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CSS, un problema de todos


LA CAJA de Seguro Social tiene un déficit actuarial creciente. Los cuatro programas están en peligro de entrar en crisis, uno más temprano que otros.
EL TEMA no me resulta nuevo. Luz María Noli me pidió tocarlo hace algo más de dos años. Dialogamos en su programa y luego lo hicimos ante el Club Rotario. Resultó interesante intentar comprender los informes de la OIT y para alguien como yo, neófito en asuntos actuariales, constituyó todo un reto.
A la primera leída del documento, casi me infarto. Mis pobres conocimientos resultaron amplios para advertir que el futuro inmediato de la Caja era tenebroso. No podía creer que toda persona nacida posterior a 1956, lo que me incluye, veríamos pasar la jubilación sin gloria, pero a mucha pena.
Decía el informe que en el año electoral 2004 comenzaríamos a consumir las reservas del programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) sino introducíamos reformas estructurales inmediatamente. Estructura es lo relativo a la distribución y orden de las partes importantes de un edificio. El edificio no es más ni menos que la Caja de Seguro Social, que a mí pensar, es la base estructural del Estado panameño, más que el propio Canal de Panamá. Ya las bases están lesionadas, el edificio está cayendo.
René Luciani confirmó ante el Pleno de la Asamblea Nacional lo que a soto voces sabían desde 1998 con el primer informe de la Organización Internacional del Trabajo: La Caja de Seguro Social colapsará si no se toman medidas correctivas.
Perdimos una oportunidad valiosa de ejecutar las medidas consensuadas en el Diálogo por la Caja, bajo el auspicio del PNUD. En el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte faltó coraje para la toma de decisiones. No todo en la vida es armónico y atraumático. No todo se debe medir en el fementido costo político de nuestro accionar. Si hemos sido llamados a gobernar, tenemos que hacerlo aún con el descontento de algunos, que nunca han demostrado ser la mayoría.
Pensé que Martín Torrijos tenía el paquete de reformas estructurales a la Ley Orgánica de la Caja de Seguro Social y que las presentaría a la Asamblea poniéndose la banda presidencial. Paralelamente, pensé se le daría a la Institución una nueva cara, satisfaciendo la necesidad de los asegurados por recibir medicamentos, citas, laboratorios, exámenes de gabinete, cirugías y un cuarto de urgencias diferente.
Si los panameños percibimos cambios en la atención, estaríamos menos reacios a aceptar las reformas, aunque sea a regañadientes. Se comenta que convocarán a sesiones extraordinarias en el mes de enero para que los Diputados las aprueben, ¿cuáles serán?... Nadie lo sabe.
Con una apreciación personal independiente, sin mando, jurisdicción ni consigna partidista, siento que mi deber es compartir con mis conciudadanos algunos preceptos que probablemente no admiten duda alguna.
La Caja de Seguro Social tiene un déficit actuarial creciente. Los cuatro programas están en peligro de entrar en crisis, uno más temprano que otros. De no tomar acciones prontamente, el país entrará en la peor intolerancia social, económica y política de nuestra historia republicana en el momento que la Caja no pueda hacerle frente a sus compromisos con los jubilados, pensionados, activos y dependientes del sistema.
Por el otro lado, estoy de acuerdo con la dirigencia del sector laboral en el sentido que el país requiere mayor impulso económico para que aumenten las plazas de trabajo. Igualmente, que existe la necesidad de ser más responsables al cobrar las cuentas pendientes y modificar las aportaciones de algunos sectores que hoy no las realizan porque las leyes... se lo permiten.
Los propios usuarios de la Institución requerimos cambiar la actitud ante lo que consideramos beneficios pagados por adelantado y de los que abusamos inmisericordemente. La responsabilidad de la Caja ante los dependientes debe ser limitada. Todos conformamos el Estado y éste, como responsable constitucional de brindar atención médica integral a sus ciudadanos, deberá asumir su cuota de sacrificio. Para ello habrá que dotar al Ministerio de Salud con los recursos económicos necesarios y que pueda continuar con las políticas y estrategias de salud que desarrollamos en el año 2000.
La reforma integral a la Caja de Seguro Social no estará completa sin la adecuada mística de trabajo y la retoma del amor por parte de los funcionarios que brindan salud, a través de la Caja, a los derechohabientes. Habrá que capacitar a todo el personal para desarrollar una actitud que mejore la relación servicio-paciente. Esto, obviamente, deberá casarse con procesos de certificación y recertificación del personal de salud y de acreditación de instituciones docentes que motiven a los funcionarios a servir con orgullo y calidad.
Hagan lo que tengan que hacer, sin detenerse a realizar cálculos políticos, porque el país requiere de estabilidad sostenida, la cual desaparecerá, si la Caja de Seguro Social colapsa.
El Gobierno, sus funcionarios, tienen que hablar el mismo lenguaje y mandar mensajes claros en relación con el crecimiento económico del país, la disminución de la tasa de desempleo, el aumento en la seguridad nacional y un proceso administrativo sin ambigüedades. Háblenle al pueblo, mirándole a los ojos, con la verdad en cada una de las palabras y cifras. Este pueblo es noble y compartiremos sacrificios.
(teranjm@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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