Cuadragésimo aniversario delos javerianos
Hace cuarenta años nuestra generación de estudiantes del Colegio Javier recibió su título de bachiller en Ciencias, Letras y Filosofía. Henchidos por el entusiasmo, entonamos por última vez las notas de nuestro himno que reza: "Adelante cantemos muchachos, que es azul como el mar mi ilusión…".
En las cuatro décadas que han transcurrido, muchos han sido nuestros éxitos personales y colectivos, y probablemente también nuestra contribución a la sociedad. Abogados, médicos, ingenieros, comerciantes, profesores entre otras profesiones, conforman nuestra carta de presentación. Muchos han trabajado muy duro por forjarse un futuro, y también estoy seguro que han contribuido al alcance de sus medios a engrandecer a nuestra patria.
Aún recuerdo las vibrantes palabras del discurso de despedida de nuestro rector el RP Fernando Guardia Jaén el día de nuestra graduación en 1969, cuando advertía sobre los negros nubarrones que se avecinaban con el reciente golpe de estado ocurrido escasos meses atrás el ll de octubre de 1968. Tuvimos que lidiar toda nuestra juventud dentro de un sistema de facto hasta finales de la década del ochenta. Algunos compañeros abandonaron el país e incluso no han vuelto.
La mayoría hicimos nuestras vidas en Panamá, y hoy podemos comparar lo que fueron 21 años de dictadura, y los años de post-invasión. Creo que muy pocos compañeros han tenido un alto perfil dentro de la política partidista, ninguno ha estado envuelto en situaciones comprometidas con la justicia, y más bien han centrado sus esfuerzos en beneficio del país a través de las diversos grupos de la sociedad civil.
Considero que el aporte de nuestra generación al bienestar social y económico del país ha sido positivo, y que nuestros maestros religiosos y laicos pueden sentirse satisfechos por la formación que nos ofrecieron, la cual puede resumirse en sólidos valores morales.
Los curas Chendo Torres, Gorrochategui, Hergueta, Parrado, Angulo, entre otros siempre estarán en nuestras mentes. Docentes como De la Cruz, Betancourt, Calviño que Dios los conserva con vida, y otros fallecidos como Goldarás y el padre Iriarte fueron verdaderos forjadores de seres dispuestos a servir siempre a nuestro prójimo, y procurar el bien común y la justicias social.
Aún nos queda un camino por recorrer, el cual sigue siendo tan espinoso como en 1969, pero recordemos compañeros que "de Loyola nos viene el aliento, sigamos juntos hasta vencer".