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¿Cuál es el futuro de nuestros niños?


Al recorrer áreas rurales y marginales de nuestro país, me pregunto constantemente si el mandato constitucional que garantiza derechos fundamentales de los panameños constituye una realidad. Tenemos áreas lejanas y tan cercanas en las que los niños viven en condiciones infrahumanas de vida, no poseen los elementos indispensables y son fuente potencial para la futura criminalidad en el país.

Los niños en zonas montañosas de Veraguas, Coclé, Chiriquí, Bocas del Toro y Darién presentan altos grados de desnutrición por parásitos y una deficiente alimentación. Viven muchos en chozas de pencas y barro; otros a la intemperie. En algunos casos tienen que caminar entre cuatro y seis horas para asistir a escuelas tanto primarias como secundarias. En sus montañas, los centros de salud no existen y las enfermedades agudas pueden causar mortalidad por falta de atención oportuna.

La mayoría de sus padres, se dedican a la agricultura y, sobre todo, de subsistencia, pues no pueden colocar sus productos por la inexistencia de carreteras hábiles y porque los transportes que puedan acceder a sus áreas les son demasiado costosos, beneficiándole los intermediarios que finalmente obtienen la mayor ganancia a expensa de los agricultores.

Para estos niños, vivir en la extrema pobreza es la única forma de vida que conocen; en sus caras se dibujan sonrisas y gestos de agradecimiento cuando se les provee de cuadernos y artículos de uso escolar. Estos niños descalzos y con futuro incierto son panameños igual que nosotros y nuestros hijos. ¿Por qué nos hemos olvidado de ellos? Sólo los recordamos cuando los vemos o cuando realizamos algún estudio o estamos en campañas políticas.

Nuestra Carta Magna señala en su preámbulo que se debe “exaltar la dignidad humana, promover la justicia social y el bienestar general”, será que solo se señalan estos fines para algunos de los que vivimos en esta pequeña patria? En el Capítulo 2° de la Constitución Política, en el artículo 56, señala que “el Estado protegerá la salud física, mental y moral de los menores y garantizará el derecho de éstos a la alimentación, la salud, la educación y la seguridad y previsión social”. Esto pareciera que es letra muerta cuando constatamos la inexistencia de la seguridad humana en materia de alimentación, de vivienda, de educación y salud en estos pueblos tan alejados que parecieran no existir.

¿Es tan difícil alcanzar con los programas nacionales a estos panameños que viven en condiciones de extrema pobreza? Creo que nos debemos una profunda reflexión y trabajar intensamente por y para estos niños que también son panameños y tienen todo el derecho a vivir mejor.

101 años de Panamá América

 
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