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¿Cuál debe ser la fuerza de la Defensoría del Pueblo?


La Defensoría del Pueblo no puede ser una figura cosmética o decorativa, ni tampoco un factor conflictivo de culto a la personalidad, sino una institución solidaria basada en el trabajo de equipo, generando participación ciudadana que tenga como principal objetivo la dignificación de ser humano. Por ello no puede ser una entidad complaciente con los abusos de poder, pero al mismo tiempo es su deber ser colaborador crítico de la administración, que con firme prudencia y valor ponga el dedo en la llaga, pero colaborando en deshacer entuertos, facilitar la resolución de conflictos, y acompañar efectivamente la defensa y promoción de los derechos ciudadanos propiciando una cultura de paz.
La Defensoría del Pueblo es más que un órgano de gobierno, es una institución de Estado. No debe reemplazar a los órganos tradicionales de justicia, sino coadyuvar a que ellos atiendan los reclamos justos y se desempeñen correctamente en dirección a la equidad. No sólo debe esperar que los reclamos vayan a ésta, sino tomar iniciativas de abrir horizontes a través de la educación, la organización, la comunicación y la capacidad individual, grupal y colectiva de poder reconocer, defender y consolidar los derechos civiles, políticos, económicos y sociales.
La Defensoría del Pueblo es un vehículo para impulsar y crear un Estado más democrático, para ello debe acrecentar la capacidad nacional de investigar, prevenir la existencia de violaciones de los derechos humanos, que son reconocidos por nuestras leyes y las declaraciones universales. Debe luchar contra la impunidad y por el respeto irrestricto del principio de legalidad. Ejercer control legítimo para que la autoridad funcione y actúe conforme al derecho. Es en cierta forma un "mecánico y reparador del engranaje del Estado de Derecho" como lo cataloga Leo Valladares, ex Defensor de Honduras.
La Defensoría del Pueblo debe ayudar a construir una ciudadanía que se dibuje progresivamente como sombra ética del poder, "empoderando" cívicamente a la sociedad. Al mismo tiempo, debe colaborar en la profundización democrática del sistema política y el desarrollo de su capacidad de representación. Debe ser una institución respetada, más que temida, desarrollando la capacidad de convencer más que de vencer. No de uno, sino de muchos. Constructiva, no destructiva. Debe establecer una sólida alianza con los medios de comunicación, las redes de organizaciones sociales, el sistema educativo formal y no formal para articular estrategias de defensa y promoción efectiva de los derechos humanos. Sin la participación de la gente, el trabajo de la Defensoría del Pueblo no tendría significado ni posibilidades.
La Defensoría del Pueblo debe jugar un papel de mediador o intermediario en las grandes tensiones nacionales, aportando y colaborando en evitar callejones sin salida, a través de diálogo nacional o sectorial, con participación de todos los grupos que puedan coadyuvar en la búsqueda de soluciones.
La Defensoría del Pueblo "no es un Don Quijote mítico que pueda solucionarlo todo con su espada, pero tampoco es un gnomo fantástico sin operatividad real... es un indiscutible signo de identidad que posibilita distinguir los estados democráticos, de los totalitarios y autocráticos."(Carlos Giner de Grado).Es un poder público sin capacidad coactiva, cuya fuerza es ética, cuenta sólo con la autoridad moral que abre cauces institucionales para que los ciudadanos defiendan sus derechos.
Por ello, la Defensoría del Pueblo debe desarrollar la persuasión y la influencia, la legitimidad y la credibilidad de una trayectoria personal y social en sus integrantes, capacidad de negociación y diálogo, equilibrio y sentido de rectitud. Es decir, si esta institución es escogida de manera tal que presuponga inclinaciones partidistas, manejo por intereses creados, se pierde en el camino la única arma que dispone esta institución: la autoridad moral.
Así veo el papel de la Defensoría del Pueblo, y por ello tomé la decisión, en consulta con mi familia, amigos y compañeros, de optar por esta responsabilidad. Me mueve estos objetivos y no otros, y mi principal aval es la trayectoria realizada en el campo de los derechos ciudadanos, y sobre todo, la sincera convicción de que es una buena manera de contribuir a un mejor país.

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