestas de opinión- tanto en contenido como en método.
La verdad que existe una continuidad en la aplicación de este método errado seudoconsultivo y apresurado desde las reformas constitucionales, pasando por la reformas fiscal hasta llegar a las reformas a la CSS.
El asunto es: ¿Es el método un elemento secundario? Creo que no, pues debe existir COHERENCIA entre métodos y contenidos, los fines y los medios, el discurso y la práctica. ¿Cómo mantener como válidas las reformas a la CSS cuando su principal gestor señala y acepta como no válido, el método utilizado para construirlas y aprobarlas? Es decir ¿De haberse utilizado el método correcto –democrático, participativos- no habría cambiado el contenido de las reformas? Yo creo que sí, que contenido habría sido diferente y quizás hoy no tendríamos al país en esta crisis.
Es otras palabras, las reformas son legales, pero no legítimas. Recordemos la diferencia. La legalidad es un criterio formal. Algo es "legal" cuando corresponde a lo que dice la ley sancionada, es la consagración normativa de determinados fenómenos sociales. En cambio, la legitimidad responde "a un criterio sustantivo. Significa la aceptación, consenso o consentimiento político por parte de la población respecto de determinado fenómeno social. Algo es legítimo cuando goza de la aprobación general y representa a la mayoría. La aprobación puede existir en diversos grados y es conseguida por distintos medios. Un sistema normativo es visto como legítimo en tanto responda a las necesidades e intereses sociales, canalizados mediante un modelo de participación de la población en la toma de decisiones". (Fridolin Birk).
La ética no es solo una manera de comportarse, sino de construir poder. El poder puede ser autoritario (no importa su signo ideológico) o democrático. La coherencia entre fines y medios, entre lo que se dice y se hace, entre teoría y práctica, conforma una capacidad de construir un poder que al no absolutizar, no enajena, no corrompe. Los fines y los bienes generales y superiores se priorizan sobre los fines y bienes particulares e inferiores. Los medios, por ello, deben ser proporcionales a los fines.
Frente a lo ético hay tres actitudes: aceptación, no aceptación o mimetismo. La primera se puede dar por convencimiento producto de la reflexión y las vivencias, o por comodidad en lo que Bergson llama una moral cerrada que acepta sin reflexión. La no aceptación se puede dar por disidencia, y el mimetismo no es más que encubrirse de moral y hacer lo contrario. Lo afirma Eric Fromm "Los fines espirituales del hombre están inseparablemente relacionados con la transformación de la sociedad; la política no es básicamente, un campo que pueda divorciarse del de los valores morales y de la autorrealización del hombre."
La población panameña posee hoy mayor sensibilidad sobre los métodos de hacer las cosas. Mucha gente se siente ofendida por los madrugonazos y las imposiciones. Los políticos deben entender que en ese sentido no pueden seguir jugando con la población. La democracia es una necesidad básica y pero sin la participación ciudadana a todos los niveles sociales no se generan cambios, ni se perfila el sentido correcto de las transformaciones.
Hemos permitido que unos cuantos manejen la democracia como algo formal y restringido a los intereses de un sector minoritario, divorciándola de la democracia económica y social, y la democracia electoral de la democracia de ciudadanía. También la lucha por la democracia socioeconómica a veces deja de lado la necesidad de la democracia política real. Es necesario tejer la democracia total en el proceso de construcción de alternativas.
La participación es la antítesis del autoritarismo que pregona una direccionalidad preestablecida, o del populismo que plantea el consentimiento de la gente en base al paternalismo; o el neoliberalismo que pregona la participación individualista en un mercado concentrador de ingresos y excluyente de los grupos humanos subordinados. La participación es el pivote de la integralidad de la vida. La participación es además crítica, acumulativa y germinal. Es hora de desarrollar otra manera de hacer política.
La Ley 17 debe ser revisada, reformada o derogada no sólo sus contenidos, sino por la forma como se impuso. Este marcará definitivamente cuáles serán los caminos en los cuales nos enrumbaremos en el futuro, y nos demostrará la capacidad de un Presidente no solo de reconocer errores, sino de enmendarlos.
raulleisr@hotmail.com

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